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Viejas glorias: esta es la historia del Mercedes 190E 2.5 16v Evolution II

Una creación que representa el tesón y la lucha por ser el mejor.

El Mercedes 190E 2.5 16v Evolution II es probablemente el coche más representativo cuando hablamos de la pasión, del tesón y del trabajo duro para ser el mejor. Una obra que responde a una necesidad, una obsesión me atrevería a decir. La obsesión por intentar ser el mejor: estamos a comienzos de los años 80 y la marca de la estrella decide regresar a la competición. Baraja varias opciones pero finalmente se decide por correr en casa, donde tiene su principal mercado: el Deutsche Tourenwagen Masters, el DTM.

A su vez, en 1982, Mercedes lanzaba el W201, conocido comercialmente como Mercedes 190E, popularmente en la época, el ‘BabyBenz’. Un coche con el que Mercedes debía crecer y popularizarse, alcanzando nuevos mercados y colocándose como una alternativa al BMW Serie 3, nacido en 1975. Al participar en el DTM, parece clara la elección del 190E, por lo que la marca rápidamente se puso a trabajar en ello.

En 1984 comenzaba a rodar la nueva categoría DTM y Mercedes participó desde el primer momento con su 190E. Un año antes, en el Salón de Frankfurt de 1993, Mercedes presentaba la primera versión deportiva de su nueva berlina: el Mercedes 190E 2.3 16v. Se trataba de una ligera modificación estética sobre el anguloso 190E que le aportaba un toque discreto pero interesante que rápidamente conquistó a sus potenciales clientes. Su motor de cuatro cilindros y 2.3 litros con culata Cosworth generaba 185 CV y le permitía acelerar de cero a cien en 8 segundos. Un ‘sleeper’ en toda regla que la gente parecía estar esperando como agua de mayo.

 

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En un primer momento el Mercedes 190E 2.3 16v quería ser una versión bastante exclusiva, desarrollada exclusivamente para quienes buscaban una versión más eficaz, radical y divertida. El éxito fue apabullante y de las 5.000 unidades que preveían vender del coche, en apenas unos meses ya habían vendido 11.000 ejemplares. Un éxito arrollador y que dio alas a Mercedes. La participación en el DTM estaba siendo un buen argumento de marketing y apoyaba la poderosa imagen del coche en la calle, pero el objetivo de Mercedes era ganar y pasaban los años y no había resultados positivos. 

Ya estamos en 1988, un buen año, y Mercedes tiene listo el relevo de su berlina compacta más emocionante. Los cambios estéticos no son demasiado relevantes, pero sí lo iban a ser bajo el capó: el motor aumentó la cilindrada hasta los 2.498 cc y la potencia aumentó hasta los 195 CV. Mejoraba las prestaciones, pero no era mucho más que un restyling para intentar mantener vivas las ventas de esta versión deportiva. La marca seguía obsesionada con ganar el DTM y todo el mundo parecía ponerse en su contra.

Ese mismo año, en 1988, Klaus Ludwig iba a ganar el campeonato a los mandos del Ford Sierra Cosworth, mientras que el resto de temporadas habían sido conquistadas por BMW, Volvo, Rover. Había que buscar una solución, pese a una honrosa segunda posición que en Stuttgart sabía más bien a poco. En 1989 la aerodinámica se hace más importante y Mercedes modifica el aspecto de su coche de carreras. Para poder homologarlo, en el Salón de Ginebra de 1989 se presenta el Mercedes 190E 2.5 16v Evolution, que inaugura en al serie el espectacular alerón trasero. 

La evolución fue importante más allá del apartado estético: el motor contaba con una modificación importante de la mano de su socio técnico, Cosworth. Pese a contar con una cilindrada muy similar, los cilindros disminuyeron su carrera y aumentaron su diámetro para conseguir un comportamiento más salvaje en la zona alta de vueltas y algo más refinado abajo. La potencia alcanzaba los 207 CV, pero pese a ello, la crítica consideraba que eran cambios insuficientes. En el DTM la cosa seguía igual y Audi se iba a llevar los mundiales de 1990 y 1991: ¡ya solo quedaba Mercedes por ganar! Se estaba convirtiendo en una obsesión casi enfermiza, un motivo de vergüenza.

 

 

Los jefes, los ingenieros y todo el mundo en la órbita de Mercedes dieron lo mejor de sí en el desarrollo del Mercedes 190E 2.5 16v Evolution II, presentado en el Salón de Ginebra de 1990. Los nuevos pasos de rueda y su alerón de mayor tamaño le daban una imagen brutal. El coeficiente de penetración aerodinámica mejoró, la potencia aumentó haya los 235 CV y la puesta a punto se optimizó para intentar ser el coche compacto deportivo más eficaz de la época.

Todo el mundo parecía encantado con el Mercedes 190E 2.5 16v Evolution II, parecía la herramienta definitiva, con un comportamiento en la calle casi de competición, una bestia que se iba a convertir en clásico desde el primer momento. No obstante, Mercedes seguía sin ganar. ¡Hasta la temporada de 1992! Fue entonces cuando Mercedes, por fin, ganó el DTM con el 190E. Sería de nuevo Klaus Ludwig el que se volvería a llevar el campeonato (lo volvería a hacer más tarde en 1994 con el Mercedes Clase C).

Por fin Mercedes tenía su objetivo bajo el brazo y, de paso, una de las mejores berlinas deportivas de todos los tiempos. Los 502 ejemplares fabricados hoy son una pieza de la historia, uno de los deportivos más queridos en Alemania y en el resto del mundo, el germen de lo que hoy representa AMG. Comprar a día de hoy un Mercedes 190E 2.5 16v Evolution II puede superar con facilidad los 100.000 euros, una precio que se puede disparar hasta la estratosfera si hablamos de los dos últimos ejemplares, el 501 y el 502, los únicos pintados en color plata.

Dicen que en las dificultades el ser humano se crece. Mercedes se creció ante las dificultades y terminó creando una bestia del asfalto. Una auténtica locura con ruedas, probablemente el coche familiar con una mayor vocación de competir en el circuito, un ‘carreras-cliente’ absolutamente demencial. El ser humano se crece ante las dificultades y visto lo visto, ya podrían tener las marcas actuales mayores retos ante sí que el simple hecho de vender coches. ¡Pasión es lo que necesitamos!

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