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Prueba Mercedes-AMG GT R: un gran coch...yeeehaa!!!

Nunca un Mercedes estuvo tan cerca de Porsche.

deportivo aleman AMG GT-R lujo circuito prestaciones verde mate

Me preparo para empezar la prueba del Merdedes-AMG GT R y todavía recuerdo el día en el que se presentó el Mercedes-AMG GT a bombo y platillo: el rival del Porsche 911, decían. Más compacto y ligero que el Mercedes SLS AMG. Más enfocado a ser eficaz en circuito que a quemar rueda como un loco en línea recta. Un deportivo que debía ser el coche más divertido de la historia de Mercedes. Un coche clave en la nueva forma de pensar de la marca. ¡Mucho trabajo para un solo producto! La prueba del Mercedes-AMG GT R que estás a punto de empezar a leer es el culmen de todo este proceso.

¿El coche definitivo? Será un Mercedes-AMG GT de cuatro puertas

El Mercedes-AMG GT me gustó la primera vez que lo probé, pero está claro que el camino a recuperar, hablando de efectividad y sensaciones, respecto a un Porsche 911 actual, era tremendo, inmenso. El Porsche es directo, crea un vínculo hombre/máquina brutal. El Mercedes es bueno en curvas, pero es mucho más sensible, no transmite tanta confianza y el motor no se nota tan puntiagudo. Cuesta encontrarse más cómodo en él y, aunque cerca, todavía se queda claramente por detrás el mítico ‘nueveonce’, especialmente de las versiones más prestacionales. 

 

 

La presentación del Mercedes-AMG GT R de esta prueba también fue por todo lo alto y se presentó, casi casi, como un ‘carreras-cliente’. Su estética es brutal y el objetivo es conseguir un comportamiento dinámico en la pista descomunal, impresionante, casi de carreras. Lo confieso: quiero probarlo desde el primer minuto en que vi ese color verde en la pantalla de mi ordenador. Hoy lo tengo frente a mi y no puedo dejar de babear. ¡Qué espectáculo!

La verdad es que hablar de estética y/o de diseño, puramente, es complicado: lo que me gusta a mi no le puede gustar a otro. Para gustos, colores. Ahora bien, la prueba del Mercedes-AMG GT-R me dejó un titular contundente: es el coche con el que más fotos me han hecho por la calle. Eso deja algo evidente: es absolutamente espectacular estéticamente, apoyado por el color AMG Light Green Magno, un color que ya se ha convertido en el emblema de este coche y que es una auténtica pasada: jamás pensé que un color así pudiese gustarme tanto, especialmente sin ser fan de los colores mate, pero hay que reconocer que los 10.900 euros que cuesta pueden ser una buena inversión.

 

Prueba del Mercedes-AMG GT R: ¡estéticamente brutal!

Quiero mantener mi repaso estético más allá del color: en general el coche gana en anchura y su optimizada suspensión deportiva hace que el coche esté más cerca del suelo y gane en empaque. La vista trasera es un espectáculo y creo que es un claro ejemplo de la importancia estética que Mercedes ha desarrollado últimamente: el enorme difusor trasero, con el espectacular sistema de escape central, y el alerón trasero, todo terminado en una fibra de carbono de exquisita factura, hacen que solamente puedas babear cuando lo tienes delante. De verdad que gana muchos enteros respecto al AMG GT ‘normal’. Sin duda, lo que menos me gusta del coche son esas llantas con un ribete metálico más propio de un Dodge que de una bestia de circuito como esta.

La estética es personal, algunos pueden decir que es demasiado macarra para ser un Mercedes. Pero donde lo objetivo gana peso es puertas adentro. El interior del Mercedes-AMG GT no es ejemplar: tiene elementos ergonómicos que podrían estar mucho mejor acabados. La consola central es demasiado intrusiva y crea situaciones un poco raras, como la de tener la palanca de cambios muy retrasada o que prácticamente no tengas lugar para apoyar el brazo derecho. Ahora bien, en el AMG GT-R hay cosas que me gustan.

 

 

Me gustan los asientos: los backets AMG son un ejemplo de asientos bonitos, con un gran agarre lateral, duros, pero asumibles en un uso habitual. Un coche así tiene que tener asientos duros y contundentes, estos lo son, pero me parecen más usables y agradables en el día a día respecto, por ejemplo, los backets de un Porsche 911 GT3 2017. El acabado en general es bueno y detalles como la rueda del control de tracción variable ponen el toque diferenciador necesario. En general es un interior poco racing en un coche muy racing, con pequeños toques que finalmente crean un conjunto muy atractivo. Ahora bien, Mercedes debería empezar a apostar por la tecnología más puntera en el interior: en términos de infotainment y multimedia está a años luz de un Audi R8

Una vez aposentado en los backets, ajusto los retrovisores y compruebo que en este apartado también saca buena nota: hay buena visibilidad desde el interior, salvo el Pilar A que reduce algo el campo de visión en cruces y rotondas. Nada exagerado. Aprieto el botón de arranque y el V8 de cuatro litros cobra vida con un sonido contundente. Quizás me esperaba una ‘explosión’ inicial más bestia, arranca con brío pero sin asustar. Una vez en marcha, el borboteo es constante y la sonrisa aparece en tu boca. Es como un ‘sí pero no’, asusta pero también te invita a sobrevivir a sus mandos. No tienes la sensación de estar ante un coche que quiere matarte, cómo sintió mi compañero Luis Guisado en la prueba del Porsche 911 GT2 RS.

Me voy a badajoz para encontrar la palanca de cambios y coloco el modo en ‘D’. Si es la primera vez que llevas este coche y lo quieres llevar en modo manual, accionando las levas tras el volante, te vas a volver loco: para colocar el modo manual no debes mover la palanca hacia ningún lado, debes apretar un botón con una ‘M’ gigante en el centro de la consola. Si no lo sabes te costará entre 3 y 5 horas en encontrarlo (el mismo tiempo que tardarás en poner los cuatro intermitentes en caso de emergencia). Ves, estos detalles Porsche (o casi cualquier otra marca de lujo) los resuelve mejor.

 

Prueba Mercedes-AMG GT R: sorprendentemente noble

Suelto el freno y el coche echa a rodar: desde el segundo metro soy consciente de que la suspensión se siente algo más firme que la del AMG GT normal. Es más dura, sí, pero no es para nada insoportable. Me encanta el tacto del volante, terminado en Alcantara, así como la dureza de la dirección en un uso tranquilo. Empiezo la prueba del Mercedes-AMG GT R en la Gran Vía madrileña (en apenas cinco minutos ya me han cazado varias personas y aparezco en Facebook, ¡fli-pa!), probablemente el lugar más alejado de su hábitat natural. Y sobrevive, ¡vaya si lo hace! Es duro pero en serio, tras varios minutos de conducción urbana no tengo esa sensación de estar ante un coche creado por y para reventar el récord en el Circuito de Nürburgring. Es mucho más amable que un Porsche 911 GT3 o que el Abarth 696 Biposto de esta prueba, por poner dos ejemplos que me son más cercanos. No obstante, no quiero hacerlo sufrir más. Decido aparcarlo y dejarlo descansar: al día siguiente se le va a exigir mucho en el circuito y tiene que estar en plena forma. Yo también. 

 

 

Si buscas un coche para madrugar, no te compres un coche así y opta por ejemplo por su hermano pequeño el Mercedes Clase A. Arrancar en frío a las seis de la mañana en cualquier parking comunitario puede provocar enfados entre tus vecinos. ¡Luego no digas que no te avisé! Empieza el gran día y, para merendar, los 170 km que tengo por delante hasta el Circuito de Kotarr. En uso urbano me dejó impresionado, de verdad, y en autopista no es menos: la suspensión la mantengo en modo ‘confort’, dentro de lo confortable que puede llegar a ser. El coche se mueve en autopista con una firmeza y una pisada noble que abruma. Puntita de gas (o control de crucero) y a tragar kilómetros con sorprendente finura.

Llego al revirado Circuito de Kotarr con cierto miedo. La prueba del Mercedes-AMG GT R me ha demostrado que es un coche válido en el día a día y eso no suele ser buena señal cuando quieres destrozar un deportivo como este en la pista. La suspensión filtra bien y me da la sensación que el Porsche 911 GT3 con el que compartiré el circuito le va a destrozar. Ahora bien, es momento de cambiar el alma del coche: coloco el dial rotatorio de los modos de conducción en el más salvaje, el ‘modo Race’, acto seguido coloco el cambio en modo manual, la suspensión en el modo más duro y el escape en el modo más sonoro. ¡Oh, sí! ¡OH, SÍ!

 

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La pista está helada. El termómetro marca cinco grados bajo cero en lo más profundo de la meseta castellana. Así que entro a la pista con cautela: no quiero terminar contra el muro a la primera de cambio. Las primeras vueltas son de reconocimiento: hace mucho tiempo que no ruedo aquí y decido empezar tranquilo. Este tiempo también me pone sobre la mesa otro titular: pese a la suspensión súper dura, el Mercedes-AMG GT R sigue sin ser excesivamente incómodo o radical. Su equilibrio general es muy agradable y convence por su calidad de rodadura. 

 

Mercedes-AMG GT R: un motor V8 inmenso

No puedo evitar subir el ritmo y en la recta decido hundir el pedal derecho. El coche, en este modo de conducción, tiene una mala leche abrumadora. Encaro las marchas con ímpetu, el empuje es brutal y el sonido sabe a fuerza bruta. No es ninguna sorpresa: el motor V8 de cuatro litros es una maravilla. Lo probé en los 476 CV del AMG GT, más tarde en los 510 CV de la prueba del Aston Martin DB11 V8 y lo termino en los 585 CV del GT R. Es fantástico y sin duda me quedo con la rabia de esta versión, capaz de acelerar de cero a cien en apenas 3,6 segundos. 

 

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El motor es muy elástico y cada pisotón del acelerador se traduce en una pegada al asiento tremenda. Hablamos de 700 Nm desde solamente las 1.900 vueltas y que se mantiene constante hasta las 5.500 revoluciones. A 6.250 rpm se desata la máxima potencia. De acuerdo, no es un motor tan emocionante en altas como el ‘flat-six’ atmosférico del GT3, evidentemente, pero sientes de una manera tan brutal la fuerza bajo el pedal derecho, una fuerza brutal y desatada, que es imposible no sonreír y girar la cabeza con gesto de incredulidad. Es tan adictivo que no puedo evitar hacerlo una y otra vez.

El sol empieza a poner temperatura sobre el asfalto y el coche está ya en un punto óptimo de funcionamiento. Empieza lo serio. Decido eliminar el intrusivo control de estabilidad y regulo la acción del control de tracción mediante la ruleta central: se puede dividir en hasta diez posiciones, otorgando una gran precisión en la permisividad a la hora de buscar los límites del coche. Empiezo en un nivel medio, en el seis. ¡Empieza la diversión!

Es una pena que este coche sea tan caro y que el estado no tenga el suficiente pulmón financiero para poder incluirlo en la red de fármacos antidepresivos. ¡Qué manera de pasarlo bien! ¡Qué manera de soltar adrenalina! Al límite, ese coche bondadoso, apacible y noble, se desata, se desmelena y en ese momento sí tienes esa sensación de que te quiere matar en cada curva. Estamos tratando con 1.630 kg de peso y dosificar esos 700 Nm de par en el momento justo no es sencillo, al menos al principio. Es inevitable algún que otro trompo, pero cuando empiezas a tomarle el pulso y a conocerlo mejor, resulta demencialmente divertido y, ¡por primera vez en un Mercedes así! Muy, muy eficaz.

 

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Ya me he sentido Ken Block y decido colocar el control de tracción al máximo nivel, para comprobar realmente lo rápido que puede llegar a ser: decido buscar la vuelta rápida de un circuito ratonero como este. Me encanta lo directa que es la dirección, la contundencia de los frenos cerámicos (aunque me gustaría que fuesen más contundentes de primera y no tener que hundir tanto el pedal) y la contundencia del motor a la hora de ganar velocidad a la salida de las curvas más lentas. La suspensión saca a relucir una efectividad tremenda, aunque siempre tienes que estar pendiente de dosificar lo suficiente el gas para que la trasera no intente adelantarte. Ya me entiendes.

El Mercedes-AMG GT R es un coche exigente. No es para todas las manos ni tampoco para cualquier terreno, especialmente cuando empiezas a quitar las ayudas a la conducción, pero hay que reconocer que es un coche tremendamente eficaz y por primera vez en la historia empieza a mirar a la cara al todopoderoso Porsche 911. No es tan preciso, no es tan eléctrico, pero tiene otras cosas buenas en las que está un pelo por delante de un 911 GT3, que es lo más de lo más hablando de deportividad en un circuito revirado como este. Lo más parecido a una carretera de curvas en un puerto de montaña.

 

Prueba del Mercedes-AMG GT R: una conclusión compleja

¿Cuál es la conclusión de la prueba del Mercedes-AMG GT R? Vayamos por partes porque la reflexión es compleja: A nivel dinámico no es tan preciso ni hay una conexión hombre/maquina tan evidente como la de un 911 GT3, que es el más preciso del segmento. Ahora bien, suspensión-motor-dirección-frenos crean un conjunto muy eficaz, entra a las curvas con voracidad, sale de ellas catapultado por la abrumadora fuerza del motor a bajas y medias vueltas y las posibles perdidas de tracción se pueden controlar siempre que el control de tracción te eche un cable. Con un 911 puedes ir muy rápido al poco de cogerlo. Un Mercedes-AMG GT R necesita cierto tiempo de adaptación, pero cuando dominas su elevado peso y la manera de entregar la potencia de la mecánica, resulta sorprendentemente eficaz.

 

 

Esto a nivel dinámico, salvaje, en circuito a fondo. Vale, aquí un GT3 todavía le moja la oreja, pero el AMG GT R se reserva un AS en la manga (o varios). Bien: creo que lo mejor de este coche y lo que le puede convertir en un superdeportivo tremendamente apetecible es su gran usabilidad en el día a día. Es más fácil entrar y salir de su habitáculo, es más cómodo e incluso en el centro de una gran ciudad se puede circular sin morir en el intento. En este apartado apaliza a un GT3, mucho más duro en todos los sentidos. La mecánica, así como la suspensión de dureza variable y los diferentes modos de conducción, hacen que el carreteras abiertas se pueda disfrutar más y mejor: en un GT3 la fiesta empieza a partir de 7.000 vueltas y en ese momento ya estás fuera de la ley. 

Mercedes-AMG se han sacado de la manga un deportivo eficaz en cualquier terreno. Rápido y sosegado en autopista, poderoso en carreteras y tremendamente divertido en circuito. Sin duda es uno de los mejores deportivos del 2017 y su brutal imagen exterior termina de redondear un conjunto que no tengo dudas que estaría en mi garaje con una cuenta corriente algo más repleta de ceros. Un deportivo que no me importaría utilizar todos los días del año. ¡Queridos Reyes Magos! 

 

Ficha técnica

3982 cc, biturbo V8, propulsión trasera, 585 CV/6250 rpm, 700 Nm/1900-5500 rpm, 11,3 l/100 km, 259 gr/CO2, 0 a 100 en 3,6 seg, 318 km/h, 1.555 kg, 376 CV/kg, distribución de peso de 43:57, 171.000 euros (al cambio en libras).

Los rivales

Porsche 911

Rival Mercedes-AMG GT R, Porsche 911

107.653-136.341 euros

Tremendamente rápido y redondo, aunque se ha apagado algo de su brillo.

Jaguar F-Type Coupé

Rival Mercedes-AMG GT R, Jaguar F-Type Coupé

75.250-117.700 euros

Nuestro resumen es: este coche es la prueba de que Jaguar puede construir un coche deportivo de primera.

Nissan GT-R

Rival Mercedes-AMG GT R, Nissan GT-R Nismo

108.050-125.850 euros

Lo mejor de Nissan y, muy posiblemente, el coche más rápido del mundo para conducir campo a través.

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