El Honda Civic Type R EP3 tenía un arma secreta: el motor K20 A2 y su superpoder

El arma secreta del Honda Civic Type R EP3 estaba bajo el capó, un motor que subía hasta las 8000 vueltas sin despeinarse.
El Honda Civic Type R es uno de esos compactos deportivos que han logrado convertirse en objeto de culto con el paso de los años. De hecho, cualquier aficionado recibiría con los brazos abiertos a cualquier variante del nipón, pero hoy queremos recordar con el cariño que se merece al Honda Civic Type R EP3, toda una leyenda del país del sol naciente.
Lanzado a comienzos de la década de 2000, este modelo representó una nueva etapa para la familia Honda Civic en Europa, combinando una carrocería práctica de tres puertas (¡qué tiempos!) con una puesta a punto completamente enfocada al rendimiento.
Visto desde el punto de vista actual, sobre todo teniendo en cuenta como fueron sus sucesores, podría considerársele un “sleeper”, porque su estética discreta no daba pista alguna de la puesta a punto tan fina que tenía su chasis ni, sobre todo, del verdadero protagonista del coche, que estaba bajo el capó.
Allí se encontraba el motor K20 A2, un propulsor que muchos aficionados consideran una de las grandes joyas de la ingeniería japonesa moderna, algo en lo que tenemos que darles la razón. Motivos hay muchos, pero el principal es que tenía un auténtico superpoder: era capaz de girar hasta las 8.000 rpm, con una facilidad que pocos motores atmosféricos de su categoría podían igualar y que la mayoría ni siquiera se animan a soñar.
Cuando Honda lanzó el Civic Type R EP3 en 2001, el objetivo era ofrecer un compacto deportivo que mantuviera la filosofía clásica de la marca: motores atmosféricos muy eficientes, ligeros y capaces de alcanzar regímenes de giro muy elevados.
No hubiera sido posible sin el K20 A2, un bloque de cuatro cilindros en línea y 1.998cc, con culata de aluminio, doble árbol de levas en cabeza (DOHC) y 16 válvulas. Este motor utilizaba el conocido sistema VTEC de la marca, una tecnología desarrollada por Honda para modificar el perfil de apertura de las válvulas según el régimen del motor.
Por aterrizarlo en términos sencillos, el sistema permite que el motor tenga un comportamiento relativamente suave y eficiente a bajas revoluciones, pero que cambie radicalmente cuando se superan determinadas revoluciones por minuto. Justo lo que necesitabas en este lobo con piel de cordero: parecer y sonar inofensivo, pero poder pintarle la cara al “flipao” de turno si se pasaba de listo.
En el caso del K20 A2, ese cambio de personalidad se produce alrededor de las 5.800 rpm. Es el punto de inflexión en el que entra en funcionamiento el perfil más agresivo del VTEC y el motor cambia de carácter: la respuesta se vuelve más contundente, el sonido se vuelve más agudo y la aguja del cuentarrevoluciones se dedica a subir como si no costara.

Básicamente, mientras muchos motores de aspiración natural empiezan a perder fuerza cerca de las 6.000 o 6.500 rpm, el K20 A2 sigue empujando con ganas hasta alcanzar su zona roja en torno a 8.000 rpm.
Pero no solo a su facilidad para subir de vueltas le debe su reputación. Era capaz de desarrollar 200 CV de potencia y un par máximo de 196 Nm a 5.900 rpm. Sí, en 2026 cualquier eléctrico de medio pelo saca esas cifras sin despeinarse, pero hablamos de un compacto deportivo generalista de los 2000, así que un respeto.
El propulsor se combinaba con una caja de cambios manual de seis relaciones y con un sistema de tracción delantera. A esto añadía un peso bastante contenido, de solo 1.204 kg (es lo que tiene no tener que ir cargado de chismes y sistemas de seguridad por normativa), lo que resultaba en unas prestaciones más que interesantes: podía acelerar de 0 a 100 km/h en unos 6,6 segundos y alcanzar una velocidad máxima cercana a 235 km/h.
Hasta ahora hemos hablado de lo que hacía el “bicho” de fábrica, pero otro factor por el que el K20 A2 también destacó fue por su robustez, lo que hizo que se convirtiera en un modelo estrella para preparaciones.
Bien mantenido, este motor es conocido por soportar kilometrajes elevados sin problemas graves, pero es que también es capaz de aguantar modificaciones y kits de potenciación que eleven su rendimiento mucho más de para lo que fue concebido de fábrica. Esa combinación de robustez y capacidad para girar a regímenes muy altos ha contribuido a convertirle en una de las bases favoritas de muchos preparadores para desarrollar proyectos de alto rendimiento.
Definitivamente, el Honda Civic Type R EP3 es una generación que ayudó a crear la leyenda del modelo y que se ganó un hueco en el corazón de los amantes de los deportivos nipones.

