El Toyota Supra A70 tenía uno de los motores de seis cilindros turbo más añorados por los aficionados al JDM: el 7M-GTE

Antes del 2JZ-GTE del Toyota Supra Mk4, su predecesor, el Toyota Supra A70, montó un motor mítico pero mucho menos conocido, el 7M-GTE.

Si hablamos de motores míticos de Toyota es inevitable que todo el mundo piensa en el mítico 2JZ-GTE, conocido por dar vida a un mito como el Toyota Supra Mk4 y por ser uno de los bloques favoritos de los preparadores, por su facilidad de potenciación y los niveles a los que se le podía llevar. Sin embargo, su predecesor también es un propulsor notable que no recibe el reconocimiento que debería, el motor 7M-GTE.

Si éste no hubiera existido aquel, así que hay que reconocerle el mérito que merece. Empleado por el Toyota Supra A70 (además de por otros modelos de menor renombre, como es el Toyota Soarer), fue producido entre los años 1986 y 1992, destacando por su potencia, fiabilidad y potencial de modificación; siendo además uno de los primeros deportivos japoneses en ofrecer turboalimentación.

Para analizarlo como es debido, lo primero que hay que tener en cuenta es el contexto en el que nació este motor. Eran mediados de los años 80, momento en el que los fabricantes japoneses se encontraban en plena carrera tecnológica. Toyota era una marca, como ocurre ahora, reconocida por su fiabilidad, pero por aquel entonces empezó a experimentar con configuraciones más deportivas.

El objetivo era plantar car a rivales directos como Mitsubishi, Nissan y Mazda; por lo que en su lista de competidores estaban el 13B-REW de Mazda o un también icónico VG30DET de Nissan.

Así, Toyota optó por una solución que le dio muy buen resultado, partiendo del 7M-GE, creó una versión turboalimentada que sería el motor 7M-GTE, que sería el encargado de dar vida al Toyota Supra Mk3, también conocido como A70. Tenía un gran rendimiento, pero la firma nipona fue conservadora en lo referente a la presión de la sobrealimentación, buscando una fiabilidad notable a largo plazo.

El 7M-GTE era (y lo es, si sigue habiendo ejemplares operativos) un motor de 6 cilindros en línea (I6) con una cilindrada de 3,0 litros que utiliza un bloque de hierro fundido con una culata de aluminio DOHC (doble árbol de levas en cabeza) y 4 válvulas por cilindro. Su sistema de alimentación combina inyección electrónica de combustible y un turbocompresor CT26 de una sola etapa.

Ésta es su ficha técnica:

  • Configuración: 6 en línea, DOHC, 24 válvulas
  • Cilindrada: 2954 cc
  • Relación de compresión: 8.4:1
  • Potencia máxima: 232 CV (173 kW) @ 5600 rpm
  • Par máximo: 344 Nm (254 lb-ft) @ 3200 rpm
  • Turbo: Toyota CT26, presión de serie ~6-8 psi
  • Combustible: Gasolina (inyección electrónica EFI)
  • Refrigeración: Líquida
  • Peso: 210 kg
  • Consumo de combustible: 14,2 l/100 km en ciudad, 8,9 l/100 km en carretera y 11 l/100 km en combinado

Los puntos fuertes y débiles del 7M-GTE de Toyota

Aunque Toyota fue conservadora en su concepción, buscando la fiabilidad, la construcción del motor fue muy robusta, con un bloque de hierro que le hizo capaz de soportar potencias muy superiores a los 232 CV que desarrollaba de serie, llegando a superar los 500 CV en manos de los preparadores.

Estas cifras se alcanzaban, además, de manera relativamente sencilla, puesto que era un propulsor fácilmente modificable: reprogramar la centralita, instalar un turbo de mayor tamaño, mejorar la refrigeración o cambiar los inyectores resultaban en aumentos de potencia importantes.

Por último, también ha recibido elogios por su peso (210 kg) y la distribución de éste, lo que ha hecho que sea un bloque muy utilizado en swaps, intercambios de motor, para trasplantárselo a otros coches, tanto de la propia Toyota como de otras marcas.

Sin embargo, no todo iba a ser bueno, el 7M-GTE también alguna que otra debilidad. De hecho, hay una que destaca sobre el resto: la junta de culata.

Según parece, de fábrica, Toyota aplicaba una fuerza de apretado de los pernos de culata demasiado bajo, lo que resultó derivaba en fallas en la junta, normalmente en el sexto cilindro, especialmente si no se tenía cuidado con el mantenimiento o el bloques que tenían un rendimiento muy elevado, algo que era común debido a las preparaciones.

Lo bueno es que solventarlo era bastante sencillo, bastando con apretarlos por encima de las especificaciones originales, algo que aumentaba considerablemente su fiabilidad.

Otras quejas que suelen hacerse respecto al motor pasan por el rendimiento del turbo, que no se diseñó para soportar potencias muy altas, así que es necesario cambiarlo si se quiere obtener un rendimiento más alto, problemas con la bomba de aceite o el hecho de tener que estar atentos a su mantenimiento para evitar problemas.

Sea como fuere, el motor 7M-GTE de Toyota fue mítico y, sobre todo, actuó como antesala del 2JZ-GTE.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España