En los 2000 todas las marcas querían tener su M3. Lexus también, pero le salió mal la jugada. 20 años después, es una berlina encantadora

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El Lexus IS-F quiso plantar cara al BMW M3 de su época, la jugada no le salió bien del todo, pero el tiempo le ha puesto en su lugar.
A comienzos del nuevo milenio, cuando el mercado automovilístico estaba más dispuesto a celebrar a las berlinas deportivas que en la actualidad, el BMW M3 se erigía como el rey indiscutible de las berlinas deportivas, título que posiblemente hoy siga manteniendo. Por aquel entonces, con su equilibrio dinámico, su motor atmosférico de seis cilindros y una estética por la que no parece que pase el tiempo, el M3 era la referencia que todas las marcas querían igualar. No solo las alemanas, competidoras tradicionales de la firma bávara, Lexus decidió entrar en la batalla con su propia propuesta: el Lexus IS-F.
Presentado a finales de 2007 y lanzado al mercado en 2008, el IS-F fue el primer intento serio de la marca japonesa por plantar cara a los alemanes en el segmento de las berlinas deportivas de alta gama. Tradicionalmente hablar de berlinas premium, todavía más si son de altas prestaciones, ha supuesto hablar de Mercedes, Audi y BMW, pero el fabricante nipón quiso postularse como una alternativa a tener en cuenta.
El IS-F montaba un generoso motor V8 atmosférico de 5,0 litros que desarrollaba 423 CV de potencia. Estaba asociado a una caja de cambios automática de 8 velocidades “Sport Direct Shift”, un combo que resultaba en unas prestaciones contundentes: aceleración de 0 a 100 km/h en 4,8 s y una velocidad máxima limitada electrónicamente a 270 km/h. Nada mal para no ser un alemán.
De hecho, el Lexus IS-F sobre el papel estaba por encima de quien todos consideraban que era la referencia: frente a los 337 CV y 365 Nm de par del M3 de la época, el japonés ofrecía un motor con cifras superiores, más musculo, por resumir. La cuestión es que el arte de hacer una berlina deportiva no se limita únicamente a poner más potencia sobre la mesa.
Donde el M3 destacaba de sobre manera era en su precisión de conducción. Quien tenía la suerte de echarle el guante, destacaba aspectos como su tacto de freno, el reparto de pesos y la sensación de relativa ligereza que hacía que fuera juguetón y versátil tanto para afrontar una carretera de montaña como para entrar en circuito.
Era esa deportividad radical inherente lo que le distanciaba de su competencia, algo que también ocurría con un Lexus que, aunque tenía ciertas ínfulas deportivas, contaba con un enfoque más burgués y centrado en el confort, algo que se podía apreciar en una suspensión más cómoda y en una respuesta de dirección menos directa. Ambos puntos eran buenos a la hora de conducir, pero le restaban puntos frente al carácter del M3.
Por eso, el resultado fue que, aunque el IS-F ofrecía velocidad y un motor delicioso, además de la legendaria fiabilidad de Lexus, no terminó de convencer a los puristas de las berlinas deportivas. La percepción general entre muchos entusiastas era que, pese a su potencia, el comportamiento no era suficientemente deportivo.
Esto se tradujo en cifras de ventas bastante modestas: a lo largo de su vida comercial, que se extendió hasta mediados de la década de 2010, solo se produjeron alrededor de 11.500 unidades. Eso sí, a esto también contribuyo que tuviera un precio bastante elevado, estando disponible en España desde unos 84.000 euros, una cifra no precisamente barata.

El paso del tiempo ha cambiado algunas percepciones, aunque no todas. Dos décadas después, el Lexus IS-F se ha ganado su lugar entre los aficionados. Su V8 atmosférico ofrece un sonido, y una respuesta que muchos valoran hoy más que cuando salió de fábrica. Además, su fiabilidad reputada hace que el paso del tiempo no le afecte tanto como a sus rivales, algo que se puede apreciar en el mercado de segunda mano.
Si echamos un vistazo páginas especializadas en la compraventa de vehículos, nos encontramos que el paso del tiempo también ha nivelado las expectativas económicas de ambos modelos. Un Lexus IS-F usado parte desde aproximadamente 44.000 euros, aunque la cuantía depende del estado de la unidad, del kilometraje y del año de fabricación. Por su parte, el M3 de la misma época suele encontrarse a precios variados, con ejemplos bien conservados que pueden rondar los 40.000 euros.
Es algo que tiene cierta lógica, porque el Lexus es un modelo bastante más exclusivo, porque se vendieron muchas menos unidades, y porque, aunque las que estén a la venta tengan bastantes kilómetros a sus espaldas, la reputación de la marca en términos de fiabilidad hace que estén bien valoradas. Eso no quiere decir que un BMW M3 sea barato, pero sí que la oferta es algo mayor, así que los precios se ajustan algo más a la baja.

