Soñar es gratis, cumplir sueños no: cuando las marcas quieren crear deportivos especiales, pero hay problemas que lo complican

Al contrario de lo que muchos piensan, hay marcas de coches que quieren fabricar deportivos y coches pasionales. Sin embargo, la falta de demanda, los costes y la inestabilidad impiden hacerlos realidad.
Muchas marcas generalistas quieren hacer coches deportivos, ya que pueden suponer un elemento diferenciador, pero a veces no es tan fácil hacerlos realidad. En ocasiones, el factor financiero y la complejidad de la fabricación hace que muchos proyectos emocionantes se queden en un cajón y no tengan la oportunidad de llegar a las calles.
Mazda ha sido la última marca en mencionar la complejidad que supone fabricar un coche pasional, incluso si hay una voluntad clara de los responsables de la marca por hacerlo realidad, algo que no siempre sucede. El fabricante japonés quiere hacer un sucesor del RX-7, pero los costes pueden complicar su concepción.
En este caso, la marca presentó el concept Iconic SP con la idea de llevarlo a la producción, razón por la cual no contaba con esas características demasiado locas que a veces presentan los prototipos. Según Mazda, el coche se diseñó ya con el objetivo de convertirlo en un modelo de calle y no han abandonado esa idea, pero no está siendo un camino de rosas.

Debido a la inversión en nuevos motores y al mayor enfoque en la electrificación que ha tenido que llevar a cabo la compañía, financieramente no es tan sencillo crear un deportivo que siga los pasos del RX-7, el cual también iba a utilizar el icónico motor rotativo tan valorado en la marca. Eso sí, este no es el único caso.
Honda es otra compañía que ha dado a entender problemas similares a la hora de desarrollar un coche así. Según el ingeniero jefe de la marca, Tomoyuki Yamagami, en declaraciones al medio australiano Drive, les gustaría recuperar el S2000, pero encontrar la fórmula para poder hacerlo es el obstáculo.
Por supuesto, no es tan fácil como decidir llevarlo adelante. Todo proyecto automovilístico necesita ser económicamente viable y tener suficiente demanda. Muchos aficionados querrían recuperar a aquel descapotable japonés deportivo que peleó con el Mazda MX-5 entre 1999 y 2006, pero es un modelo de nicho y que necesitaría de varios elementos específicos.

Ese es otro problema a la hora de crear este tipo de modelos. Si bien todo se reduce al dinero, una complicación concreta del desarrollo de coches así es el hecho de que deben contar en muchas ocasiones con plataformas específicas. En muchos casos, los motores se pueden adoptar de otros vehículos, pero la base y la configuración mecánica es otro tema.
En el caso de Honda, un ejemplo reciente es el del Prelude. Históricamente, este coupé usaba la plataforma del Accord, ya que esencialmente era una versión más estilizada y deportiva de aquel modelo. Ahora ha vuelto y lo hace sobre la base del actual Civic, del que toma además su mecánica híbrida y la tracción delantera.
Esta fórmula no funcionaría en un S2000, pero tiene más sentido en el Honda Prelude, especialmente porque cuenta con elementos derivados del Civic Type R (como la suspensión delantera, los discos de freno, las pinzas Brembo delanteras, la cremallera de la dirección y los amortiguadores adaptativos). Sin embargo, no siempre se puede aplicar esta fórmula.

Volviendo al sucesor del Mazda RX-7, parece complicado aprovechar algunos elementos de modelos existentes de la marca y la propia mecánica prometía ser específica. Ahora bien, esto es algo que sigue vigente en el nuevo Vision X Coupé, un prototipo que utiliza una mecánica PHEV con un motor rotativo biturbo de más de 500 CV.
En ocasiones, algunas ideas llegan en otros modelos y los coches deportivos siguen en la mente de los fabricantes para llevarlos a cabo cuando sea viable financieramente para la empresa. Por ejemplo, Alfa Romeo ha valorado la idea de crear más coches especiales como el 33 Stradale, quizás en segmentos más pequeños, pero antes necesita estabilidad con modelos más enfocados a las masas como el Junior.
Algo similar sucede con Nissan y su GT-R. El icono nipón ha cesado la producción de la generación R35 recientemente tras ser lanzada en 2007 y no se sabe cuándo llegará su sucesor, si bien hay voluntad de que así sea. No obstante, queda por establecer qué plataforma usará y qué mecánica, ya que un GT-R eléctrico podría enfadar a muchos aficionados a la marca, lo que deja opciones como una mecánica híbrida.
Por ahora, la marca asiática está atravesando una difícil situación financiera y solucionarla es el objetivo principal. Lo esencial es contar con estabilidad y recursos, más tarde llegará la posibilidad de crear coches pasionales. Mientras tanto, soñar es gratis…

Sergio Ríos
Redactor
Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor