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Prueba del Ford Kuga Vignale FHEV: comodidad y funcionalidad con aire premium

Ford Kuga Vignale

El SUV de Ford se viste de gala

8 10

Nuestro veredicto

El segmento de los SUV puede ser uno de los que más competitividad presenta actualmente y las marcas deben esforzarse para hacerse notar sobre el resto. Una de las apuestas de Ford es el Kuga, que llegó en 2007. Sin embargo, ahora ha evolucionado e incluso se presenta con mecánicas híbridas que lo pueden convertir en una opción más interesante. Si la oferta de la marca norteamericana es suficientemente buena es lo que voy a comprobar en esta prueba del Ford Kuga Vignale 2.5 DTEC FHEV.

Hay muchas cosas que se pueden decir de este modelo, pero prefiero ir por partes y comenzar con la sensación que transmite en el primer vistazo. Y es que lo primero que sobresale en el diseño del Ford Kuga, que sigue el actual lenguaje de la marca, es esa evolución a la que me he referido antes. En comparación con sus anteriores generaciones, ahora es un coche con una presencia más llamativa y, en casos como el acabado Vignale -a partir de 39.404 euros- de mi unidad de pruebas, más premium. 

Esta sensación se hace más fuerte cuando me fijo en elementos como la gran parrilla frontal en color negro con acentos cromados -los cuales se repiten por diversas zonas de la carrocería- o las llantas de 19” -con neumáticos 225/55 R19- que monta. Además, este modelo se presenta en el color Blanco Platinum, que parece tener un acabado perlado que realza las formas de su carrocería.

Espacio de sobra

Sin embargo, no estamos aquí para hablar solo de la estética. Algo evidente en este coche es que es más grande que su antecesor, ya que ha crecido en longitud y anchura. También ha visto aumentada su distancia entre ejes, lo que se traduce en un habitáculo claramente espacioso. Así, al sentarme en el interior del Ford Kuga veo que la habitabilidad es más que suficiente tanto en las plazas delanteras como en las traseras, con espacio adecuado para la cabeza en estas últimas, así como el maletero ofrece una buena capacidad para el día a día o para realizar un viaje.

Más allá de esto, la sensación dentro del Kuga es de calidad. Los materiales son agradables al tacto y los asientos de cuero son cómodos, aunque también hay que tener en cuenta el nivel de equipamiento en el que me encuentro. Y es que esta unidad incluye toda clase de ‘caprichos’ que te hacen el día a día más fácil como la apertura del maletero con el sensor de pie -que en ocasiones cuesta hacer funcionar-, el cargador inalámbrico de smartphone, protecciones en el filo de las puertas para evitar daños si le damos al coche que está aparcado a nuestro lado al abrirlas, etc.

Suave en todo momento

En definitiva, el interior está pensado para transmitir una sensación agradable y lo mismo se nota a la hora de conducir. Al circular en él, situado en una postura de conducción que siento bastante elevada, llego a la conclusión de que si tuviera que resumir en una palabra cómo es conducir este Ford Kuga Vignale sería “suavidad”. 

Su motor gasolina de 4 cilindros en línea con 190 CV empuja sobradamente, pero no entrega la potencia de manera brusca. Funciona habitualmente en torno a las 2.000 rpm y noto que es extremadamente silencioso. Además, se combina con una batería que se recarga con la frenada y le permite utilizar habitualmente el modo eléctrico, lo que se agradece si hablamos de los consumos. De hecho, en un uso habitual es fácil situarse en torno a los 5 litros cada 100 km. Una cifra que es muy positiva en un modelo tan voluminoso.

Por otro lado, en función de las circunstancias puedo elegir entre los modos Nieve/arena profunda, Eco, Normal, Resbaladizo y Sport. Es probable que no los acabes usando mucho, más aún si conduces una variante con tracción delantera como es el caso de mi modelo de pruebas, pero cada uno de estos modos actúa sobre la configuración de la caja de cambios automática de ocho velocidades de este modelo, que actúa con una adecuada inmediatez en todo momento.

Ford Kuga Vignale
Foto: Sergio Ríos

Más allá de la mecánica, al conducir este SUV noto cómo la suspensión absorbe sin problemas cualquier imperfección, casi sin que te enteres. La dirección, por su parte, también es suave y no comunica demasiado al conductor sobre la carretera. Si uno esto a los numerosos sistemas de ayuda como el de mantenimiento de carril o el asistente de aparcamiento, casi me da la sensación de que el coche podría ‘ir solo’ mientras me quedo como un pasajero más.

Sin embargo, lo cierto es que el Ford Kuga no está pensado para transmitir emociones fuertes o disfrutar de la carretera, sino para llevarte de un lugar a otro a lo largo de cientos de kilómetros con la mayor comodidad, algo en lo que cumple de sobra. Gracias a su buen comportamiento y al nivel de equipamiento que ofrece, no cabe duda de que se trata de una gran opción en su segmento.

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