Un pequeño matagigantes: hubo un tiempo en que todos hablaban del Golf y no veían pasar al Ford Fiesta XR2

El Ford Fiesta XR2 fue la interpretación de la marca del óvalo de los primeros GTI, un compacto deportivo que no tiene el reconocimiento que merece.
Si hablamos de ‘hot hatch’, todo el mundo piensa en el Volkswagen Golf. Es lógico, el modelo alemán fue el que inauguró el concepto de compacto deportivo cuando su versión GTI debutó en 1976. Ser el primero en algo tiene un valor incalculable, porque hace que opaques a los que vienen después, aunque su propuesta fuera buena. Es lo que ocurrió con el Ford Fiesta XR2.
El utilitario estadounidense vio la luz en su versión base en el mismo año, 1976, pero su variante de altas prestaciones tardó cinco años en aparecer, hasta 1981. Fueron cuatro años en los que el Golf GTI se convirtió en una leyenda, creando un aura que era prácticamente imposible de superar, aunque esta variante del ‘Forfi’ tenía muchos motivos para encandilar al público.
Las cosas claras: por aquella época Ford ya tenía experiencia en el terreno de los coches deportivos con modelos como el Escort RS, pero decidió llevar esa filosofía al segmento de los coches pequeños, lo que suponía una vuelta de tuerca inédita para la marca.
Basado en la primera generación del Fiesta, compartía la misma estética que éste, aunque lógicamente pasada por esteroides.
Desde fuera, el XR2 no pasaba desapercibido. Sus angulosas formas contaban con paragolpes específicos, pasos de rueda ensanchados, adhesivos laterales, faros redondos adicionales en el frontal, una gama cromática en la que el blanco fue su seña de identidad y unas llantas de aleación de 13 pulgadas sólidas pero con agujeros que si que fueron un elemento inconfundible del modelo.
Y esa imagen no era solo postura, su apartado mecánico estaba a la par. Bajo el capó, el primer Fiesta XR2 montaba un motor 1.6 de cuatro cilindros que entregaba unos 84 CV. Hoy puede parecer una cifra modesta, porque trabajamos con rendimientos mucho más elevados, pero hay que recordar que el coche era un segmento B que pesaba poco más de 800 kilos, por lo que la relación peso-potencia no estaba nada mal.
El resultado era un conjunto ágil, con buenas aceleraciones para la época y una respuesta muy directa. No era un coche cómodo ni especialmente silencioso, pero transmitía sensaciones puras, que era para lo que fue concebido.
No hubo que esperar mucho para recibir al XR2 Mk2, que vio la luz tan solo dos años después, en 1983, basado en la segunda generación del Ford Fiesta. Como suele ocurrir en estos casos, con una base ya establecida y sabiendo lo que querían hacer, fue perfeccionar su concepto, lo que hizo que subiera considerablemente de nivel.

El diseño se volvió algo más moderno, con unas formas más suaves, un morro más largo y una zaga que caía de una manera más suave. Pero, a pesar de ello, seguía sin perder ese aire “macarra” tan característico, conservando sus rasgos más característicos, como los faros extra o el diseño de las llantas.
El motor seguía siendo un 1.6, adaptado del Ford Escort, pero aumentaba el rendimiento hasta los 96 CV. De nuevo: es algo que en 2025 es fácil de ver, pero hablamos de mediados de los 80 y de un coche que seguía rondando los 800 kg, algo con lo que hoy es imposible siquiera soñar. ¿qué queremos decir con esto? Que era una bala.
Lógicamente, para ser tan ligero prescindía de todo lo que podamos pensar: no había atisbo de lujo, nada de electrónica, etc. El resultado era una experiencia muy “analógica”: dirección sin filtros, suspensión firme, cambios de marcha directos, carácter revoltoso… Aquí se había venido a conducir y se conducía sin concesiones.
Como suele decirse: no hay dos sin tres. Así, cuando se estrenó la tercera generación del Ford Fiesta, también vio la luz la tercera iteración de su versión deportiva. Eso sí, con un ligero cambio en el nombre Ford Fiesta XR2i.

Esa ‘i’ significaba que se le decía adiós a la carburación para adoptar la inyección electrónica, un enfoque algo más refinado y un motor más moderno. Ganó potencia, subiendo hasta los 110 CV, mejoró en suavidad de potencia y hay quien dice que, precisamente por eso, perdió parte del carisma de los XR2 carburados.
El salto estético fue considerable, con una imagen más moderna, angulosa pero no tan agresiva y con los rectángulos cogiendo protagonismo, pues daban forma tanto a los faros principales como a los dobles integrados en el paragolpes.
Todavía hubo tiempo para una evolución más, en 1992, cuando el bloque aumentó su cilindrada a los 1,8 litros, pasó a integrar una culata de 16 válvulas y elevó su rendimiento hasta los 130 CV.

