En 1958 un diseñador tuvo una visión de los coches en el año 2000, el Simca Fulgur. No acertó, pero Robert Opron dejó un legado tan imponente como el Citroën DS o el Alpine A310

Simca Fulgur
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El Simca Fulgur de 1958 es uno de esos coches con el que los diseñadores de la época trataban de adelantarse a su tiempo, intentando mostrar al mundo cómo serían los vehículos en el siglo XXI.

Los prototipos y concept cars sirven para adelantar nuevos lenguajes de diseño, tecnologías que pueden acabar llegando a los vehículos de producción y para adelantar cómo serán los coches en el futuro. Esto último es algo a lo que muchos diseñadores y fabricantes recurren, ejercicios de diseño como el Simca Fulgur de 1958, creado por Robert Opron, y que se utilizó para mostrar al mundo cómo creían que iban a ser los coches en el año 2000. Y aunque no acertó, sí que dejó para el recuerdo uno de los vehículos más extraños que se recuerdan de aquella época. 

Empecemos hablando primero de Robert Opron, uno de los diseñadores de coches más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Tras iniciar su carrera en Simca, se incorporó a Citroën en 1962, donde llegó a dirigir el departamento de diseño y dejó su huella en algunos de los modelos más representativos de la marca, como el SM, el GS y el CX, además del rediseño del DS. En 1975 fichó por Renault, donde participó en proyectos como el Fuego, el Renault 25 y la actualización del Alpine A310. Posteriormente trabajó para Fiat, donde también estuvo vinculado al desarrollo del llamativo Alfa Romeo SZ.

Simca Fulgur, el concept car que adelantaba cómo serían los coches en el año 2000

Simca Fulgur
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Sin embargo, el coche más extraño que diseñó Opron fue, sin lugar a dudas, el Simca Fulgur. Corría el año 1958 cuando un joven diseñador inició un proyecto en el que imaginaba cómo serían los coches en el siglo XXI. El concept car debuta ante el gran público en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1959 y hace apariciones en el Salón de Nueva York de ese mismo año, y en el Salón de Chicago de 1961.

El Fulgur era lo más parecido a una nave espacial que podían imaginar a finales de los años ’50. Pero lo más interesante es que la inspiración para dar forma a este vehículo provino de unos niños. Simca y el equipo de Robert Opron tuvieron en cuenta las sugerencias que los lectores de una revista francesa de la época destinada al público infantil hicieron para crear el prototipo.

De este modo, el vehículo fue construido con una carrocería aerodinámica totalmente carenada, una cabina con superficies acristaladas con espacio para dos pasajeros y una zaga donde lo más llamativo era su alerón en forma de V. Quizás lo que más llama la atención es que no se ven las ruedas, y eso es porque el Fulgur fue diseñado para funcionar sobre carreteras adaptadas a su uso.

El concept car tenía ruedas porque esas carreteras no existían (ni existen), pero la idea era que en lugar de llantas y neumáticos hubiera un sistema de acople a un rail enterrada bajo el asfalto. Por lo tanto, el Simca Fulgur era una especie de monorraíl privado que, además, elevaba el eje delantero cuando circulaba a más de 150 km/h.

Esta extraña posición que adoptaba el prototipo la podía mantener porque hacía uso de un giroscopio, apoyado en el alerón en forma de V que se movía para permitir que el Fulgur pudiera girar. En cuanto a la cabina, una pareja de asientos prototípicos y un volante tipo yoke inspirado en el mundo de la aviación era todo lo que se necesitaba para viajar.

Motor eléctrico o nuclear, el misterio nunca resuelto

Simca Fulgur
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En el apartado mecánico hay ciertas discrepancias. No está del todo claro qué tipo de sistema de propulsión utilizaba el Simca Fulgur. Muchas son las fuentes que apuntan a que era un coche eléctrico y que estaba equipado con dos motores en el eje trasero, uno en cada rueda. Pero también hay informes que apuntan a que tenía un sistema de propulsión nuclear.

Eso sí, el prototipo que se presentó en Ginebra, Nueva York y Chicago no contaba con ningún tipo de motor. No obstante, antes de su presentación se le instaló un motor de combustión que permitía al coche moverse por sus propios medios, algo que dio pie a una curiosa anécdota, ya que el motor le permitió salir a la vía pública, pasar por los Campos Elíseos en París y acabar con una multa de la Policía.

El Simca Fulgur es uno de esos concept cars creados hace casi 70 años que, a pesar de los esfuerzos de su diseñador, no acabó adelantando cómo sería la automoción en el año 2000. Hoy, los coches se basan en los mismos conceptos básicos que los vehículos de la década de 1950 y 1960, aunque siempre es interesante descubrir cómo se imaginaban el futuro en la época y en qué ha acabado convirtiéndose.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España