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Prueba: Mercedes-Maybach G650

Porca miseria

Imagen de perfil de Luis Guisado
Calles estrechas, coche grande... todo ideal

Mientras estoy empezando la prueba del Mercedes-Maybach G650, recuerdo que Stuttgart implementó en 2008 una zona de ‘bajas emisiones’ e intentar acceder a ella sin la pequeña pegatina que te da permiso para hacerlo supone una bonita multa de 80 euros. Lo cierto es que encuentro bastante complicado prohibir esto cuando paso por el límite de esa zona con un coche que se creó por primera vez a mediados de los años setenta con el triple de cilindros de los que en realidad necesita para poder moverse. 

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De repente, un hombre decide que su autobús debe ocupar mi vía. Si hubiera mirado por los retrovisores antes de hacerlo, habría visto cómo un británico mueve la cabeza desde detrás del volante de uno de los SUV homologados más extravagantes a los que hemos tenido acceso.

Fotos exteriores del Maybach G650

¡Ojo con ese Cinquecento!

Maybach G650 Landaulet: ¿por qué no?

En realidad, el Clase G de esta prueba se llama Mercedes-Maybach G650 Landaulet y es el resultado de mezclar el V12 de 6.0 litros twin-turbo del Mercedes G65 AMG con los ejes pórticos (y otros elementos tomados de un kit off-road) del G500 4x42 y les sumas los asientos traseros del Mercedes Clase S de batalla larga retocado por Maybach. Y solo porque eres Mercedes y posees un presupuesto sin límites y un incesante deseo de ocupar nichos de mercado que todavía no existen, añades medio metro a la batalla y un techo estilo Landaulet. 

Y además, tienes tres bloqueos de diferencial. Mi primera pregunta a Pamela Amann, jefa de Desarrollo del Maybach G650, es predecible. “¿Por qué?”. Su respuesta: “¿Por qué no?”. Esta es una actitud.

Abrimos las puertas -con un sonido que resulta familiar-, tiramos de una de ellas y de repente, encontramos un problema. Este Mercedes Clase G un coche de lujo, pero tiene ejes pórtico y tal distancia al suelo que cualquier persona bajita podría andar por debajo de él sin rozar su cabeza. Bueno, más o menos. Para solucionar esto, Mercedes ha añadido unas pequeñas escaleras que se despliegan electrónicamente cuando abres cualquiera de las puertas y después se recogen cuando ya has subido a bordo. Pamela me cuenta que esto es así porque cuando ella fue a ver uno de los primeros prototipos sobre el 4x42 llevaba una falda de lápiz y era incapaz de subir a él. Pequeños detalles...

Es tirando a lujoso

El motor aporta la primera sorpresa de esta prueba del Maybach G650: arranca de una manera un tanto especial; no, no es tan agresivo aquí como en el G65. Lo primero que notas es que, de acuerdo a su anchura, circular con él no es tan fácil como imaginabas. Los primeros kilómetros te los pasas rezando. Una vez que te has acostumbrado a la altura, llega el momento de hacerse a la dirección, que es superlenta, sorprendentemente imprecisa y, curiosamente, tentada a enderezarse ante la mínima posibilidad. Y luego están las sensaciones en marcha. Ya lo pudiste leer en nuestra prueba del Mercedes G350d: para lo que es, son bastante buenas (gracias a una gran cantidad de brujería sobre la suspensión), pero todavía se quedan algo cortas respecto a un SUV actual.

Es tirando a lujoso

No te alarmes, es un Clase G y esto es parte de su encanto. Intenta aparcarlo y corres el alto riesgo de lucir como un estúpido porque no tiene cámara de visión trasera. El Nissan Micra la tiene. El Clase G debería tener una. Pamela dice que a los propietarios no les importa el aparcamiento. Cosas de ricos: no deberías estar aparcándolo. 

Este es un Clase G creado para aquellos que quieren ser llevados, más que ningún otro que no haya sido creado en exclusiva para el Vaticano. Sus asientos traseros son muy confortables, pero en este caso hay también un muro de partición con cristal que puede ser subido, bajado u oscurecido con solo apretar un botón, dos pantallas montadas sobre una especie de consola hecha para parecerse al salpicadero (lo único intercambiable es la guantera) y, por supuesto, el característico techo, que como el muro de partición, solo puede ser gestionado desde los asientos traseros (donde viaja el “jefazo”, según Mercedes) y es algo que hay que observar porque no es totalmente automático.

Probamos un Mercedes-Maybach G650 del que solo habrá 99 unidades 

Mercedes/Maybach va a fabricar solo 99 de estas bestias. Aparentemente, todas están vendidas. Algunas van a Rusia, otras a Oriente Medio, pero la mayor parte de ellas se quedan en Europa. Algunos propietarios conducirán ellos mismos, otros emplearán a alguien para que lo haga o incluso irán alternando.

El precio del Mercedes-Maybach G650 es de 756.000 euros; no hay extras, por lo que solo tendrás que escoger el color. Pero más allá de la cifra, la gente ama estos vehículos no por cómo se conducen o cómo de rápido van, sino por su carácter; ese es el motivo por el que Mercedes puede justificar que siga fabricándolo 38 años después. Por eso amamos el G650. Porque es absurdo, porque no tiene rival y porque es tan maravilloso que no podrás evitar enamorarte de él. Larga vida a la ‘G’.  

Pero a nosotros nos vale con un Mercedes Clase G normal...

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