Los compactos deportivos eran casi todos atmosféricos, pero llego el Escort RS Turbo. Y con él Ford revolvió el gallinero y allanó el camino a los Cosworth

En 1984 llegó uno de los compactos deportivos más queridos de los 80, el Ford Escort RS Turbo. Un coche con el que Ford quiso trasladar a la calle sus éxitos en los rallys.
En los años 80 te podías comprar un coche con un talante muy deportivo sin necesidad de dejar tu cuenta corriente vacía o hipotecarte de por vida. Fue la época en la que se puso de moda la palabra ‘turbo’ y uno de los primeros compactos en predicar con el ejemplo fue Ford con el Escort RS Turbo.
El Ford Escort RS Turbo es uno de los compactos deportivos más interesantes de aquella maravillosa década, al menos, en lo que se refiere a los coches.
Era un vehículo ligero, divertido, eficaz y suficientemente potente para pasar un buen rato a sus mandos. Además, proyectaba una estética muy racing, con un sabor a rally que todavía hoy despierta pasiones.
El Ford Escort RS Turbo se lanzó en 1984 y correspondía a la tercera generación del Escort. Más tarde, en 1986, llegó su sustituto, el Mk IV, que sí disfrutó de un periodo comercial más longevo, hasta 1996. Por el medio se coló el mítico Escort RS Cosworth, pero eso es harina de otro costal.
Ford Escort RS Turbo, la herencia de los rallys

Durante los años 70, Ford tuvo una notable presencia en el Campeonato Mundial de Rally, no a la altura de los lancia Stratos o Alpine A110, pero era competitivo.
De hecho, ganó el mundial de constructores en 1979 con un RS1800. Ese mismo año y con ese coche, Björn Waldegard se proclamó campeón del mundo, y en 1981 hizo lo mismo Ari Vatanen. A esto hay que añadir la victoria en el Campeonato Europeo de Turismos en 1974.
Ford quiso utilizar estos resultados en la competición a nivel comercial, lanzando versiones potenciadas para el gran público. Así se gestó el primer Ford Escort RS Turbo, basado en la tercera generación del modelo que llegó en 1980. De hecho, las siglas RS significan Rally Sport.
Lanzado en 1984, fue el primer Ford RS con motor turbo, aprovechando la fiebre por los turbocompresores de la época, lo que hoy llamaríamos un "hot hatch" de tracción delantera con un motor de 1.6 litros. No obstante, ya antes había aparecido un Ford turboalimentado, el Capri 2.8.

Este modelo fue conocido por su alerón, faros centrales, asientos Recaro y su comportamiento radical, siendo un coche deportivo muy querido en los años 80.
Bajo el capó, el Escort RS Turbo montaba una versión mejorada del motor del XR3, un bloque de cuatro cilindros y 1.6 litros que desarrollaba 132 CV a 6.000 vueltas, gracias al empleo de un turbocompresor Garrett AiResearch T3. Era una potencia elevada, teniendo en cuenta que declaraba en la báscula 977 kg de peso.
Entre las mejoras del conjunto, destacaban un árbol de levas especial y una inyección electrónica Bosch, elementos que le daban un carácter realmente vibrante, de esos coches que parece que se ponen nerviosos. El motor estaba conectado a una caja de cambios manual de cinco velocidades.
No era el compacto deportivo más rápido de la época (hacía el 0 a 100 km/h en 8,3 segundos y alcanzaba una velocidad máxima real de 210 km/h), ni tampoco tenía el chasis más sofisticado, pero era una gozada conducirlo (había que tener cierto cuidado).
El motor era bastante glotón, con un consumo medio que oscilaba entre los 12 y 13 litros en ciudad y los 9-10 litros en autopista a velocidades legales. Pero, si se le pisaba un poco más de la cuenta, era fácil llegar a los 15 litros.
El Escort RS Turbo Mk IV
Mientras el primer Ford Escort RS Turbo sólo se podía elegir en color Blanco Diamante (excepto una unidad en color negro, en honor a la princesa Diana de Gales), la cuarta generación sí se ofreció con más variedad de colores, incluidos el gris y el rojo.
Esta nueva entrega conservaba la personalidad del Mk3, sobre todo en sus llantas de seis radios con diseño de hoja de sierra más agresivas. El Mk4 suavizó un poco sus líneas, dándole un aspecto exterior más imponente, con añadidos como el alerón trasero, faros delanteros auxiliares, llantas de 15 pulgadas y unas entradas de aire en el capó plenamente funcionales, que servían para refrigerar el motor, y no eran meramente estéticos.
El Ford Escort RS Turbo se fabricó en la planta alemana de Saarlouis. Inicialmente, la marca del óvalo había previsto producir 5.000 unidades para cumplir los criterios de homologación del Grupo A, pero la demanda obligó a duplicar esa cifra.
En el primer año de producción, se vendieron 8.606 unidades, de las cuales 5.000 en Reino Unido. Hoy puedes hacerte con una unidad a partir de unos 8.000 euros.

