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¿Suerte o manos? La mayor salvada de la historia de Nürburgring

El circuito de Nürburgring es tan espectacular como peligroso, tal y como demuestra la gran cantidad de accidentes que allí se producen cada año. Pero hay quién por suerte o por maña al volante se libra. Es el caso de nuestro amigo de hoy, aunque tendrás que ayudarnos a decidir por qué no ha acabado su coche en el desguace...

Nürburgring

Si nunca has ido a Nürburgring y te gustan los coches, no tienes perdón. Así de claro. Es una experiencia que todo aficionado al mundo del motor tiene que vivir una vez en su vida. Rodar en el mítico trazado alemán es tan sencillo como llegar y pagar por ello en los días que esté habilitado para el público. Pero debes ir con cuidado, mucho cuidado. Es probablemente la pista de carreras más complicada del mundo, y ni siquiera los más expertos están a salvo de accidentes. Eso es lo que estuvo a punto de pasarle al conductor de un Daihatsu Cuore -sí, entran todo tipo de coches allí-, pero se salvó. ¿Suerte o manos? Tú decides:

 

 

Quién escribe estas líneas se decanta más por una visita de la diosa fortuna que por el buen hacer del conductor del coche asiático. Este afrontó el viraje en cuestión a una velocidad excesiva, perdiendo la trasera del vehículo. Casi logra recuperarla, pero en ese momento pisó el piano interior de la curva. Estos son bastante elevados en Nürburgring, de tal forma que sirvió como plataforma de despegue para poner el Daihatsu sobre dos ruedas. Solamente la suerte evitó que todo acabase en un espectacular vuelco, una factura de impresión -recordemos que los desperfectos de la pista también se pagan- y una más que posible visita al hospital.

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A pesar de los evidentes peligros que entraña el legendario trazado, lo dicho, es una visita obligada. Aunque quizás sea mejor alquilar un coche -hay empresas que se dedican a ello- para vivir de primera mano lo que supone atravesar el Infierno Verde que llevar el tuyo propio. El riesgo de que este no vuelva intacto es alto, especialmente si decidimos conducir más rápido que lo que nos permiten nuestras cualidades al volante. Y recuerda, ¡cuidado con acercarte demasiado a los pianos!

 

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