Al GT-R (R33) no lo quería nadie, pero en teoría era mejor deportivo que el R32: cuando Nissan mejoró a Godzilla

El Nissan Skyline GT-R (R33) no fue bien acogido por sus cambios sutiles y tuvo la mala suerte de estar entre el R32 y el R34, pero fue un 'Godzilla' mejorado.
El Nissan GT-R es uno de los mejores deportivos japoneses de la historia y es un modelo adorado en todo el mundo. Solo con decir su nombre, muchos piensan en la generación R32 que fue apodada ‘Godzilla’ o en el icónico R34 de finales de los 90, pero pocos piensan en el GT-R (R33). No lo quería nadie, pero en teoría era mejor que el R32.
A finales de los años 80 Nissan decidió recuperar la versión GT-R de su Skyline, que se quedó en la década anterior con el modelo conocido como ‘Kenmeri’. Por supuesto, mucho había cambiado desde entonces, ya que el automovilismo estaba avanzando a pasos agigantados y Japón estaba a la vanguardia tecnológica. Esto también se reflejaba en sus coches.
Los modelos del país asiático eran ya populares en muchas partes del mundo, pero la deportividad seguía estando principalmente denominada por los coches europeos. Sin embargo, de cara a la década de 1990 Japón dio un puñetazo en la mesa con modelos como el nuevo Nissan GT-R.

Con un motor RB26DETT de rendimiento espectacular y mucho potencial de modificación, un sistema de tracción a las cuatro ruedas inspirado en el del Porsche 959 y una puesta a punto sorprendente, el R32 sorprendió a todos en la carretera y en los circuitos. De hecho, su dominancia en competición fue el que le hizo ganar el apodo de ‘Godzilla’.
En esencia, se había creado un icono capaz de plantarle cara a muchos de los coches más veloces del mercado. Se convirtió en un deportivo de referencia y entonces comenzaron los sueños sobre cómo podría ser su sucesor y hasta dónde se podía subir el listón de rendimiento. La respuesta llegó en 1995 con el Nissan Skyline GT-R (R33).
Se desveló dos años antes como prototipo en el Salón de Tokio y se trataba de un modelo que tomó la fórmula del R32 y la mejoró en varios aspectos. Ese fue un punto fuerte, pero al mismo tiempo se convirtió en su mayor debilidad, ya que las expectativas estaban muy altas tras el fenómeno de la anterior generación.
En el momento de su llegada, muchos criticaron que el R33 no dio un paso adelante significativo. Fue así por elementos como su motor, el mismo RB26DETT que rendía 280 CV por el pacto de caballeros de las firmas japonesas en aquellos años. Además, era más pesado que su antecesor, lo que tampoco fue bien valorado por el público.
Aun así, la cuarta generación del Nissan Skyline GT-R trajo consigo mejoras considerables. Si bien la mecánica ya era conocida, contaba con un mejor collar de la bomba de aceite que incrementaba su durabilidad, así como con un árbol de levas mejorado. También se realizaron mejoras en los turbos y la caja de cambios de cinco velocidades recibió sincronizadores más fuertes.
En esencia, se llevaron a cabo trabajos enfocados a la fiabilidad del coche, pero también se puso el objetivo en el rendimiento. Por ello, el sistema de tracción total ATTESA E-TS se evolucionó a la versión E-TS Pro y también se mejoró el sistema de dirección a las cuatro ruedas por el Super HICAS.
Con esto y con una apariencia actualizada y más aerodinámica, el GT-R (R33) no supuso una revolución como su antecesor, pero perfeccionó una fórmula y la llevó más allá. Tanto es así, que se trató del primer coche de producción en bajar de ocho minutos en el circuito de Nürburgring, donde firmó un tiempo de 7:59.887 con Dirk Schoysman al volante.
Esto fue así con la versión convencional de este deportivo, pero más adelante llegaron otras configuraciones más interesantes, como el V-Spec. Asimismo, salieron a la luz variantes como el Autech Version 40th Anniversary y el GT-R LM Limited, una edición limitada a 188 unidades lanzada en 1996 e inspirada en el GT-R LM que corrió en las 24 horas de Le Mans.
Junto a estos modelos, hubo otro más que dejó una huella imborrable en la historia del Skyline GT-R (R33). Se trata del Nismo 400R, anunciado en 1995. Contaba con 405 CV de potencia y 470 Nm de par en un RB26DETT que fue rebautizado como RBX-GT2, mejoras aerodinámicas y una producción prevista de 100 unidades, pero que se quedó en 44.
Por supuesto, esto hace que esta sea una de las versiones más codiciadas de esta generación del icono de Nissan, con unidades que han sido subastadas años después por varios cientos de miles de euros e incluso por medio millón en algunos casos. Incluso se puso a la venta una insignia de esta variante por nada menos que 40.000 dólares el año pasado.
Esto pone en perspectiva lo que se puede llegar a pagar por un ejemplar convencional. En 2021 se vendió un ejemplar con menos de 50.000 km por unos 200.000 euros, aunque lo más normal es que se encuentren entre unos 60.000 y 80.000 euros. Parece mucho, pero es menos de lo que se puede pagar por otras generaciones.
Aun así, poco a poco el R33 ha ido ganando cariño con el paso de los años. Al fin y al cabo, si bien no es el capítulo más emblemático y radical de este modelo, sigue siendo uno de los mejores deportivos japoneses de los años 90.
Otros artículos interesantes:

Sergio Ríos
Redactor
Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor


