"Moby Dick era un monstruo": es hora de conocer en persona al Porsche 935/78

El Porsche 935/78 fue apodado Moby Dick, probablemente por rivales que vieron cómo a este 911 le retocaron su bóxer de seis cilindros para alcanzar los 900 CV
Aquí está. El horizonte de sucesos de mi historia con el mundo del automóvil. En cuanto posé los ojos sobre él, el Porsche 935/78 me lanzó a un agujero negro del que nunca he logrado escapar. Qué coche tan absolutamente espectacular. No recuerdo la primera vez que lo vi. Quizá fue en alguna revista en la sala de espera de un dentista, o tal vez en algún breve reportaje sobre la historia de Le Mans en la televisión.
Para el chaval que yo era, los Fórmula 1 eran increíblemente molones a finales de los setenta, pero había algo en aquellos Grupo 5 que me fascinaba, probablemente porque aún conservaban cierto parecido con los coches de calle. Veía a los Capri, BMW 3.0 CSL y 935 a dos ruedas sobre los pianos y podía reconocer algo de automóvil en ellos. Eran máquinas salvajes, hinchadas de esteroides.

Pero, entre todos, destacaba una estrella: un coche llamado Moby Dick. Era un apodo que me parecía poco amable, una referencia a la gran ballena blanca de Herman Melville y, suponía, acuñado por rivales frustrados que intentaban ridiculizar a un coche que los estaba humillando en la pista.
Sí, humillando. Literalmente. Su primera carrera del Porsche fue las Seis Horas de Silverstone. Ganó con siete vueltas de ventaja. El temor para Le Mans era que no solo pudiera vencer en su categoría, sino también en la clasificación absoluta. Después de todo, el 935 convencional había ganado su clase en todas y cada una de las ediciones de Le Mans en las que había participado. Y, comparado con un 935 normal, Moby Dick era un monstruo.
Un inicio brillante y problemas de fiabilidad
El suelo se elevó, pero a la vez se bajó la carrocería 75 mm; la caja de cambios se montó invertida y el motor bóxer de seis cilindros y 3,2 litros fue completamente revisado (por Hans Mezger, naturalmente), incorporando culatas refrigeradas por agua y toda clase de soluciones ingeniosas, incluido un turbocompresor KKK adicional. En una época en la que el Porsche 911 Turbo de calle desarrollaba 260 CV, Moby Dick alcanzaba los 900.
En Le Mans 1978 se clasificó tercero absoluto y fue el coche más rápido en la recta de Mulsanne, alcanzando 366 km/h. Pero no era especialmente fiable. Pequeños problemas mecánicos y un apetito descomunal por el combustible hicieron que el único ejemplar inscrito por Porsche terminara octavo. Corrió algunas veces más, pero, aparte de Silverstone, en realidad no logró nada destacable.
En marcha es duro, aspero y difícil de conducir
Bueno, nada aparte de convertirse en una inspiración absoluta para mí y, probablemente, para muchísima gente más. Aun así, jamás imaginé que algún día llegaría a conducir uno. Bueno, uno no, “EL” 935/78, y descubrir que es tan difícil de conducir como pocos coches.
Lo más inquietante es el diferencial de deslizamiento limitado (LSD) mecánico, con bloqueos asimétricos, que hace que no le entusiasme precisamente tomar curvas. Giro el volante, las ruedas delanteras obedecen, pero las traseras preferirían seguir recto. Al final, algún tipo de acuerdo secreto entre ambos ejes consigue que el coche gire, aunque yo lo haga en un estado de considerable alarma.
Me pone nervioso cada vez que piso el acelerador en cualquiera de sus cuatro marchas. Pero hoy no pasará nada. Incluso un perezoso encontraría desesperadamente lenta la respuesta de los turbos...
...aunque lo que ocurre después es otra cosa. En algún momento, los compresores despiertan de su letargo y deciden ponerse a trabajar. Hay muchas señales de aviso, muchas oportunidades para levantar el pie, pero algo en todo ese proceso de pinchar al oso con un palo me impide soltar el acelerador.
Todavía no he encontrado ningún coche que descargue tanta fuerza, y de una forma tan brutal, directamente sobre mi columna vertebral, ni que acompañe esa experiencia con una gama tan amplia de silbidos, bufidos, chillidos, rugidos y ladridos mecánicos. Es una catapulta para las rectas, un compresor de distancias, uno de los poquísimos coches que he conducido que no parecen acelerar, sino saltar hacia delante.
Moby Dick no quiere ser tu amigo. Moby Dick es despiadado. Moby Dick no perdona errores. Moby Dick es sencillamente brillante. La experiencia de conducción más memorable y emocionante que el dinero no puede comprar.
Compitió hace ya casi 50 años y, aun así, sigue siendo el Porsche 911 más potente que ha existido jamás. Si el Grupo 5 regresara algún día, el descendiente del 935/78 necesitaría 2.300 CV para reproducir la ventaja de potencia que este coche tenía sobre el 911 Turbo original de carretera.
Solo imagínalo.
