A finales de los 90, Dodge anunció un hermano pequeño para el Viper. 30 años después lo va a fabricar, pero ya no hablamos de un V10

Quizá no conozcas el Dodge Copperhead, pero fue una variante light del salvaje superdeportivo americano, presentado como prototipo en 1997.
Recientemente, Dodge mostró a un grupo de periodistas dos prototipos del Charger, uno de ellos un SRT con un alerón inspirado en un muscle car clásico. Pero la marca estadounidense, integrada en Stellantis, va a rescatar un viejo concepto que presentó hace 30 años como versión más ligera y asequible del Viper: el Dodge Copperhead.
En 1997, Dodge sorprendió a los entusiastas y a los medios cuando presentó un extraño prototipo en el Salón Internacional del Automóvil de Detroit. Un deportivo que parecía fuera de lugar para una empresa conocida por sus bestias de fuerza bruta.
Se llamaba Copperhead y representaba una versión más pequeña, ligera y asequible del Viper. Esto hizo que se ganara el mote ‘baby Viper’ por parte de los aficionados.
Finalmente, el Copperhead quedó sólo en eso, un vehículo conceptual. Pero 30 años después parece que Dodge está dispuesta a recuperarlo, aunque de una manera muy diferente al original.
En la década de 1990, Dodge tenía una reputación considerable por sus productos de alto rendimiento. El Viper ya destacaba como uno de los superdeportivos más salvajes de Estados Unidos y seguro que has corrido más de una carrera con este coche en el Gran Turismo.
Dodge Copperhead, el Viper descafeinado

El Copperhead Concept podría haber evolucionado hacia una interpretación completamente diferente del rendimiento de Dodge. Tenía proporciones compactas y mucho menos peso, presentaba una disposición de motor delantero y tracción trasera, y contaba con un V6 de 2.7 litros de aspiración natural bajo el capó.
La marca norteamericana esperaba que el Copperhead produjera alrededor de 220 CV, y tenía una transmisión manual para los puristas. La compañía apuntaba a un peso en vacío por debajo de los 1.360 kg y, en cuanto al precio, lo situaría alrededor de los 30.000 dólares, claramente más barato que el Víper, que costaba entre 52.000 y 54.000 dólares.
Con el Copperhead, Dodge podría haber planeado atacar una parte específica del mercado que controlaban modelos como el Mazda MX-5, el Porsche Boxster o el BMW Z3. Igualmente, habría sido una propuesta de entrada mucho más interesante para los conductores de coches deportivos y mucho menos intimidante que el Viper.
En ese momento, muchos esperaban que Dodge diera el paso definitivo para llevar a producción el Copperhead y, de esta forma, fabricara un deportivo más inclinado hacia el refinamiento que al exceso.
Sin embargo, los ejecutivos de la compañía observaban de cerca el mercado en general y vieron que la cultura del rendimiento estadounidense comenzaba a tomar una dirección diferente.
Quizá, comprobaron que no era el momento para un deportivo de menor cilindrada y potencia limitada, y decidieron guardar el Copperhead en un cajón.
El Dodge Copperhead vuelve a cobrar sentido, pero no será tan asequible
Conforme avanzaba el nuevo siglo, Dodge tenía un gran éxito comercial apostando por el típico músculo americano de la vieja escuela y así llegaron los Charger y Challenger con sus espectaculares V8 Hemi.
El entusiasmo siguió aumentando con los Challenger SRT Demon y Charger Hellcat, hasta que Dodge retiró el Viper en 2017. A partir de entonces, la sentencia comenzó a cambiar, si bien se mantenían los Charger y Challenger, pero ya no estaba el buque insignia.
El mercado evolucionó hacia conceptos de coches deportivos más racionales y ‘relajados’, y esto hace que el Copperhead cobre de nuevo sentido. Eso sí, el nuevo Copperhead no será un roadster ligero y asequible como la idea de hace 30 años.
Según informa Carbuzz, los informes preliminares sugieren que sería un coupé halo SRT de dos puertas y perfil bajo que se situaría por encima del Charger, en lugar de por debajo.
El Copperhead de 2029 podría ser parte de un esfuerzo por revivir la división SRT y convertirse más bien en un hyper muscle car. Y si bien la idea detrás del Copperhead original de 1997 pudo haber sido democratizar el rendimiento de Dodge, esta nueva oferta representaría un buque insignia aspiracional.
El heredero de aquel prototipo podría no ser tan sencillo y asequible, apostando por un diseño más agresivo. Utilizaría una plataforma STLA de Stellantis y equiparía motores de combustión interna, aunque ya veremos si con algún tipo de electrificación, como muchos hiperdeportivos actuales con los que competiría. Por ejemplo, el Corvette E-Ray.
Algunos informes apuntan a que Dodge todavía quiere que sus futuros modelos de alto rendimiento sean emocionales, en un momento en que la electrificación está llevando a la industria en la dirección opuesta.


