El Chevrolet Sprint Turbo fue la respuesta a la lamentable potencia del motor de tres cilindros y 48 CV del Sprint: los 70 CV eran perfectos para mover sus 700 kilos

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En 1987, General Motors puso a la venta el Chevrolet Sprint Turbo, una versión de su humilde utilitario que añadía un turbocompresor a un motor de tres cilindros y 1.0 litro.
Los fabricantes japoneses son el claro ejemplo de que es posible hacer más con menos, y que el resultado puede ser muy divertido. Un buen ejemplo de ello es el Toyota GR Yaris, un pequeño cohete de bolsillo con motor turbo, cambio manual y tracción a las cuatro ruedas con una puesta a punto inspirada en los rallys. Un ejemplo no tan extremo como el del GR Yaris fue el Chevrolet Sprint Turbo. Si te estás preguntando qué relación tiene una marca estadounidense con los fabricantes japoneses, te diré que este modelo estaba basado en el Suzuki Cultus y que tenía una versión turbo de 70 CV que podía ser muy interesante gracias a un peso de apenas 700 kilos.
Puede que por Cultus no te suene, pero es el mismo modelo que en Europa se ha vendido como Suzuki Swift desde su primera generación, introducida en el mercado japonés en 1983. El modelo había surgido de la colaboración entre General Motors y Suzuki. Cuando Chevrolet empezó a comercializarlo en Estados Unidos en 1985, lo hizo bajo la denominación Sprint, con una carrocería de tres puertas y una mecánica sencilla de gasolina con tres cilindros.
El Swift es uno de esos coches que se ha vendido con diferentes nombres en distintos mercados. Por ejemplo, en Canadá se le conocía como Suzuki Forsa y Pontiac Fireflye, mientras que en Australia y Nueva Zelanda su nombre era todavía menos conocido, Holden Barina. Eso sí todos compartían la misma plataforma, carrocería e interiores, aunque las motorizaciones y niveles de acabado podían variar según el mercado.
En el caso de Estados Unidos, el Chevrolet Sprint estaba equipado con un humilde motor tricilíndrico de 993 cc, con un único árbol de levas en cabeza y dos válvulas por cilindro. Alimentado con un único carburador, su potencia máxima de 48 CV la alcanzaba a 5.100 rpm. Mientras que el par motor se situaba en los 77 Nm a 3.200 rpm.
Peso contenido y motor sobrealimentado: Chevrolet Sprint Turbo
Estas cifras eran, al menos sobre el papel, suficientes para mover un coche que tenía un peso de alrededor de 700 kilos. Sin embargo, los conductores que demandaban más potencia en maniobras de adelantamiento o incorporaciones se encontraban ante un propulsor diseñado para uso urbano y trayectos cortos priorizando el consumo bajo y que, en realidad, estaba muy limitado a nivel de prestaciones.

Para solucionar esta problemática Chevrolet incorporó a la gama el Sprint Turbo en 1987. Esta variante conservaba el pequeño bloque de tres cilindros y 1.0 litros, pero añadía un turbocompresor IHI RHB32, un intercooler y un sistema de inyección electrónica multipunto. El aumento de potencia obligó a adaptar distintos componentes del motor, incluyendo la relación de compresión.
El resultado fue una potencia máxima de 70 CV disponibles a 5.500 rpm y un par motor de 107 Nm a 3.500 rpm. Esto suponía incrementar la potencia y el par motor en algo más de un 40% en comparación al modelo estándar, mientras que GM apostó por una caja de cambios manual de cinco velocidades en lugar de transmisión automática.
Más allá de la mecánica, el Chevy Sprint Turbo se diferenciaba de otras versiones por una serie de detalles específicos. Contaba con acabados exteriores en color carrocería, unos llamativos tapacubos blancos y una suspensión con una puesta a punto más deportiva. El habitáculo también recibía cambios, como un volante de tres radios con la inscripción Turbo, un cuentarrevoluciones y unos asientos específicos.
Un utilitario ochentero por encima de la media
La llegada de esta versión coincidió con un momento en el que los fabricantes estaban experimentando con turbocompresores en coches pequeños, si bien hoy esas cifras de rendimiento que ofrecía el Sprint Turbo están muy lejos de lo que puede hacer un motor turbo de tres cilindros moderno, con potencias que alcanzan incluso los 200 CV con cilindradas de 1.0 litro.
Sin embargo, la gran baza del Chevrolet Sprint Turbo estaba en su relación entre su potencia y su peso. Con 70 CV y unos 700 kilos, en realidad disponía de 100 CV por tonelada, una cifra respetable para un sencillo utilitario de mediados de los años ‘80. Con todo y eso, todavía completaba el 0 a 100 km/h en unos 9,5 segundos y registraba una velocidad máxima de 166 km/h.
A cambio de ese aumento de prestaciones el Chevrolet Sprint Turbo sacrificaba una de las virtudes de este modelo, el consumo de combustible. Y es que la versión sobrealimentada gastaba más gasolina que su homónimo atmosférico, mientras que la entrega de par repentina fruto del famoso turbolag de los coches sobrealimentados de la época, unida a un peso contenido, provocaba pérdidas de tracción al acelerar con fuerza.
