Conoce al hombre que construyó el coche teledirigido más rápido del mundo: "Las carreras de teledirigidos me hicieron interesarme por la ingeniería"

Los coches radiocontrol no son solo cosa de niños. Si no, que se lo digan a Stephen Wallis, quien ha creado el coche teledirigido más rápido del mundo, capaz de superar los 370 km/h.
Si alguien te dijera que un inventor aficionado llamado Wallis había fabricado un coche que batía récords mundiales en su garaje, le dirías que dejara de comer queso Wensleydale por la noche. Pero junto a los grandes poseedores del récord británico de velocidad en tierra —nombres como Campbell, Segrave, Cobb, Noble y Green—, ahora puedes añadir a Wallis. Stephen Wallis. Diseñador, constructor y piloto del coche teledirigido más rápido que el mundo haya visto jamás.
En su taller, entre bicicletas de montaña, coches y aviones teledirigidos, viejos electrodomésticos y herramientas, explica cómo el resurgimiento de una afición de la infancia le llevó a construir un coche tan rápido como un McLaren F1.
“De niño, me encantaban los coches teledirigidos. Nunca tuve un Tamiya; tenía un Mardave Mini y luego un Schumacher Cougar Club 10, con el que jugaba en la calle frente a la casa de mis padres antes de convencerlos para que me llevaran a competir. Lo hice durante unos cuatro años; todavía conservo algunos trofeos de aquella época por aquí. ¡Mira, verano de 1997, primer puesto en la categoría de tracción a dos ruedas!”, señala.
“Las carreras de coches teledirigidos me ayudaron a interesarme por la ingeniería y a seguir una carrera profesional relacionada con las máquinas”. Stephen es actualmente ingeniero mecánico jefe en Royal Enfield, una auténtica institución en el mundo de las motos.

Cuando estudiaba ingeniería en la universidad, las motos eran su principal interés y las carreras de coches radiocontrol quedaron en un segundo plano a medida que la vida real se imponía. Pero décadas más tarde, un hallazgo fortuito le puso en el camino hacia la gloria del Récord Mundial Guinness.
“Me inspiró un coche teledirigido que había visto en YouTube llamado Mammoth. Tenía un aspecto increíble, pero no era nada resistente. Se rompía con mucha facilidad porque tenía la suspensión típica de un coche teledirigido con un motor de dron acoplado. Pensé que podía hacerlo mejor. Así que empecé con una hoja de cálculo y me puse a hacer unos cuantos cálculos para averiguar si el motor giraría a la velocidad adecuada y qué tamaño de ruedas se necesitarían”.
Aunque el diseño requirió darle algunas vueltas, la idea central que subyace al bólido de Stephen es de una simplicidad que te hace darte una palmada en la frente. ¿Conoces esos drones de carreras con motores que chirrían en cada rotor? ¿Y si los reutilizases para accionar individualmente las ruedas de un coche? La misma idea que el Rimac Nevera de cuatro motores y 2 millones de euros, pero del tamaño de un monopatín.

Stephen calcula que, incluyendo las baterías de 440 euros, este coche —en gran parte impreso en 3D y mecanizado con CNC, con piezas de carbono proporcionadas por amigos— le ha costado alrededor de 2.400 euros.
Stephen construyó un modelo más pequeño como prueba de concepto y superó con facilidad su objetivo de 193 km/h. “En el coche de récords, más grande, cada rueda tenía un motor de 5 kW, lo que equivale a unos siete caballos de potencia. Así que, en total, unos 28 caballos de potencia. Pero en la carrera en la que batí el récord solo utilicé unos 25 caballos de potencia; si lo llevo al máximo, simplemente destroza los neumáticos”.
Resulta que la gestión de los neumáticos es el factor limitante más delicado de estas travesuras de velocidad en miniatura. Los neumáticos personalizados de goma maciza y espuma quedan inservibles tras una sola carrera, sometidos a fuerzas g inimaginables mientras giran a 23.000 rpm. Eso son 380 revoluciones por segundo.
Así que Stephen intensificó su labor de I+D. Al igual que Bugatti y la NASA, ha construido su propio banco de pruebas de neumáticos de alta velocidad, capaz de simular hasta 418 km/h con diferentes pesos de coche, para saber cuánto tiempo aguanta su creación a la velocidad máxima antes de salirse de la pista.
Aquí se dan todos los retos de ingeniería propios de los vehículos de velocidad a escala real. Le pregunto a Stephen si la transmisión directa es mejor que montar una caja de cambios. “La ausencia de engranajes tiene sus pros y sus contras. Hay menos posibilidades de que algo falle, pero el inconveniente es que no se pueden ajustar las relaciones de transmisión. Lo único que se puede variar es el diámetro de los neumáticos y la tensión de alimentación”. ¿Es eso peligroso?
“Para alcanzar velocidades realmente altas, tengo que utilizar voltajes muy elevados para un coche teledirigido. Normalmente, una batería de 12 celdas a unos 50 V es el máximo para un coche teledirigido, pero yo he estado utilizando 18 celdas a 75 V, que es el tipo de voltaje que tiene una pequeña moto eléctrica”.

No todo ha ido sobre ruedas. “La primera vez que saqué el coche grande [al que Stephen ha bautizado como “La Bestia”], salió muy mal. Se me fundieron dos motores solo por conducir a baja velocidad, porque les hice pasar demasiada corriente. Se sobrecalentaron y el coche se incendió”. La carrocería impresa en 3D sigue carbonizada y cubierta de hollín por el incidente. “Solo tenía un motor de repuesto, así que conseguí comprar alambre de bobinado a un tipo en eBay y rebobiné el motor a mano”.
El 19 de septiembre de 2025, “The Beast” tuvo su cita con el destino. El escenario fue una jornada oficial de pruebas de la Radio Operated Scale Speed Association (ROSSA) en el aeródromo de Llanbedr, al norte de Gales. Stephen explica cómo conducir un misil terrestre cuando no estás a bordo.
“No es como un récord de velocidad en tierra, en el que estás dentro del coche y puedes tomar una carrera de 10 millas. En realidad, solo puedes correr hasta donde te alcanza la vista. Afortunadamente, mi vista está bien y podía ver hasta el final de la pista, así que pude llegar hasta la plataforma de hormigón del final. Eso me dio una carrera de unos 900–1.000 metros”.

Gracias a las pruebas previas, Stephen sabía que el coche se comportaba bien con vientos cruzados —por supuesto, había simulado la carrocería en un túnel de viento virtual mediante CFD—, pero aún así se requería una gran habilidad al volante.
“Solo tiene ocho grados de giro y está configurado con lo que se conoce como “expo”. Así que, cuando mueves la palanca del transmisor, el primer movimiento solo hace girar el volante una cantidad mínima. Conduces alejándote de ti para empezar la carrera lentamente y, luego, das la vuelta cuando llegas al punto de partida. Tienes que tener suficiente ángulo de giro para hacer ese giro de 180 grados”.
En la carrera de entrenamiento, “The Beast” igualó el récord mundial de velocidad de coches teledirigidos, de 350 km/h. A continuación, con un ligero viento de cola, logró alcanzar una velocidad verificada de 377,73 km/h. Esa es la cifra que figura en el certificado de récords de Guinness, lo que sería suficiente para la mayoría de la gente. Pero no. A él le gustan los números redondos. “La siguiente fase se llama ‘Proyecto 250’” dice sonriendo.
“Hay una gran camaradería en la comunidad de los coches de radio control. Un par de chicos en Estados Unidos van a por el récord, pero todos somos amigos”. Pero si la historia nos enseña algo, es a no subestimar nunca, jamás, al valiente británico con patillas que trastea en su garaje.


