Conoce a tus héroes: ¿sigue siendo el Seat León Cupra R un compacto deportivo adictivo?

Conducimos el Seat León Cupra R, un compacto deportivo que marcó la década del 2000. ¿Sigue siendo un coche emocionante? Más de lo que imaginas...
Toca Race Driver 2. Ahí es donde empezó mi historia con el Seat León Cupra R, que es toda una leyenda de los compactos deportivos. Acababa de cumplir los diez años cuando salió a la venta en 2004 y yo tenía el clásico simulador montado en casa: volante fijado al escritorio, con los pedales del acelerador y freno en el suelo. No tenía que preocuparme por un tercer pedal, ni habría sabido cómo hacerlo. En ese momento, no sabía conducir todavía.
Texto original de Peter Rawlins
Aun así, para mí era algo muy serio. Y si hay un coche que se me quedó grabado, ese es el Seat León Supercopa MK1. Este... no es ese, pero es la base de ese coche de carreras que me enganchó cuando era un chaval. Así que hoy estoy emocionado porque voy poder probar el compacto deportivo que lo hizo realidad, que a su vez es un icono de los 2000.
Se trata de un coche español, de Seat, pero estoy en Gran Bretaña y así me lo recuerda el tiempo: ha estado lloviendo a cántaros toda la mañana. Me siento mal por haberle pedido al propietario, Nathan, que conduzca desde su casa en Liverpool hasta Bedfordshire para reunirse conmigo. Es un viaje de ida y vuelta de unos 560 km y seis horas.
Afortunadamente, el sol decide asomar cuando él llega. Y me siento aliviado al saber que, a pesar de su aparente estado impecable, este coche no es un ejemplar de exposición. Desde que compró este Seat León hace unos años, Nathan ha viajado tres veces con su hijo a las 24 Horas de Le Mans, donde, según me cuenta, suele avergonzar a coches más prestigiosos por la atención que recibe.
No es difícil entender por qué, ya que inmediatamente me llama la atención lo bien que ha envejecido su aspecto musculoso. Seat lanzó el primer León Cupra en 1999 con un motor turbo de 1,8 litros que desarrollaba unos 180 CV. Un par de años más tarde, y tras haber estado muy ocupados con las llaves inglesas, se lanzó el Cupra R de 209 CV, al que siguió una variante de 224 CV. Este es el último.
No es el primero de Nathan. En 2001, cuando conducía un Vauxhall Corsa (aquí conocido como Opel Corsa) que odiaba, entró en un concesionario Seat y se marchó con un León básico de 1,6 litros. Luego fue ascendiendo poco a poco en la gama y compró su primer Cupra R en gris en 2017.

Pero cuando en 2022 apareció este glorioso modelo amarillo, cada vez más raro en Gran Bretaña, no pudo resistirse. Nathan me cuenta que su anterior propietario lo repintó para solucionar la decoloración causada por el sol, pero por lo demás es completamente original, incluyendo el splitter delantero, la suspensión y el escape. Y así seguirá siendo.
El interior parece un poco más anticuado, pero sigue habiendo detalles que recuerdan su pedigrí deportivo, desde el volante de tamaño perfecto con la banda roja en las 12 en punto, hasta los asientos Recaro (originalmente opcionales) y las alfombrillas a cuadros Cupra R, que ahora se venden por cientos de euros. Para ser un coche de más de 20 años, está sorprendentemente bien equipado, incluyendo un cambiador de seis CD escondido en la guantera.
Giro la llave y el arranque es bastante moderado, pero lo que más me llama la atención es la pesada dirección. Afortunadamente, al menos consigo evitar que se cale cuando tengo que dar la vuelta en tres maniobras delante de Nathan. En TOCA no tenía que hacer eso.

Una vez en carretera, el León Cupra R comienza a mostrar su carácter de compacto deportivo. La dirección tiene un peso perfecto y, aunque el cambio de marchas es bastante ligero, el motor tiene una potencia impresionante. Acelera de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos, lo que no es muy rápido para los estándares actuales, pero nuestra percepción de la velocidad se ha visto alterada por los vehículos eléctricos.
La velocidad máxima es de 240 km/h, pero no hace falta llegar a ella, ya que el rugido del turbo cada vez que se alcanzan las 3.000 rpm es contagioso. A medida que voy ganando confianza, el coche responde: cuanto más confías en él, más te recompensa. Es gloriosamente crudo, gloriosamente analógico, gloriosamente... de la vieja escuela.
Y solo por eso me alegro de haberlo conocido. Frente a los coches actuales, cada vez más desprovistos de emoción, nos recuerda lo que nos estamos perdiendo cada día. Disculpadme mientras desempolvo el simulador, pero tengo que volver a correr con el Seat León desde mi habitación.
