Prueba: Jeep Wrangler

¿Los Rangers necesitan ayuda? Allá vamos... Tardaremos un poco, eso sí.
¿QUÉ-ES-ESTO?
Nada más y nada menos que una prueba del Jeep Wrangler, amigo: el modelo más loco, menos práctico y más macarra de la marca… y el mejor para divertirte, sin duda. Fuera del asfalto y hasta sobre él. Verlo y querer uno en mi garaje es automático. No en este color o en la edición especial que ves en las pegatinas (aunque en las fotografías queda más vistoso, por eso están aquí estas imágenes). Hay un tono arena desértica que mola mucho más… y al que sólo le faltan los lanzamisiles en el techo. Me lo quedaría igualmente. Sin las armas, claro.
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Por lo que veo, no vas a ser muy objetiva…
En absoluto, si bien prometo intentarlo. Aunque voy a empezar por algo tan subjetivo como sus líneas. Me encantan. Son toscas, enormes, anchas. No está hecho para la ciudad, donde este Jeep Wrangler es claramente torpe. Pero cualquiera que tenga ojos en la cara se volverá para mirarlo. Te contaré que, en un atasco, pillé a varios conductores sacándole fotos con el móvil. Es llamativo, sin duda.
Con 4,2 m de longitud (4,7, en el caso de la versión con 5 puertas) y 1,87 de anchura, resulta aparatoso entre el tráfico denso. Su altura, 1,80 m, es una ventaja a la hora de dominar la carretera desde el puesto de mando, pero las personas menos ágiles sufrirán para subir a los asientos del Wrangler, que quedan mucho más lejos del suelo de lo normal. Exige estar en cierta forma.
Nuestro veredicto