Conducimos el Arctic Toyota Hilux de Top Gear: "Un pedazo de historia televisiva"

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Hace casi 20 años que este Toyota Hilux hizo historia en Top Gear al ser le primer coche en llegar al Polo Norte magnético. Hoy lo hemos conducido de nuevo.
A fin de cuentas, es solo un Toyota Hilux. Es cierto que lleva neumáticos especiales y una funda para armas, pero todo eso es mero adorno superficial. Puedes quitárselo todo y no supondrá la más mínima diferencia. No fueron los accesorios los que le dieron fuerza a este Toyota. El Hilux ya era resistente de por sí.
Solo necesitaba una oportunidad para demostrarlo. En la televisión con Top Gear en la década de 2000 llegó su momento. Varias veces, de hecho. Estuvo la vez en que saltó por los aires —y el edificio de 23 plantas sobre el que estaba aparcado—. En otra ocasión intentaron conducir uno hasta un volcán. Todos sobrevivieron.
Pero este batió récords. Fue el primer coche de la historia en visitar el Polo Norte magnético. Lleva este logro con discreción. No brilla con un resplandor interior ni tiene la mirada distante de un explorador. Es simplemente un Toyota Hilux, haciendo cosas de Hilux.
Aunque se trata de uno modificado por los especialistas islandeses en expediciones Arctic Trucks para la tarea de recorrer 724 km a través del casquete polar desde Resolute, en el norte de Canadá. Se reforzó la suspensión, los dobles triángulos delanteros se adelantaron ligeramente para dar cabida a los gigantescos neumáticos de 38 pulgadas (2.900 € la unidad), se instalaron diferenciales reforzados y un cubrecárter, además de un depósito de combustible auxiliar y combustible resistente a la congelación.
Pero lo básico, el motor diésel de 3,0 litros acoplado a una caja automática de cuatro velocidades, el chasis, el sistema de calefacción, los asientos y todo lo demás, era totalmente de serie como en cualquier otro pick-up de Toyota. Como señaló Jeremy Clarkson durante el reportaje, todo lo demás falló: las radios, los micrófonos, las cámaras, las baterías, los humanos; todos fallaron por el camino. El Hilux no.
Reencontrarse con él hoy es agridulce. Volví a ver el programa antes de conducirlo (el capítulo 7 de la temporada 9), vi cómo arrasaba entre montones de nieve, avanzaba a toda velocidad sobre campos de hielo y, en general, se mostraba imparable ante cada desafío que el Ártico le ponía por delante, y me dio un poco de lástima.

También es agridulce por otra razón. Hay héroes a los que deberías conocer y héroes a los que no. Este es uno de estos últimos. La certeza llega casi en cuanto empiezas a moverte en él. Es solo un Hilux. Por supuesto que lo es, ese es su superpoder. Pero de algún modo, debido a su logro, esperas más, esperas que lo rodee un aura. En su lugar, el Hilux de Top Gear recurre a los extras que aún quedan en el habitáculo para recordarte lo que hizo una vez. Cristales tintados oscuros para reducir el deslumbramiento ártico, luces extra en las puertas para iluminar a Jeremy y James ante las cámaras, soportes adicionales, un sistema de navegación marítima y cinta americana por todas partes.
En marcha no es preciso ni refinado. El motor diésel es un trasto viejo, ruidoso y tosco, la caja de cambios arrastra las marchas y toda la transmisión se siente aburrida y cansada. No le gusta mucho acelerar. No le gusta mucho frenar. Y desde luego no le gusta mucho girar. Pero nada de eso importaba. Todo lo que tenía que hacer era seguir adelante. Y esa es la sensación que sigue transmitiendo: simplemente lo diriges hacia algún sitio y continuará hasta completar el trabajo.
Lo más irónico de todo es que no parece tener mucho sentido de la orientación. Los neumáticos están inflados correctamente y aun así va dando vaivenes de un lado a otro con una precisión terriblemente vaga. La marcha es rebotona y, a medida que aumenta la velocidad, esos neumáticos ejercen un enorme efecto giroscópico, tirando de todo el coche en la dirección que ellos eligen, mientras tú en el interior manoteas al volante preguntándote por qué el coche no va hacia donde le dices.
Lo que logró es heroico. Incluso hoy, casi 20 años después, solo siete coches han estado en el Polo Norte magnético (dos de ellos, Hilux de apoyo, formaban parte de la expedición de TG). Me encanta el hecho de que siga aquí, aún sin restaurar. Es una instantánea, un pedazo de historia de la televisión, la prueba de que Top Gear podía crear leyendas. Pero tiendo a antropomorfizar, y entonces me da lástima este poderoso explorador que nunca tuvo una segunda expedición.

