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Tres serios motivos para estar preocupado con un coche Etiqueta C

Prueba del Seat Ateca 1.5 TSI 150
LIGV

La llegada de las etiquetas de la DGT supuso establecer un sistema de castas en el que los de más abajo salían claramente perjudicados (no vamos a entrar en si con razón o sin ella) y, cuando más arriba, más seguro se estaba. Pero el tiempo pasa, todo cambia y, si tienes un coche con Etiqueta C, ha llegado el momento de que te empieces a preocupar.

Dentro de lo que cabe, los vehículos de esta categoría tienen una posición relativamente cómoda, pues están lejos de los denostados “sin etiqueta” y, además, todavía tienen a los Etiqueta B a modo de colchón, como escudo para que sufran primero las consecuencias de las modificaciones legales en materia de circulación.

VÍDEO: No te hagas líos, estas son las etiquetas de la DGT

Sin embargo, un coche C tampoco se encuentra entre la élite que suponen los etiqueta Cero y, en menor medida, los ECO; está en una posición intermedia que ya empieza a tener ciertas restricciones, anticipo de lo que va a ocurrir en los próximos años.

A continuación, te contamos tres serios motivos para estar preocupado con un coche Etiqueta C, aunque también hay que apuntar que en su mayoría son facetas preocupantes para quien viva en núcleos urbanos de cierto tamaño, para los conductores de zonas más rurales el margen (y la tranquilidad) son mayores.

Limitaciones de acceso y aparcamiento

Quien tenga un automóvil con etiqueta C puede estar tranquilo porque, por el momento, puede seguir moviéndose con libertad por toda la geografía española. Es cierto, pero no del todo, puesto que solo puede hacerlo sin cumple con ciertas restricciones. 

Hablamos, por supuesto, del aparcamiento. Y es que para entrar a una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) de manera legal, tiene que aparcar en un parking de pago, ya sea público o privado, lo que implica un gasto adicional considerable en cada una de las visitas, por ejemplo, al Distrito Centro de Madrid.

Fuera de las ZBE al menos si pueden aparcar en las Zonas de Estacionamiento Regulado (SER), lo que es una ventaja sobre los sin etiqueta, pero mientras que los CERO estacionan gratis y los ECO con un 50% de descuento, los C solo tienen una reducción del 10% en el precio.

Las ZBE se hacen ‘mainstream’

Hasta este mismo año éste era un problema que la mayoría de la gente veía ajeno, puesto que solo afecta a quienes viven en las grandes ciudades y en zonas concretas de éstas. Sin embargo, a partir de 2023 las ZBE se van a “democratizar” y van a ser muchos miles de conductores más los que van a tener que adaptarse a ellas.

En 2023 todos los municipios que tengan más de 50.000 habitantes tendrán que establecer su propia ZBE, que cada ciudad establecerá según sus propios criterios. 

Esto implica que su extensión o lo restrictiva que sea su política de entrada variará mucho de unos casos a otros, pero en todas ellas tendrán prioridad y ventajas exclusivamente los CERO y ECO.

Es por eso que en solo unos meses, muchos de los que conduzcan coches con etiqueta C se verán obligados a pagar por estacionar en sus ciudades pequeñas o, si no, seguramente experimenten algún tipo de limitación en su libertad para circular por su zona.

Su ocaso en el horizonte

Lo dice el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Es algo que todo aquel poseedor de un coche con Etiqueta C debería tener muy presente, pues aunque a priori parezca que está lejos, seguramente no pase mucho tiempo hasta que estos vehículos empiecen a estar perseguidos también por la DGT.

Las restricciones van a avanzar de manera progresiva y primero veremos cómo afectan a los B, lo que dará tiempo a los propietarios de un modelo con etiqueta verde a hacerse una idea lo que ocurrirá con ellos a posteriori, pero, aunque se vea como algo lejano y todavía no tengamos claro cuándo será los coches Etiqueta C también tienen fecha de caducidad.

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