El deportivo compacto más peculiar fue el Honda CR-Z con su motor híbrido y su cambio manual. Hoy puede ser una gran compra

El Honda CR-Z fue un adelantado a su tiempo, un coche deportivo, pero también híbrido, y que tenía transmisión manual.
Hubo una época en la que los coches híbridos eran, en su mayoría, aburridos. Priorizaban el consumo, el silencio y la eficiencia por encima de cualquier otra cosa. Pero entonces llegó el Honda CR-Z y decidió romper ese molde: un compacto de aspecto deportivo, con tres puertas, estética casi de coupé… y un sistema híbrido combinado con cambio manual. Fue una rareza en su día, lo sigue siendo a día de hoy… pero también puede ser una gran compra.
El CR-Z Hybrid se lanzó en 2010 como una especie de heredero espiritual del mítico CR-X, con el que compartía filosofía: coche pequeño, ligero y con cierto enfoque deportivo. Sin embargo, Honda decidió dar un giro inesperado al apostar por una mecánica híbrida en lugar de un motor puramente deportivo. Hoy puede parecer lógico, pero hace 16 años fue un movimiento bastante atrevido.
El resultado fue un coche difícil de encasillar, incluso visto desde la perspectiva actual. Tenía un diseño agresivo aunque la zaga sea visualmente un poco rara, una posición de conducción baja y una configuración 2+2 (aunque las plazas traseras eran testimoniales), pero también un sistema electrificado pensado para reducir consumos, algo que hoy en día es norma, pero que por aquel entonces sonaba bastante a chino.
Además, uno de sus grandes reclamos era algo que prácticamente ningún híbrido ofrecía ni entonces ni ahora una caja de cambios manual de seis velocidades. En un mercado donde lo habitual era el cambio automático tipo CVT, esto lo convertía en una rara avis para los conductores… lo que ha hecho que a día de hoy haya mantenido su valor más de lo que cabría esperar en su momento.
Bajo el capó, el CR-Z utilizaba un sistema híbrido basado en un motor gasolina 1.5 i-VTEC acompañado por un motor eléctrico dentro del sistema IMA (Integrated Motor Assist). En conjunto, desarrollaba alrededor de 124 CV en sus primeras versiones, cifra que posteriormente aumentó tras una actualización.
Sobre el papel no parecía un deportivo puro, y de hecho nunca lo fue. Pero su gracia no estaba en las cifras, sino en el conjunto: peso contenido (en torno a 1.200 kg), dirección directa y una respuesta bastante inmediata gracias al apoyo eléctrico. Además, incorporaba modos de conducción (Eco, Normal y Sport) que alteraban el carácter del coche. En modo Sport, incluso contaba con una función “overboost” que ofrecía un extra de empuje puntual.

Todo esto hacía que fuera un deportivo algo ratonero, de esos con lo que te lo pasas bien en carreteras reviradas pese a no tener una potencia descomunal, pero a la vez era un vehículo tremendamente eficiente, con un consumo que se movía en cifras cercanas a los 5 l/100 km.
La marca japonesa se permitió incluso radicalizarlo con el Honda CR-Z Mugen. Como el CR-Z estándar se quedaba corto para algunos, Mugen (la división deportiva de Honda) llevó su concepto al extremo. Partiendo del sistema híbrido original, añadía modificaciones importantes (ECU y compresor) que elevaban la potencia hasta cerca de los 200 CV y el par máximo a los 245 Nm, haciendo que su rendimiento estuviera más a la altura de lo esperado.
Además, incorporaba mejoras en chasis, aerodinámica y estética, con un aspecto mucho más agresivo. Era, en esencia, el CR-Z que muchos entusiastas querían: ligero, híbrido… pero también rápido de verdad.
El problema del CR-Z en su día fue que nadie supo muy bien dónde encajarlo. Para los puristas, no era lo suficientemente rápido; para quienes buscaban eficiencia, había opciones más prácticas. Pero con el paso del tiempo, esa mezcla rara se ha convertido en su mayor virtud.
Hoy se le valora como un coche diferente, con personalidad propia y una propuesta que ninguna otra marca ha replicado: un híbrido manual con cierto enfoque deportivo. Y esto, como suele pasar, tiene un precio, algo que queda patente en el mercado de segunda mano.
Como fue un vehículo que vendió bastante poco, no es que abunde en las webs de compraventa, pero es posible encontrar unidades a precios bastante razonables.
Actualmente, los ejemplares suelen moverse en una horquilla aproximada de entre 6.500 y 12.000 euros, dependiendo del estado, el año y el kilometraje. El precio medio ronda los 10.000 euros, con unidades mayoritariamente de entre 2010 y 2013, y lo habitual es encontrar coches con entre 120.000 y 180.000 kilómetros.
No es que sea precisamente barato, pero tampoco es un coche caro. Tiene el carácter de un deportivo, aunque su rendimiento no sea superlativo, y cuenta con la etiqueta ECO de la Dirección General de Tráfico (DGT), algo que en 2010 no se valoraba, pero actualmente sí. Además, es la puerta de acceso a una de las configuraciones más raras que se han visto: un coche híbrido con cambio manual.


