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Prueba Disco Volante Spider: buscando la perfección absoluta

¿Cómo transformarías un Alfa 8C en una pieza única aún más especial? Con las manos de un artesano y muchas horas de trabajo. Hora de coger el martillo…

Imagen de perfil de Redacción Top Gear

Antes de contarte esta prueba del Disco Volante Spider es muy importante que conozcas el origen del nacimiento de esta joya automovilística. Dicen que para hacer una buena tortilla es necesario romper unos cuantos huevos… y para crear el Disco Volante Spider es necesario tenerlos bien puestos: en el proceso hay que destrozar la ya de por sí preciosa carrocería del Alfa Romeo 8C. Sí.

Con el espectacular paisaje del Passo della Futa como telón de fondo bañado por la luz del sol de la Toscana nos espera Louis de Fabribeckers, máximo responsable de diseño de Touring y autor intelectual del que, para algunos, se trata del mayor sacrilegio con ruedas perpetrado sobre un vehículo italiano —aparte del Multipla, claro—.

A pesar de ser belga, la fluidez con la que Louis habla en inglés es tan espectacular como su habilidad para darle forma a auténticas piezas de coleccionista con ruedas… cuyo último ejemplo se convirtió en toda una revolución cuando recibió el merecido premio al mejor prototipo en el Concurso de Elegancia de Villa d´Este en 2016. Toda una recompensa a más de 90 años de trabajo de esta firma que en el pasado se ocupó de moldear las carrocerías de modelos como el DB4 o el Ferrari 166 MM.

Seguramente te estarás preguntando cómo es posible que nos hayan invitado a probar el Disco Volante Spider, un concept car tan particular, ¿verdad? Siéntate antes de leer esto: en realidad esta unidad que ves en las imágenes es el modelo definitivo. Una producción brutalmente limitada que —al menos en principio— no superará las siete unidades y cuyo primer ejemplar terminado ha sido comprado por un tipo británico con mucha suerte… que nos ha pedido que seamos los encargados de realizar los primeros kilómetros con el coche. Concretamente los que separan el aeropuerto de Bolonia de Florencia, el lugar donde nos reuniremos con él para que pueda asistir a una cita muy especial con otros propietarios de vehículos diseñados por este carrocero italiano.

 

Prueba Disco Volante Spider (interior)

 

Nosotros también estamos convencidos de que no está del todo bien de lo suyo. Aunque pueda parecerte una exageración, el Disco Volante Spyder resulta tan llamativo que no pude evitar dejar de mirarlo desde antes incluso de haber aterrizado en el aeropuerto. Su llamativo color azul cerúleo supo cautivarme de un modo muy especial y no me quedó más remedio que encaramarme a la ventanilla del avión como un niño mirando a través de un escaparate.

¿Te preguntas por qué la primera unidad de esta serie tan especial no luce el color tradicional de Alfa Romeo? Muy sencillo: para sus creadores, el Disco Volante está inspirado en los cielos… y por eso creyeron adecuado elegir su color para estrenarlo. Quizá no sea una justificación muy lógica, pero no puedes negar que dominan la poesía tanto como el carboncillo. El Disco Volante original actualmente vive en el museo de Alfa y sigue siendo el mejor ejemplo de la capacidad de Touring para crear carrocerías ultraligeras con unas formas tan efectistas como efectivas: a bordo del coche, el probador de la firma Consalvo Sanesi logró rodar a 225 km/h… el 11 de junio de 1952. ¿No te ha impresionado? Pues sí lograron hacerlo con William Lyons y Malcolm Sayer, que dos años después se inspiraron en sus líneas para alumbrar el mítico Jaguar D-Type.

 

Prueba Disco Volante Spider (aparcado)

 

Clive Beecham —así se llama el loco que nos ha permitido conducir antes que él su nueva adquisición— actualmente cuenta en su colección con joyas como un D-Type Ecurie Ecosse, un Ferrari 250 GT SWB que perteneció a Stirling Moss… y un 166 MM Barchetta que cuenta en su historial de propietarios con el mismísimo Gianni Agnelli. Con carrocería firmada por Touring, por cierto. Aunque comprar algo tan especial como el Disco Volante puede parecer arriesgado, el exquisito paladar de Beecham no suele equivocarse… y lo que tenemos aquí entre manos es una prueba más de que no es necesario encargar a Ferrari uno de sus espectaculares one-off para poder presumir de tener algo único en el garaje. Sobre todo porque recurrir a la firma del cavallino no es, como ha quedado demostrado en alguna ocasión, ninguna garantía.

La forma de la carrocería del Disco Volante Spider de esta prueba es tan carismática que resulta complicado elegir un lugar por el que empezar a describirla: es tan ancha como un Range Rover y, conformada por unas líneas abrumadoramente extravagantes, tiene todos los ingredientes para ser un absoluto fracaso de diseño. Hasta que tienes la oportunidad de contemplarla ante tus ojos. Y es que esta maravilla es mucho más que una versión abierta del Disco Volante normal.

 

Prueba Disco Volante Spider (curva)

 

Su techo desmontable está compuesto por dos paneles de fibra de carbono que obligaron a rediseñar tanto el parabrisas como la forma de la zaga, ahora marcada por las dos pronunciadas jorobas que dan seguridad a los ocupantes… y una imagen realmente personal al conjunto. ¿Sabes qué es lo mejor? Que cuando decimos que se trata de una obra de arte lo decimos en serio: todo lo que ves aquí está hecho completamente a mano. Podría decirse que es una escultura con ruedas. Con 10.000 horas de trabajo encima. Muy salvaje, sí.

Tuvimos la oportunidad de visitar las instalaciones de Touring hace algo más de un año para echar un vistazo a los últimos retoques del coche antes de su presentación en el Salón de Ginebra y lo que vimos allí nos dejó sin palabras: en su interior no encontramos más que auténticos artesanos del metal capaces de darle forma a una de las creaciones más espectaculares de la Historia… armados sólo con un martillo y años de experiencia. Eso es exactamente lo que estás pagando —y bien— al comprar un Volante Spider: la esencia más pura del automóvil. Y eso es lo que el bueno de Clive buscaba cuando hace más de 30 meses visitó al mandamás del especialista italiano y le preguntó por qué no tenían una versión spider. “¿La comprarías?”, recibió por respuesta. Y aquí estamos. Bendita paciencia.

Tal y como puedes comprobar en esta prueba del Disco Volante Spider, la atención por los detalles está cuidada al máximo, y por eso incluso su habitáculo, prácticamente idéntico al del 8C, tiene algunas golosinas para hacerlo aún más especial: además de inserciones en el color de la carrocería en las puertas, sus asientos lucen una tapicería de cuero específica con áreas que se iluminan al abrir el coche. Y al mirar por el espejo retrovisor central siempre podrás admirar el pequeño alerón colocado entre los bultos que conforman su parte trasera… y que pueden abrirse para dar paso a un maletero con capacidad suficiente como para que un afortunado hombre de negocios pueda llevar consigo todos los enseres necesarios para disfrutar de un fin de semana a bordo de este bólido con el sabor más italiano de cuantos existen en este momento: una o dos centenas de baberos. De seda, claro.

 

Prueba Disco Volante Spider (asientos)

 

Pero lo mejor de todo, en cualquier caso, está en la calidad de ejecución: la cabina de pintura de Touring es tan buena que algunos fabricantes tan humildes como Lamborghini o Rolls-Royce la utilizan de vez en cuando si necesitan contentar a un cliente realmente exigente. Y el resto del coche está tan lustrosa y refinadamente acabado como su brillante exterior. No hay espacio para el más mínimo error. Y es admirable. Se nos ocurren pocas cosas más acongojantes que conducir el coche valorado en unos cuantos millones de euros que un entusiasta acaba de comprar y que aún no ha podido disfrutar… en una carretera secundaria italiana rodeados de turistas a bordo de coches de alquiler y camiones de 18 ruedas, pero lo cierto es que el Alfa Romeo Disco Volante Spider es realmente sencillo de conducir.

Y rápido: está animado por el mismo corazón V8 de 4,7 litros y 450 CV de origen Maserati y montado por Ferrari que, gracias a la ausencia de un techo que reduzca la intensidad de la sinfonía producida por el bloque montado en la parte delantera, tiene una personalidad tan fuerte como adictiva. Incluso su caja de cambios —en nuestra opinión, el punto más débil del modelo del que deriva— parece funcionar mejor y más rápido ahora. Aunque en un coche como éste sería un detalle sin la menor importancia. Tras casi 100 kilómetros recorridos no parece que la estructura del coche tenga ningún problema derivado de su concepción artesanal y, a medida que avanzamos en nuestro viaje, las carreteras se estrechan al mismo tiempo que vamos incrementando el ritmo. Es impresionante el trabajo llevado a cabo en este coche… y en él se dejan notar los 90 años de sabiduría acumulados por sus creadores. Sin duda alguna, el platillo volante tiene un nombre muy bien elegido: no es un coche más. Es un coche de otro planeta. 

 

Texto: Jason Barlow / Fotos: Mark Fagelson.

 

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