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La trágica historia del Porsche Spyder de James Dean

El actor bautizó a su deportivo diabólico con el apelativo de 'Little bastard', por sus reacciones nerviosas en la carretera.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Actualizado
James Dean y su juguete diabólico

Con motivo del 63º aniversario de la muerte del protagonista de Gigante, te traemos la siniestra historia del Porsche 550 Spyder de James Dean. El artista de Indiana falleció a bordo del deportivo alemán en un trágico accidente de tráfico en California cuando se dirigía a una carrera automovilística en la que iba a participar. 

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Son muchos los mitos, leyendas y algunas evidencias que siempre han rodeado a aquel fatídico 30 de septiembre de 1955 y al vehículo germano. Recordándolos se te van a poner los pelos como escarpias.   

 

El Porsche, una solución coyuntural... 

En los años 50, Dean ya era una estrella del celuloide y un apasionado de la velocidad. Y como tal, deseaba poseer los coches más exclusivos y rápidos del momento. Por eso mismo, encargó un Lotus Mk X, que al tener que viajar desde el Reino Unido no lo recibiría a tiempo para disputar una competición en California.

Entonces, como solución de emergencia se compró un espectacular Porsche. Fue el 21 de septiembre de 1955 en Competitions Motors, un dealer situado en Vine Street Hollywood.

 

James Dean y su Porsche tenebroso

 

Se trataba de una de las noventa unidades del modelo 550 Spyder que se habían fabricado. Ya sabes que aquella decisión terminaría en tragedia. Al parecer los productores de la peli le habían prohibido que disputara pruebas de velocidad hasta que concluyera su trabajo en la misma.

Cuando recibió el juguetito alemán le pidió al preparador George Barris que se lo personalizara. Incorporó un tejido escocés en los asientos, el número 130 en la chapa y dos tiras rojas en la parte posterior. De ese modo, hizo que no hubiera otro igual.

 

James Dean, su Porsche y el mecánico

 

Sin embargo, desde el principio se instaló un halo de oscuridad y malditismo en torno al misil plateado. El propio Dean se dio cuenta de ello bautizándolo con el apodo de 'Little Bastard'.

Sentía que domar el comportamiento salvaje de aquella bestia traicionera, no resultaría sencillo. Así lo atestiguaban las reacciones nerviosas de los 110 caballos y 550 kilos de la pequeña fiera que podía alcanzar los 220 km/h.

 

Unas declaraciones premonitorias

Por ironías del destino, a mediados de septiembre concedió una entrevista de televisión en la que advertía de los peligros de la conducción. Y no solo eso, sino que se atrevió a recomendar a la juventud que tuviera cabeza al volante.

En aquella conversación Dean comentó: "Conduzca con cuidado, puede que la vida que salve sea la mía". Al parecer cambió la palabra del texto original 'suya' por 'mía'. Toda una premonición.

Si no te lo crees, afina el oído en la última frase que pronuncia al final de este vídeo. Te quedarás he-la-do.

 

 

Pero no acaban ahí las macabras 'casualidades'. Unos días más tarde, se encontró en un restaurante con Alec Guiness, el intérprete de Obi Wan Kenobi en 'La Guerra de las galaxias'. Dean le mostró su misil alemán y según cuenta la leyenda, su colega le dijo que se mataría con ese pepino. ¡Qué horror!

 

El día de 'autos'

Con estos antecedentes llegamos al fatídico 30 de septiembre de 1955. Aquel día, James Dean y su mecánico Rolf Wütherich partieron a bordo del Porsche 550 Spyder, rumbo a la localidad californiana de Salinas para disputar una carrera.

Con buen criterio, al 'monstruo rodante' lo llevaban remolcado por un Ford Country Squire Station Wagon. Sin embargo, en un momento del trayecto, el mito de Hollywood, decidió conducir el vehículo hasta el circuito para adaptarse a él antes de competir.

Su asistente Bill Hickman se puso a los mandos del Ford con el remolque. En torno al mediodía, el destino le envió una señal a Dean que no comprendió.

 

 

Fue multado por exceso de velocidad, al igual que le sucedió a unos amigos suyos de las carreras, Lance Reventlow y Bruce Kessler, con los que se encontró en una gasolinera (Backwell’s Corners) donde repostaron.

Como se detuvieron a charlar un rato, llegó a ese punto Hickman con el Ford y el remolque. Éste le advirtió a Dean que circulara más despacio porque su pequeño coche plateado se confundía con el asfalto. Además, le recordó que transitaban por una zona donde se producían habitualmente muchos siniestros.

 

El accidente

Sin saberlo, reemprendieron la marcha camino de la tragedia. Ésta se produjo en la confluencia de la Route 466 con la Route 41, un punto frecuente de accidentes. Hablamos del cruce 41-43, cerca de la localidad de Chorame.

Un Ford Custom Tudor Coupé del 50 conducido por el estudiante Donald Turnupseed giró a la izquierda para tomar la desviación al noroeste por la 41. 

Chocó contra el lado izquierdo del Porsche 550 Spyder de James Dean que circulaba en sentido opuesto. El impacto fue tan fuerte que el cabrio salió despedido hasta colisionar contra un poste del tendido eléctrico.

 

 

Jamás se pudo establecer la responsabilidad de los conductores implicados. No obstante, algunas investigaciones apuntan que el artista transitaba a unos 89 km/h en el momento del golpe, velocidad permitida en ese tramo. 

Lo cierto es que a eso de las 18:00 James Dean se convertía con 24 años en un mito inmortal del firmamento cinematográfico. Rolf, el mecánico que le acompañaba en el Spyder 550, sobrevivió, aunque ninguno de los dos llevaba abrochado el cinturón de seguridad. 

Por cierto, el otro conductor, Donald, sobrevivió y solo sufrió una rotura de su nariz. 

 

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