Nadie lo vio venir: en el año 2000 apareció un concept que adelantaba el mayor terremoto del mundo de los superdeportivos. Es el Audi Rosemeyer con el motor W16

En los primeros momentos del siglo XXI Audi sorprendió a todos con el Rosemeyer, un concept superdeportivo de inspiración retro con motor W16 y cambio manual.
Audi sabe hacer superdeportivos. El ejemplo más reciente es el Audi Nuvolari, pero también podemos pensar en el inconfundible R8 que tantas alegrías nos ha dado durante años. Sin embargo, hace más de dos décadas la firma de los cuatro aros no era tan dada a fabricar este tipo de coche y por ello pilló a todos por sorpresa cuando concibió el Audi Rosemeyer.
En el año 2000, Audi se propuso crear un superdeportivo concept que hiciera un homenaje al pasado. Por una parte, buscaba hacer referencia a la historia en competición como Auto Union, mientras que por otro lado también pretendía recordar a Bernd Rosemeyer, piloto oficial de Auto Union que murió con apenas 28 años. En competición logró numerosas victorias, se hizo con el Campeonato Europeo de Pilotos en 1936 y fue la primera persona en superar 400 km/h en una carretera pública; fuera del motor, fue un conocido miembro de la organización SS, al servicio de Adolf Hitler y el Partido Nacionalsocialista alemán. Por supuesto, este homenaje solo estaba enfocado en su faceta de piloto.
Ya hemos visto muchos coches que se inspiran en el pasado a modo de homenaje y la receta suele ser la siguiente: tomar un modelo antiguo como referencia y reinterpretarlo de alguna forma o utilizar solo algunos de sus rasgos clave en la nueva creación. En este caso, la inspiración provenía del Auto Union Type 52 de la década de 1930 y su estilo fue reinterpretado en un coche neoretro de principios del siglo XXI.
El Audi Rosemeyer dejó a todos sorprendidos en cuanto apareció en escena. Eran 4.539 mm de largo y 1.920 mm de ancho de un coche que parecía venido de otro planeta. Estaba repleto de formas redondeadas y su carrocería estaba compuesta de aluminio pulido, lo que le dio una apariencia inconfundible. Además, también contaba con rasgos que buscaban recordar a los Auto Union del pasado, como las ranuras de la parte trasera y una parrilla delantera idéntica a la del coche original que comandaba el frontal.
También en esta parte delantera llamaban la atención los faros, con una configuración compleja y una especie de pestañas que se desplazaban hacia arriba para descubrirlos, así como la ausencia de espejos convencionales en favor de unas cámaras. Junto a esto, tampoco pasaban desapercibidos aspectos como las proporciones, con una generosa distancia entre ejes de 2.911 mm y una pronunciada caída del techo hacia la parte posterior.
Con esto y con unas superficies muy limpias en lo general, el Audi Rosemeyer era una declaración de intenciones que mostraba un lado de la firma alemana que nadie esperaba. Lo mismo sucedía dentro, con un interior que no se parecía al de ningún otro coche de la marca y que también contaba con una cierta inspiración en el pasado.

El detalle clave a bordo era el volante, de generosas dimensiones y colocación muy vertical, con cuatro radios. Era el elemento que presidía un salpicadero poco recargado en un habitáculo con dos plazas que estaba forrado con acolchado Nomex ignífugo, así como con piel de buena calidad. A bordo también hay algo más que conviene mencionar: una palanca de un cambio manual de seis velocidades.
El motor del Audi Rosemeyer, según la compañía de Ingolstadt, era un W16 de 8.0 litros colocado en posición central. En teoría, rendía 710 CV y 760 Nm de par, fuerza que se gestionaba a través de dicha caja manual de seis relaciones y que se transmitía a ambos ejes mediante el sistema de tracción quattro del fabricante.
En cualquier caso, nada de esto se pudo comprobar, ya que este modelo no estaba destinado a ser nada más que un concept. En cierto modo, era una muestra de lo que la marca de los cuatro aros podía hacer, así como una base de pruebas de un superdeportivo con motor de 16 cilindros apenas unos años antes de que el Bugatti Veyron, también perteneciente al Grupo Volkswagen, saliera a la luz.
Por parte de Audi, su exploración en el terreno de los coches más prestacionales no se quedó en el Rosemeyer y posteriormente nos dio el R8, eso sí, con un motor V10 como opción más grande y un aspecto más convencional que podía convencer a una mayor parte del público. Aun así, no nos habría importado que este concept hubiera llegado a las calles. Al fin y al cabo, era casi un Veyron con cambio manual.

