Prueba: Mini Cooper S, esencia de clásico y alma de deportivo

Si la conducción del Mini siempre te ha parecido divertida, te aviso que en esta prueba del Mini Cooper S vas a descubrir que puede esconder sorpresas muy adictivas.

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Nuestro veredicto

He podido disfrutar unos días de la prueba del Mini Cooper S. Un coche que desde que fue rescatado del olvido por el Grupo BMW hace 15 años conserva la esencia de vehículo clásico, pero con un toque deportivo, moderno y también muy chic.

¿Qué tiene de especial este Mini Cooper S?

Hablar del Mini Cooper S es hacerlo de una de las versiones más completas y deportivas de la gama Mini, pero es que encima éste tiene truco y no sólo se aprecia en el exterior o el interior, sino que se siente y se escucha en cuanto lo arrancas.

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De serie, este Mini Cooper S lleva el ya conocido motor de cuatro cilindros y 2,0 litros que tiene un rendimiento de 192 CV y 280 Nm. Con este propulsor, es capaz de alcanzar una velocidad punta de 233 km/h y que se permite el lujo de acelerar de 0 a 100 km/h en tan sólo 6,7 segundos.

Hasta aquí, todo normal. Vemos que por fuera y por dentro está cargado de accesorios y extras, pero no es de extrañar, porque como sabes, el nivel de personalización de un Mini en inalcanzable. Lo que no me cuadra es la cantidad de veces que veo el emblema de John Cooper Works. Eso significa que este coche es diferente al resto. Y no sólo en el exterior o el interior. Lo arranco y descubro por qué.

Así que ésto es el famoso kit de potenciación de John Cooper Works

Al accionar el interruptor de encendido, noto que del motor y de la doble salida de escape viene una melodía distinta a la normal en un Mini Cooper S. Este coche lleva como extra, el kit de potenciación de John Cooper Works, que tiene dos características fundamentales.

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La primera y más importante es su rendimiento, ya que se pasa de los 192 a los 211 CV con este sistema. El segundo, es el realmente adictivo: un mando que va conectado por bluetooth al coche y que se encuentra justo delante de la palanca de cambios. Con él, puedes seleccionar dos tipos de sonido de escape: Track y Sport.

El track tiene un sonido rudo y potente, mientras que con el Sport parece que estás haciendo palomitas en cada semáforo. Eso añadido a la ya de por sí divertida y diferente forma de conducir el Mini, convierte la prueba del Cooper S en una aventura. Mira la cara que se te queda cuando lo tienes entre las manos.

Mini Cooper S JCW

Genial, pero cómo se conduce

Lo mejor del nuevo Mini Cooper S es sin duda el conjunto entre el motor, la dirección y el cambio. Su propulsor empuja desde bajas revoluciones en cualquier marcha y se estira con facilidad hasta las 6.000 rpm. Un motor que lo tiene prácticamente todo, porque además de mover los 1.235 kilos como si fueran una pluma, consigue mantener el gasto en cifras que, salvo tramos puntuales repletos de curvas y realizando una conducción deportiva, no suelen superar los 8 litros cada 100 kilómetros.

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Es en los giros donde mejor se expresa el chasis de este Mini. El bajo centro de gravedad del coche, la amplia batalla y la elevada rigidez de la carrocería, crean una relación única entre el coche y el asfalto.

El característico paso por curva de Mini, esa famosa sensación de kart que es capaz de hacer a una velocidad muy elevada y sin inclinaciones de la carrocería, tiene un precio: cuando se rueda en línea recta el asfalto ha de estar muy bien, porque, de lo contrario, la dureza de la amortiguación puede convertirse en una tortura. Las ruedas copian todo.

Los primeros kilómetros de la prueba del Mini Cooper S los hago en autovía, aprovechando para comprobar cuánto empuja el nuevo motor en marchas largas. Seré franco: mucho. A pesar de que el escalonamiento del cambio es tirando a largo, tiene una cuarta y una quinta marcha en las que empuja muy bien, dejándote todavía pegado al asiento mientras la aguja del velocímetro sube con pasmosa facilidad y el resto de coches se quedan atrás. Viajar a velocidades de pérdida de carné es fácil y nada estresante, pues el coche tiene una sexta larga y además está bastante aislado del exterior.

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¿Cómo son la caja de cambios y los modos de conducción?

La caja de cambios que lleva este Mini Cooper S es la automática deportiva, que por primera vez tiene ocho velocidades. Va francamente bien, con cambios de reacciones rápidas. Las levas en el volante y la palanca selectora cambian de forma manual y te animan a que lo hagas.

Los modos de conducción en el Cooper S son tres: Green, Normal o Sport. Para la ciudad el mejor es el ‘Green’, donde el motor se hace el remolón en los semáforos y sube de vueltas muy despacio, para que no te emociones y se dispare el consumo. Es decir, está en su papel. Los otros dos programas… hay que salir a carretera para disfrutarlos. La buena noticia es que cumplen su cometido; el modo ‘Normal’ es eso, normal, con una buena respuesta al acelerador. Todo correcto. El modo ‘Sport’ añade lo de siempre: estira más las marchas, el rugido de la mecánica suena más alto y la dirección se vuelve más rígida.

¿Qué más? ¿Quizás algo del interior o que no te haya gustado?

Dentro del nuevo Mini hay algo más de espacio que en la anterior generación, pero sigue sin sobrar ni un centímetro. Eso sí, el maletero, con 211 litros de capacidad y con doble fondo, sigue siendo algo pequeño aunque los ingenieros han echado muchas horas intentando que sea lo más práctico posible con una bandeja que se puede colocar en diferentes posiciones o unos respaldos con un anclaje adicional para que vayan más verticales (demasiado) y ganar algo de espacio, aunque sacrificando esas dos plazas...

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Una de las claves del Mini Cooper S para transmitir un tacto deportivo es sin duda una posición del asiento extremadamente baja y retrasada respecto al salpicadero. Tanto, que yo que mido 1,88 metros, acostumbrado a ir lo más bajo posible en cualquier coche, he tenido que subir un poco el asiento para conducir con seguridad y aún así me ha costado llegar al retrovisor interior para regularlo.

El selector al estilo del iDrive de BMW distrae demasiado y está en una posición algo incómoda, cercana al apoyabrazos. Tampoco me ha gustado el Head up Display, que proyecta la información en una pantalla encima del volante, donde es fácil que los reflejos del sol la hagan ser casi imposible de ver.

¿Entonces me lo compro?

Pues hombre, un Mini es un Mini y dentro de unos años seguirá siéndolo. Podría terminar de forma parecida a como empecé, alabando su diseño, su estilo moderno, pero pocas cosas hay que ya no sepas. Sí decirte por si no lo sabes que por ejemplo este Mini Cooper S con todos los extras que llevaba, kit de potenciación incluido, está cercano a los 40.000 euros.

Eso es una cifra muy elevada para un compacto y debes pensar y analizar si realmente este coche es lo que buscas y necesitas. Si tu respuesta es afirmativa no lo dudes. Tienes la diversión, la emoción y también la certeza de que llevas al volante algo exclusivo y que encima, suena como un demonio incluso por las calles de tu ciudad.

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