Mate Rimac es el CEO de Bugatti Rimac. Y aunque fabrica hiperdeportivos para millonarias, se mueve en un compacto deportivo con casi 20 años

El creador del Bugatti Tourbillon ha cumplido un sueño de su infancia haciéndose con un compacto que tiene “solo” 250 CV de potencia.

Hay veces en las que el dinero no lo es todo. Es cierto que es algo que dice solo la gente a la que le sobra, pero en el fondo tienen razón. Y si no que se lo digan a Mate Rimac. Es CEO de Bugatti Rimac, ha estado presente en el desarrollo del Bugatti Tourbillon y tenemos bastante seguro que debe tener el dinero por castigo. Sin embargo, a él le hacía ilusión comprarse un compacto que tiene casi dos décadas a sus espaldas.

Por eso, ahora que puede ir a por él, lo ha hecho y ha querido compartir en su cuenta de Instagram una publicación en la que muestra, orgulloso, su nueva adquisición.

En la publicación explica que seguramente no es un coche que sus seguidores esperarían verle conduciendo, pero que es un automóvil que de verdad quería con muchas ganas cuando tenía unos 19 o 20 años (actualmente tiene 37).

Cuando enseña la llave ya se ve que no es nada extremadamente lujoso y al darle la vuelta se ve el logo de Volkswagen. Esto podría llevar a equívoco, pensando que es un modelo cualquiera de la marca alemana. Sin embargo, al fin y al cabo hablamos de Rimac, un ‘petrolhead’ de pro con una cuenta bancaria abultada, así que puede permitirse algo más especial.

Y vaya si lo es: en la plaza de garaje hay nada menos que un Volkswagen Golf R32 esperándole. Comenta que es un coche muy “cool”, pero también que, al haber estado conduciéndolo ya unos kilómetros, considera que tiene algún que otro punto débil.

El primero que señala es que la leva detrás del volante tiene un acabado y un comportamiento bastante “plasticoso”, y tampoco parece muy contento con el sistema de infoentretenimiento del vehículo, algo que es hasta comprensible, puesto que hablamos de un modelo de hace casi 20 años, así que en términos de calidad de pantalla, velocidad y conectividad se tiene que haber quedado bastante atrás.

Sin embargo, parece que son fallos que puede pasar por alto una vez introduce la llave y pone en marcha el vehículo, puesto que dice que la manera en la que suena es espectacular.

Siendo una mente creativa como es, señala que conducirlo le ha dado una idea peculiar: cree que es un coche genial para llevar a cabo un restomod sobre él. Esto permitiría mantener sus puntos fuertes, pero traer a la actualidad aquellos aspectos en los que ha quedado más desfasado.

De hecho, no descarta la ida de llevarlo a cabo él mismo incluso introduciendo mejoras como podría ser la de cambiar su caja de cambios automática por una manual. 

Termina diciendo que seguramente nadie se esperaría que el CEO de una compañía de hiperdeportivos condujese un coche así, pero que así es, solo para rematar comentando que suena francamente bien y dar un buen ejemplo acelerando en vacío con el coche subiendo hasta las 7.000 vueltas con una sonoridad a la que difícilmente se le puede poner pega alguna.

Al final del día, Mate Rimac es como mucho de nosotros: un aficionado al mundo del motor que, eso sí, llegó a cumplir sus sueños más locos. Uno de ellos era tener un Golf R32 que a mediados de la década de los 2000 seguro que fue el objeto de deseo de más de uno de los que están leyendo estas líneas.

Y no es para menos, pues llevó la definición de ‘hot hatch’ a otro nivel. Esta versión, que formó parte de la quinta generación del Volkswagen Golf, vio la luz en 2006. Su imagen, aunque sin ser exagerada, daba a entender que no era un Golf normal y luego su mecánica se encargaba de ratificarlo.

Bajo su capó se encontraba un motor V6 que desarrollaba 250 CV de potencia y 320 Nm de par máximo, asociado bien a una caja de cambios manual de seis relaciones o, como es el caso de la unidad de Rimac, a una automática de doble embrague DSG también de seis marchas. En cualquiera de los dos casos, la tracción siempre era integral 4Motion.

Con la caja automática, esto implicaba una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,2 segundos y una velocidad máxima de 248 km/h. Así, era más rápido que el manual, que necesitaba 6,5 segundos para completar el sprint de 0 a 100 km/h, pero tenía una punta algo menor, pues éste llegaba a los canónicos 250 km/h.

Sea como fuere, el CEO de una compañía que crea modelos con más de 1.500 CV nos ha demostrado a todos que no hacen falta tantos para ser feliz.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España

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