En 1972 el mundo se quedó paralizado admirando el BMW Turbo, el concept que dio paso al primer superdeportivo de la marca

A principios de los 70, antes de la crisis del petróleo, la firma bávara desarrollo el BMW Turbo Concept, un prototipo experimental que introdujo algunas tecnologías actuales.
Cuando se habla de BMW y turbo, es inevitable no acordarse del BMW 2002 Turbo, pero un año antes la marca alemana comenzó a experimentar con los motores sobrealimentados. Concretamente, lo hizo con el BMW Turbo Concept, un prototipo que, más tarde, daría vida al mítico BMW M1.
Tenemos que recontarnos a 1972, año en el que Múnich acogió la celebración de los vigésimos Juegos Olímpicos y que estuvieron marcados, tristemente, por el atentado terrorista perpetrado por el comando terrorista Septiembre Negro, en el que resultaron asesinados 11 atletas israelíes.
Con motivo de este evento, BMW presentó un prototipo único y revolucionario, por ser el primer coche de la marca en montar un motor turbo.
Normalmente, las marcas desarrollan prototipos con dos intensiones: anticipar los rasgos de diseño que tendrán sus futuros modelos o mostrar nuevas tecnologías que se incorporarán en los próximos lanzamientos. O ambas cosas. En otras ocasiones, también se busca captar la atención del público, simplemente.
El BMW Turbo Concept hizo todo eso. No sólo estrenó la tecnología turbo, sino también porque sirvió de base para el diseño de dos modelos legendarios que llegaron después, como el mencionado M1 y el Serie 8. Y, por supuesto, llamó mucho la atención.
BMW Turbo Concept, el primer bávaro con motor sobrealimentado

Comenzando por la vista exterior, el diseño del Turbo Concept llevaba la firma de Paul Braq, el diseñador francés que trabajó para varias marcas e hizo grandes creaciones como el magnífico Mercedes 600 o el SL Pagoda.
A principios de los años 70 se convirtió en el responsable de diseño de BMW, con obras como la Serie 6 E24 o el primer Serie 7 de la historia, el E23.
El prototipo del BMW Turbo lucía un aspecto espectacular. Medía 4,15 metros de longitud, 1,89 metros de anchura y 1,11 metros de altura, y se caracterizaba por su forma de cuña, tan de moda en aquella época.
Tenía un morro muy afilado y bajo, faros escamoteables y los característicos riñones de la parrilla en una posición muy baja. En la vista lateral, destacaban las puertas con apertura vertical, al estilo del Mercedes 300 SL Gullwing, además de las llantas carenadas y unas ventanillas traseras con rejilla para refrigerar el motor.
En el interior, había una configuración biplaza, con unos asientos tapizados completamente en cuero negro y unas moquetas en rojo para proporcionarle un aspecto más deportivo y radical.
El elemento más llamativo era el salpicadero, ligeramente orientado al conductor (marca de la casa) y cargado de instrumentos, con hasta 12 indicadores que proporcionaban una abrumadora información.
La cabina era más propia de un avión que de un automóvil. A la izquierda del volante, contaba con un primitivo ordenador de a bordo compuesto por dos mapas. Detrás del volante estaba el velocímetro, en posición horizontal, mientras que el cuentarrevoluciones quedaba relegado a la consola central, en una zona poco legible.
Alrededor, había infinidad de indicadores. No era el diseño más ordenado y ergonómico del mundo, pero era un modelo conceptual, al fin y al cabo.
Además, el BMW Turbo Concept incluía avanzados sistemas de seguridad para la época, como protección contra impactos laterales y un radar de distancias de frenado.
Motor turbo de cuatro cilindros y 2.0 litros

Dejando a un lado cuestiones estéticas, lo más importante del BMW Turbo Concept estaba debajo del capó. Ahí se escondía un motor que nos podría parecer bastante actual por su concepción: cuatro cilindros y 2.0 litros de cilindrada, que desarrollaba una potencia de 280 CV.
Hoy, un motor así no nos parecería raro, pero sí a principios de los 70. Además, todavía estaba por llegar la crisis del petróleo que terminaría obligando a las marcas a hacer motores más pequeños. De alguna manera, BMW fue visionaria.
El motor turbo de BMW alcanzaba la máxima potencia a las 7.200 vueltas y estaba conectado a un cambio manual de cinco velocidades que mandaba toda la potencia al eje trasero.
En la báscula, declaraba un peso inferior a la tonelada, lo que, unido a su potente motor y buena aerodinámica, podía alcanzar los 245 km/h de velocidad máxima y acelerar de 0 a 100 km/h en 6,6 segundos. Para frenar, utilizaba unos discos ventilados en las cuatro ruedas.
Un verdadero vehículo experimental

La compañía alemana sólo fabricó dos unidades del prototipo Turbo y ambas se conservan en dos museos diferentes en la actualidad: una en el museo de BMW en Múnich y otra en el de Spartanburg, Estados Unidos, donde la marca tiene también una factoría.
El BMW Turbo Concept fue un gran ejercicio de diseño que inspiró a modelos futuros y uno de los impulsores de los motores compactos y turboalimentados que llegaron posteriormente con la crisis energética en Oriente Próximo. Todo esto le valió para recibir el premio Concept Car en 1973.
Pero, además de todo eso, el Turbo Concept ayudó a desarrollar tecnologías que hoy en día están presentes en cualquier coche, como los cinturones de seguridad de carrete inercial, que permite ajustarlos y se bloquean cuando el conductor tira de él que permiten el deslizamiento del cinturón para su ajuste, pero se bloquean al tirar de él en seco en sentido contrario.


