Mazda no hace coches especialmente deportivos. Eso podía haber cambiado cuando la marca japonesa creó una división específica

No, no hablamos de Mazdaspeed, la marca japonesa, en la primera mitad de los años 90 lanzó M2 Incorporated, pero solo duró cuatro años en el mercado.
A lo largo de la historia del motor, prácticamente todos los fabricantes de automóviles han tenido, al menos una vez en su vida, la idea de crear una división de corte deportivo para dar rienda suelta a sus proyectos más salvajes. En muchos casos éstas han perdurado, en otros su trayectoria fue corta, pero pocos hay tan peculiares como el de Mazda.
Sí, es posible que no te suene de nada, pero el fabricante japonés tuvo una submarca deportiva. Eso sí, fue tan breve que es lógico que la mayoría de los aficionados del mundo del motor ni siquiera sepan de ella. Y es que no hablamos de Mazdaspeed, que podría considerarse como la ‘FR’ de Seat, no.
Vamos a hacer un viaje en el tiempo y es que, mucho antes de que Toyota diera a luz a su fructífera gama GR o de que Hyundai diera forma a su división N, existió Mazda M2 Incorporated, aunque su carrera duró menos que un suspiro.
La historia comienza a principios de los años 90, cuando Mazda no era solo una marca, si no que tenía otras de corte más especializado como eran Eunos, Anfini y Autozam. Todas ellas fueron echando el cierre antes de que acabara la década (y el siglo y el milenio), pero M2 Inc. fue incluso más breve.
Fundada en 1991, fue una compañía concebida como una especie de “skunkworks”, es decir, una unidad interna de desarrollo especializada en preparaciones que llevara los modelos de Mazda a cotas más altas de deportividad, así como en el desarrollo de prototipos especiales.
La idea era que los clientes tuvieran una relación más cercana con el fabricante: cualquier comprador de un Mazda podía acercarse a uno de los puntos de venta de M2 y, allí, entablaría conversación directamente con un miembro del equipo, para dar su opinión sobre aspectos visuales del coche, hablar sobre los prototipos allí expuestos o expresar cómo le gustaría que se comportase su siguiente modelo.
Los miembros del equipo recogerían dicha información, anotando los puntos de vista que les pareciesen más interesantes para quizá en el futuro aplicarlos a un nuevo prototipo o a uno de los modelos de edición limitada que produjo la compañía.
A pesar de que su trayectoria no fue muy larga, dio tiempo a crear varios vehículos que fueron de lo más llamativos.
La mayoría estuvieron basados en la estrella de la firma, el Mazda MX-5 en su generación NA, que sirvió de tirada para varias tiradas limitadas de 300 unidades. El M2-1001 Clubman fue una variante todavía más ligera y minimalista del modelo base, y el M2-1002, que destacaba por su elegancia interior, con acabados en cuero y madera (procedente de Yamaha) que reforzaban su carácter premium.

El M2 1006 CobraSter fue uno de los que más aplausos recibió, puesto que llevó el concepto del Miata más allá de lo imaginado hasta la fecha, puesto que montaba un motor V6 de 2,5 litros bajo el capó. Sin embargo, el costo técnico y la complejidad del proyecto hicieron que finalmente fuera cancelado y no viera la luz.
Fue el mismo destino que corrió el M2-1020, la única interacción de M2 Incorporated con el Mazda RX7-FD. Se presentó como un prototipo que contaba con un motor mejorado, un nuevo sistema de escape, una carrocería específica con aerodinámica optimizada, suspensión ajustable, llantas firmadas por BBS… pero que tampoco llegó a producirse.
Siguiendo con otros modelos diferentes con los que se trabajó, el Mazda 323, compacto de aquella época, sirvió de base para desarrollar el M2 1005, una versión de rally del Mazda 323 diseñada con miras a competir en la categoría Grupo A que quería explorar la posibilidad de entrar en la competición tomando como base un modelo de producción.
También hubo tiempo de intentar entrar en el terreno de los kei-car. M2 cogió el AZ-1 para crear varias versiones, desde una con techo demontable a otra de corte todoterreno, pero fue la de rally, el M1 1015, la que más llamó la atención: cuatro faros, carrocería bitono, llantas de 8 radios, un gran alerón…
El problema de M2 Incorporated fue de ‘timing’. Mazda tenía modelos que eran susceptibles de ser modificados para potenciar su deportividad y los prototipos desarrollados también cayeron bien entre el público. Sin embargo, nació justo cuando estaba a punto de explotar la burbuja económica en la que se encontraba Japón.
Precisamente por ello, tan solo cuatro años después de nacer, en 1995, echó el cierre, poniendo un punto y final, por el momento, a la historia deportiva de la compañía.