El Citroën XM cumple 35 años. ¿Recuerdas su suspensión hidractiva?

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Este modelo, que se lanzó en 1989 y que posteriormente tuvo una versión familiar, se caracterizó por dejar atrás la suspensión hidroneumática e incorporar una con control electrónico. Además, este modelo, diseñado por Bertone, fue revolucionario en cuanto a sus formas y a sus grupos ópticos.
A finales de los años 80, Citroën quería darle una vuelta de tuerca más a su suspensión hidroneumática aprovechando que la tecnología automotriz se iba abriendo a nuevas posibilidades y lo consiguió creando la amortiguación hidractiva, que se gestionaba electrónicamente. Y el primer coche que la incorporó fue el XM, heredero del llamado 'Big Citroën', el CX.
Esta berlina vio la luz el 23 de mayo de 1989, con lo que en 2024 cumple 35 años desde su presentación. Más tarde, en 1991, se lanzaría la versión familiar del XM, denominada Break, que convivió con la versión familiar del CX.
Además, la citada suspensión con control electrónico, la inclusión del ABS y la dirección asistida Diravi con autocentrado y asistencia variable le valió para erigirse en el coche del año en Europa de 1990, con lo que eso suponía en cuanto a prestigio en aquellos años.
El Citroën XM quiso ser un revolucionario en el segmento E. Diseñado por Bertone e inspirado claramente por el deportivo Citroën SM de los años 70, sobresalía gracias a su aerodinámica y a sus líneas rectas con una proporción idónea, que, a posteriori, siguieron aplicando varios modelos de la firma del doble chevrón como el Xantia.
Resalta de manera exponencial su vasta superficie acristalada, ya que instala 13 lunas contando parabrisas, ventanillas, custodias o portón. La empresa francesa quiso hacer un coche con la idea de que perdurase en el tiempo y por ello lo fabricó con un innovador proceso de galvanización de la carrocería que resistía la corrosión con eficacia.
Su interior estaba plagado de elementos que dieran al XM un óptimo nivel de conducción y de confort. Sobresalía el volante multifunción, que en aquella época era desconocido, o detalles como que la guantera del copiloto podían abrirse desde su parte superior, para asegurar un acceso cómodo y rápido a su contenido.
En su exterior también había novedades jamás vistas hasta aquel momento como los primeros grupos ópticos de superficie compleja. Hoy en día es algo habitual, pero entonces supuso una auténtica revolución que permitió concentrar la luz en un área mucho menor, haciendo posible unas luces de sólo 70 mm de altura, adoptando una estética rompedora a la par que eficaz.
Si nos detenemos en el tren motriz recordaremos que la berlina gala continuó la estela de las prestaciones del SM, gracias a su motor de 3.0 litros y 6 cilindros en V. Fue el primero en seguir esta estructura desde el motor Maserati del prestigioso gran turismo de la marca. Su versión de 24 válvulas desarrollaba una potencia máxima de 200 CV.
En 1994 llegó el momento del cambio de generación con una tecnología pionera: el multiplexado. Con un salpicadero y un cuadro de instrumentos conectado a las funciones del automóvil a través de datos digitalizados, simplificó al máximo la arquitectura eléctrica y permitió, a través de una centralita informática, una gestión y una coordinación de los sistemas del vehículo.
Este sistema abrió las puertas a equipamientos y funcionalidades que resultaban impensables a mediados de los años 90 y que hoy en día llevan de serie todos los coches.