El Bugatti Veyron fue el primer coche de serie en superar los 400 km/h. Su aerodinámica que cambia la forma de la carrocería es la culpable

El Bugatti Veyron no fue un hiperdeportivo, sino una obra maestra de la ingeniería que superó los 400 km/h hace 20 año. Y lo logró, en parte, por su aerodinámica activa.
La aerodinámica es un elemento tan esencial en un coche deportivo como su mecánica, ya que de ella dependen aspectos como la estabilidad y el propio manejo. Gracias a los elementos activos, se han logrado avances importantes en este sentido e incluso beneficios adicionales, como en el Porsche 911. ¿Y qué hay de hiperdeportivos como el Bugatti Veyron? Así funcionaba su aerodinámica activa.
Hace dos décadas llegó al mercado el coche que marcó un antes y un después en la historia de Bugatti. El Veyron no solo marcaba el inicio de una nueva era para la firma de Molsheim, sino que también marcaba nuevos límites en el automovilismo. El McLaren F1 fue la referencia durante años, pero ahora era posible superar la barrera de los 400 km/h.
Eso es lo que consiguió el Bugatti Veyron allá por el año 2005, que se convirtió en el coche más rápido del mundo en su momento. Lo consiguió con el icónico motor W16 de 8 litros y cuatro turbos situado en posición central, el cual entregaba unos 1.000 CV de potencia. Sin embargo, para llegar a velocidades tan alta hace falta mucho más que una mecánica sensacional.

La aerodinámica ha sido un factor fundamental en el automovilismo desde hace décadas, tanto para reducir consumos, como para mejorar el rendimiento. En este último caso, los alerones retráctiles y otros elementos móviles han abierto nuevas posibilidades y siguen siendo una gran ayuda. También fue así en el caso del hiperdeportivo francés.
Para garantizar la estabilidad a altas velocidades y hacer posible alcanzar cifras espectaculares de velocidad punta, el Bugatti Veyron contó con un interesante sistema de aerodinámica activa que actuaba sobre varios parámetros que iban más allá del alerón. Entre 0 y 100 km/h, todo se mantenía en posición estándar, pero a ritmos mayores es cuando empezaba a variar la configuración.
A partir de 180 km/h, el coche entraba en el ‘modo handling’ o ‘modo manejo’, que tenía como objetivo reducir la resistencia al aire e incrementar la carga aerodinámica. Para ello, de forma automática se reducía la altura del frontal en 90 mm y la de la trasera en 102 mm. Junto a esto, los flaps móviles del difusor delantero se abrían, así como el alerón posterior quedaba totalmente desplegado.

Con esta configuración, el Bugatti Veyron se mantenía estable a pesar de las altas velocidades, pero a partir de un cierto punto es necesario realizar cambios. Concretamente, a partir de 375 km/h, cuando el hiperdeportivo entraba en el ‘modo top speed’ o ‘modo velocidad punta’. De aquí a los poco más de 400 km/h que podía alcanzar en sus versiones “convencionales”, nuevamente se ajustaba la aerodinámica.
Para llegar a esta velocidad, era necesario activar el modo físicamente, a través de una llave especial y antes de conducir. Es una solución similar a la de la Speed Key del Bugatti Chiron y permite desbloquear las máximas capacidades del coche. En este caso, la suspensión se rebajaba del todo para dejar el frontal a 65 mm y la zaga a 70 mm, así como los flaps delanteros permanecían cerrados.
Junto a esto, el alerón posterior y el spoiler también se cerraban, con este último a una posición de 3º que ayudaba a pegar la trasera al suelo. De esta forma, se podía alcanzar con cierta seguridad la barrera de los 400 km/h e incluso superarla.

Esta aerodinámica avanzada permitió al Veyron alcanzar cifras que parecían imposibles hace 20 años, pero los elementos activos no solo sirven para correr más, sino también para frenar con mayor eficacia. A más de 200 km/h, incluso los frenos más potentes pueden sufrir demasiado, razón por la cual el alerón posterior se convertía en una especie de aerofreno al intentar parar a partir de esta velocidad.
En menos de 0,4 segundos, el alerón se plegaba a un ángulo de 55º, de manera que se creaba una mayor resistencia al aire que incrementaba la carga aerodinámica. Así es como se generaban 1,4 G’s de fuerza e incluso se podían alcanzar 2 G’s cuando se lograba la mayor estabilidad de frenado. Este tipo de soluciones se han seguido utilizando en deportivos por su eficacia.
De esta forma, el Bugatti Veyron no solo se sirvió de su espectacular mecánica para dejar huella en el terreno de los hiperdeportivos, sino que también hizo un buen uso de la aerodinámica activa para que la idea de alcanzar 400 km/h no fuera una misión suicida. Esto, aunque solo unos pocos valientes se atrevieran a experimentarlo.

Sergio Ríos
Redactor
Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor