Ford metió un motor V12 atmosférico de 6.0 en este prototipo biplaza con chasis monocasco de fibra de carbono que solo vio la luz en el ‘Need For Speed’

El Ford Indigo Concept fue un alocado prototipo presentado a mediados de los ’90 que no llegó a producción, aunque se podía conducir en un famoso videojuego.
Lo mejor de los concept cars es que no tienen que rendir cuentas a nadie. Bueno, tal vez a algún alto cargo de la compañía que haya aprobado el presupuesto destinado a su desarrollo. Pero, más allá de ese aspecto, no necesitan maletero, ni climatización, ni techo. Solo una idea clara y la libertad de llevarla hasta el extremo. Y eso es exactamente lo que ocurrió con el Ford Indigo Concept.
El prototipo en cuestión estaba mucho más cerca de un monoplaza de competición que de cualquier coche matriculable. Una creación que, incluso en la década de 1990, era difícil de justificar. Sin embargo, como todos ya sabemos, hace algunos años ya la industria del automóvil no era tan restrictiva y, desde luego, no se basaban tanto en factores como la rentabilidad y los índices de ventas.
En el concept car de Ford no había protección contra la lluvia, no existía espacio para el equipaje y, justo detrás de las cabezas de sus dos únicos ocupantes, se alojaba un V12 atmosférico de 6.0 litros. El Indigo nació para ir lo más rápido posible, aunque un detalle impidió que esto ocurriera: Ford nunca llegó a fabricarlo en serie.
La historia del Ford Indigo Concept

El origen del Indigo está directamente ligado al éxito deportivo de Ford en los años ‘90. Tras la victoria de Michael Schumacher en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 de 1994 con un Benetton-Ford, la marca no supo capitalizar aquel triunfo.
Como no querían repetir el mismo error, cuando Jacques Villeneuve ganó las 500 Millas de Indianápolis con un Reynard-Ford, la compañía decidió actuar. El objetivo era diseñar un concept car que capturase el espíritu de la IndyCar y que, incluso, pudiera producirse en una tirada muy limitada.
Reynard Motorsport tuvo un papel clave en el desarrollo de los tres Indigo que se construyeron. Uno de ellos era plenamente funcional y se destinó a pruebas y desarrollo, mientras que los otros dos eran simples coches de exposición sin capacidad de rodar. El prototipo operativo se probó en Silverstone y, gracias a la implicación de Reynard en el proyecto, se optimizaron la aerodinámica, la suspensión y el uso de materiales compuestos.
El chasis era un monocasco de fibra de carbono, siguiendo la filosofía de los coches de carreras. El motor V12 y la caja de cambios semiautomática procedente de la IndyCar condicionaban en gran medida el diseño. De hecho, para mantener la coherencia conceptual con un monoplaza, la batalla era idéntica a la de los coches de carreras, de 2.895 mm.

A nivel de diseño, el frontal incorporaba un llamativo alerón que generaba carga aerodinámica sobre el eje delantero y alojaba parte del sistema de iluminación. Las luces de fibra óptica integradas en esa pieza eran tan direccionales que fue necesario colocar los faros principales en la parte frontal de los retrovisores. También había puertas de tijera y ruedas delanteras carenadas.
El interior estaba completamente despojado de elementos superfluos en busca de la máxima reducción del peso. No había techo ni parabrisas convencional, pero sí un reproductor de CD. Un detalle casi irónico si se tiene en cuenta que, con el V12 rugiendo a escasos centímetros de los oídos, resultaría complicado escuchar cualquier otra cosa. También había arneses de cuatro puntos y arranque por botón, como en un coche de carreras.
Un motor que lo convertía en un coche de carreras
Y hablando del motor, se trataba de un V12 construido a partir de dos V6 unidos, un bloque íntegramente de aluminio con 48 válvulas y cuatro árboles de levas en cabeza que utilizaba algunos componentes internos del motor V6 Duratec de Ford, incluyendo bielas y pistones.

Este propulsor acabaría montándose posteriormente en el Aston Martin DB7 Vantage. En el Indigo ofrecía 435 CV en configuración estándar, aunque podía superar los 500 CV si era necesario. Con esa potencia, el prototipo era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 4 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 299 km/h.
Siguiendo la práctica habitual en competición, el V12 iba atornillado directamente a la parte trasera del monocasco y soportaba las cargas de la suspensión. Acoplada al motor se encontraba la transmisión de seis velocidades secuencial, con los cambios accionados mediante botones en el volante, aunque mantenía un embrague convencional.
Presentado en el Salón de Detroit en 1996, el Indigo terminó siendo un ejercicio de ingeniería extrema que no pasó de la fase conceptual. Ford decidió no llevarlo a producción, aunque permitió a los fans conducirlo en el videojuego ‘Need for Speed’. El prototipo funcional sigue en manos de la compañía, mientras que los dos show cars fueron vendidos a principios de los 2000 y hoy pertenecen a propietarios privados.
