El acertijo de Nissan: ni todos los GT-R son Skyline, ni todos los Skyline son GT-R

Nissan Skyline GT-R R32
Nissan Skyline GT-R R32

El Skyline GT-R es uno de los modelos más emblemáticos de Nissan, pero en la gama surgen paradojas e incertidumbres: ni todos los GT-R son Skyline, ni todos los Skyline son GT-R. La historia lo demuestra.

¿Sabías que el Nissan GT-R no siempre ha sido un Skyline? Lo cierto es que la compañía japonesa ha hecho que esta emblemática denominación vaya cambiando con el paso de los años hasta convertirse en una leyenda de segmento de coches deportivos. 

Pero antes de que todo tuviera lugar, Nissan vendía el Skyline con un formato muy diferente. De hecho, ni tan siquiera era un Nissan, sino una marca asociada.

Resulta que el Nissan Skyline tiene su origen realmente en 1957. Sin embargo, como te decía en el párrafo anterior, no era un modelo de Nissan, sino de Prince Motor Company, un fabricante que pasó a formar parte de Nissan en 1966, lo que le otorgó a la compañía japonesa acceso directo a la denominación Skyline.

El origen del Skyline estuvo muy lejos de Nissan

Nissan Skyline GT-R 'Hakosuka'
Nissan Skyline GT-R 'Hakosuka'

Y el Skyline nació como un vehículo familiar en 1957. Ese primer modelo era una berlina compacta que utilizaba un humilde motor de cuatro cilindros y 1.5 litros con 60 CV de potencia. No había rastro ni de un solo ápice de deportividad en su concepción y desarrollo. Y Prince no tenía tampoco intención de que fuera un vehículo deportivo a pesar de que en la década de 1960 contó con versiones coupé y convertible.

Así siguió siendo en la segunda generación del Prince Skyline. Seguía siendo una berlina de cuatro puertas, pero por primera vez se recurre a los motores de seis cilindros en serie con el objetivo de participar en la clase GT-II del Grand Prix Japonés y verse las caras con los todopoderosos Porsche 904. De esta iniciativa nacería una variante deportiva, el Prince Skyline 2000GT.

Por el momento, no había ni rastro del GT-R. Algo que no cambiaría hasta el año 1969, cuando arranca oficialmente la historia del del Nissan GT-R con la tercera generación del, ahora ya sí, Nissan Skyline, conocida como C10. Junto a esa generación se presentó el Skyline GT-R en su versión de cuatro puertas, y no sería hasta 1971 cuando esa carrocería se convirtió en un coupé.

Aquel primer Skyline GT-R, conocido como 'Hakosuka', no era un superdeportivo al uso, sino una berlina de cuatro puertas con un motor de 2.0 litros y 160 CV de potencia. Sin embargo, más allá de las cifras, aquel coche sentó las bases de una forma muy particular de entender la deportividad: accesible, auténtica y con una clara vocación de competir y ganar.

Con el paso de los años, el Skyline fue evolucionando, reflejando también los vaivenes de la industria del automóvil. La Crisis del Petróleo de 1973 marcó un punto de inflexión y obligó a Nissan a guardar el nombre GT-R en un cajón durante 16 largos años. Por el camino hubo otras versiones, pero las siglas GT-R permanecieron en un letargo que las trasladó directamente a finales de los años ’80.

Del primer GT-R a la leyenda del Skyline

Nissan Skyline GT-R R32
Nissan Skyline GT-R R32

Esta ausencia no hizo sino alimentar el mito. Porque cuando el GT-R regresó, lo hizo para cambiarlo todo. En 1989, coincidiendo con la llegada de la octava generación del Skyline, Nissan presentó el GT-R R32, un modelo que muchos consideran, aún hoy, el mejor GT-R de la historia.

Fue precisamente a finales de la década de 1980 cuando el GT-R dejó de ser solo un coche para convertirse en un icono. El R32 arrasó en competición, construyendo una reputación basada en hechos y victorias, no en marketing.

Parte de su fama mundial se debe a su sistema de propulsión, el cual combinaba un motor, el RB26DETT, de seis cilindros en línea sobrealimentado de 2.6 litros, con 280 CV de potencia, junto a una caja de cambios manual y un avanzado sistema de tracción a las cuatro ruedas, conocido como ATTESA, que contribuyó a que dominara con mano de hierro competiciones como el Campeonato Australiano de Turismos (Grupo A).

De hecho, fruto de sus victorias y superioridad en el campeonato austral, fue que el GT-R R32 recibió el apodo de ‘Godzilla’. Se dice que solo a esta generación se le puede llamar con este sobrenombre, aunque esta denominación se suele emplear sin distinción en todas las generaciones del Nissan Skyline GT-R.

Aquel éxito dio lugar, además, a dos nuevas generaciones que continuaron la estirpe con el mítico motor RB26DETT. Por un lado, el R33, lanzado en 1994, y, por el otro, el R34, presentado en 1999, un coche que trascendió el mundo del motor para instalarse definitivamente en la cultura popular.

La leyenda dio un nuevo giro en 2007 con la llegada del GT-R R35, la undécima generación, ya desligada del nombre Skyline. Fue un movimiento arriesgado, pero también valiente. Nissan apostó por el motor VR38DETT, un V6 biturbo de 3.8 litros que en su versión Nismo alcanzó los 600 CV.

Un motor tan robusto y carismático que demostró tener un potencial casi ilimitado, con preparaciones que han llegado a rozar los 1.500 CV. El R35 no solo mantuvo vivo el espíritu GT-R, sino que lo proyectó al siglo XXI, consolidando su estatus como uno de los deportivos más admirados, respetados y deseados del mundo.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España