Harper, Mansfield y Wheeler: los tres nombres que nadie recuerda y que sin ellos no hubiera existido el Ford Escort Cosworth

En el desarrollo del Ford Escort Cosworth participaron diferentes figuras. Los nombres de Harper, Mansfield y Wheeler (también Stephenson) fueron los responsables.
El Ford Escort Cosworth ocupa un lugar especial en el imaginario colectivo. El llamativo alerón trasero era tan solo su carta de presentación, mientras que las prestaciones le ayudaron a consolidarse. Pero todo esto no hubiera sido posible sin tres nombres que hoy nadie recuerda, a pesar de su transcendencia: Harper, Mansfield y Wheeler.
El Escort Cosworth nació como reemplazo del Sierra Cosworth, un coche nacido del deseo de Ford de competir en el Grupo A del Campeonato del Mundo de Rallys. Lo más llamativo del Escort es que estaba basado en el chasis y la mecánica de su predecesor, el Sierra, con un diseño que le hacía parecerse al Escort, pero del que tan solo el techo y las puertas delanteras provenían del modelo estándar.
El origen del Ford Escort Cosworth
El desarrollo comienza antes incluso de que se presentara la quinta generación del Ford Escort y finaliza en 1989. Al frente de este ambicioso proyecto se pusieron dos personas, Rod Mansfield y John Wheeler, provenientes del departamento SVO de Ford, quienes se encontraron ante el desafío de crear un deportivo de tracción a las cuatro ruedas sobre una plataforma diseñada inicialmente para un coche de tracción delantera.
Esto llevó a los responsables de Ford a tomar la decisión de utilizar la plataforma del Sierra en lugar de la que iba a estrenar el nuevo Escort. Además, la versión Cosworth requería algo más a nivel de diseño, por lo que Stephen Harper, de MGA Developments en Coventry, trabajó junto al prestigioso diseñador Frank Stephenson para dar forma a la estética del Escort Cosworth.
La labor de Mansfield y Wheeler era la de liderar el proyecto del Ford Escort Cosworth, con la encomiable tarea de adaptar la carrocería del Escort al chasis del Sierra. Ambas eran tan diferentes que esta fue la razón por la que tan solo las puertas y el techo del Escort se conservaron en la versión Cosworth.
El resto de la carrocería se adaptó y/o rediseñó por completo, creando así la tan característica imagen del compacto estadounidense. Y al frente de este trabajo se pusieron Frank Stephenson y Stephen Harper, que tenían un gran desafío por delante, aunque finalmente demostraron que eran los idóneos para esta tarea.
El trabajo de Harper era el de responsable de diseño exterior en general, asegurando que la carrocería se adaptar al chasis a nivel estético y creando un vehículo que fuera atractivo, funcional y deportivo a partes iguales. Y lo consiguió.
El resultado fue un coche con una estética muy deportiva que incluía parachoques específicos, salidas de aire sobre el capó, aletas y guardabarros traseros ensanchados, nuevos estribos laterales y la que para muchos es la joya de la corona: el gran alerón trasero que, en parte, otorga la fama al Escort Cosworth. Las características llantas de cinco radios completaban su estética.
La curiosa historia del alerón trasero

Esta pieza (el alerón doble) fue obra de Frank Stephenson. El diseñador se inspiró en el avió del Barón Rojo, apelativo que recibía el piloto de cazas alemán Manfred von Richthofen. Esta figura obtuvo su fama durante la Primera Guerra Mundial y su labor derribando aviones enemigos. Se dice que logró abatir 80 aeronaves durante la primera gran guerra.
Es considerado el as de ases de los pilotos de combate de la época y avión que manejaba era el triplano Fokker Dr.I, un aeroplano de combate con tres alas superpuestas en cada lado que permitían al Barón Rojo realizar todo tipo de piruetas y acrobacias, obteniendo gran ventaja táctica ante sus enemigos.
Las alas de este avión inspiraron a Stephenson para crear el alerón original de Escort Cosworth, el cual contaría con un alerón triple pero los costes de desarrollo de esta pieza acabaron por desecharlo. En lugar de ello se instaló su famoso alerón doble, un elemento que fue testado a nivel aerodinámico para obtener el máximo rendimiento en la pista y en la carretera.
El Ford Escort Cosworth, en su versión RS, fue equipada con un motor turbo de 2.0 litros desarrollado por el prestigioso fabricante de motores británico Cosworth. Este propulsor generaba 227 CV de potencia a 6.250 rpm y 304 Nm de par a 3.500 rpm.
Ford asoció esta mecánica a una caja de cambios manual Ferguson MT-75 de cinco velocidades que se encargaba de canalizar toda la potencia a un sistema de tracción a las cuatro ruedas. Esto ayudaba al Escort Cosworth a pasar de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 232 km/h. Curiosamente, sin el alerón trasero era más veloz, llegando a los 237 km/h.
