El Hyundai Tiburón se llamó Hyundai Coupé en España por no tener líos con una marca francesa

El Hyundai Tiburón fue todo un éxito para la marca coreana, pero en España lo conocidos como Hyundai Coupé para evitar problemas con Citroën.
Si hablamos de Hyundai Tiburón, los que estén más puestos en el mundo del automóvil sabrán a qué modelo nos referimos, pero si le planteamos la cuestión a cualquier paisano al azar, posiblemente no tenga ni idea pese a ser un coche que ha visto en innumerables ocasiones en las carreteras españolas. ¿La explicación? Evitar un conflicto con una marca francesa.
El Hyundai Tiburón fue un coupé deportivo compacto producido por el fabricante surcoreano Hyundai entre 1996 y 2008. Con un diseño llamativo y una orientación hacia el público joven, el modelo buscaba competir en el segmento de los deportivos accesibles y, precisamente por eso, se le conoció en muchos lugares como el “Ferrari de los pobres”.
Sin embargo, el nombre con el que se comercializó no fue el mismo en todos los mercados del mundo y en algunos lugares eso se debió a un potencial conflicto con la marca francesa Citroën.
En su país de origen y en varios mercados internacionales fue conocido como Hyundai Tiburón (aunque en ciertas regiones se le denominó como Hyundai Tuscani), un nombre elegido por su carácter agresivo y deportivo, además de relacionado con la silueta del coche, que buscaba evocar la imagen del tiburón como símbolo de potencia y agilidad.
Sin embargo, en Europa el vehículo fue comercializado bajo el nombre de Hyundai Coupé y el motivo estuvo en evitar un conflicto con la marca del doble chevrón.
Y es que, por mucho que el modelo de Hyundai marcara una época, si en el mundo del motor se menciona la palabra ‘tiburón’, en lo que se piensa es en un modelo de Citroën.
La firma francesa presentó el 5 de octubre de 1955 el Citroën DS ‘Tiburón’ en el Salón del Automóvil de París, sustituto del Citroën Traction Avant y nuevo buque insignia de la compañía, que había sido concebido como imagen del resurgimiento del fabricante después de la Segunda Guerra Mundial.
Su nombre si que se debía a la forma del vehículo, muy similar a la del escualo, con un diseño que, a pesar del tiempo, sigue manteniéndose elegante y atemporal. El frontal era incisivo, sobre el sobresalían dos grandes faros redondos (en ciertas versiones incluso fueron dobles) y el paragolpes lucía voluminosas protecciones cromadas.
Las llantas tenían un formato completamente cubierto, destacaba a gran superficie acristalada de la que disponía, el techo tenía un color de contraste y la línea de cintura marcaba una suave curva descendente, que terminaba en una estilizada zaga.
Además, su interior también era muy avanzado, con un interior que destacaba por una ergonomía en la que el conductor no tenía que soltar el volante para tener acceso a todos los mandos.

Sin embargo, por lo que dejó huella fue por ser un coche adelantado a su tiempo, con una ristra de avances tecnológicos que le hicieron no tener competidor, pero que a la postre hicieron que se estrellara en ventas, ya que su precio era demasiado elevado (aunque justificado por la tecnología de la que disponía).
De la que siempre se habla es de la suspensión hidroneumática que es marca de la casa y tenía un funcionamiento bastante peculiar: se reemplazaron los muelles por esferas, que en la zona superior tenían nitrógeno para dar flexibilidad, mejorando el filtrado de las irregularidades que había en la carretera y consiguiendo un confort inusitado.
También tenía una caja de cambios hidráulica, avanzada y que permitía los cambios entre relaciones con movimientos muy cortos; disponía de dirección asistida, un elementos harto común hoy en día pero muy moderno para aquella época; y también de frenos de disco, elementos que el DS Tiburón fue el primero en montarlos de serie, puesto que hasta entonces sólo se habían visto en las 24 Horas de Le Mans.
Teniendo todo esto en cuenta, el legado del ‘Tiburón’ en territorios europeos era enorme, así que Hyundai fue prudente y no quiso meterse en problemas con Citroën, por lo que se decantó por cambiar el nombre de su vehículo, a uno más descriptivo pero menos pasional.

Sin embargo, lo curioso de toda esta historia es que, aunque la compañía francesa lo hubiese usado, no tenía los derechos exclusivos de uso del nombre, así que sobre el papel, Hyundai lo podría haber empleado. De hecho, la firma coreana si que lo registró como propio.
A pesar de ello, no se puede pensar que el cambio de nombre le pasara factura el Coupé, puesto que tuvo un rendimiento comercial bastante bueno. En España estaba disponible desde 1.828.082 pesetas y se vendió como si no costase, siendo uno de los coches llamativos más habituales de ver en nuestras carreteras a principios de los 2000.
