El BMW M3 E30 nació casi por casualidad hace 40 años. Y luego, este deportivo terminó convirtiéndose en un mito

El BMW M3 nació un poco por casualidad hace ya 40 años. ¿Sabes cómo fue el alumbramiento de uno de los mejores deportivos y mayores iconos de la Historia del automóvil?
Hoy vamos a hablar de cómo nació el primer BMW M3, cuáles eran las expectativas de la marca con él y encontraremos las razones que lo llevaron a convertirse en un auténtico mito con ruedas. Si eres tan petrolhead como cualquier miembro del equipo de Top Gear, es más que probable que la berlina deportiva por excelencia llegada de Múnich sea uno de tus artefactos favoritos.
¿Sabes lo que es el DTM? Sí, es esa competición exageradamente adictiva que hasta hace bien poco gozaba de una popularidad brutal y que ninguna marca quería perderse... y eso incluye a auténticos elefantes como Audi, Opel, Mercedes e incluso Porsche, que se impuso el año pasado con un 911 GT3 R con Ayhancan Güven al volante.
Pero volviendo a los años 80, el dominio en la categoría del 190E 2.3 16V -aquí tienes la historia del Evo II- cabreó bastante a BMW que, cegada por su obsesión por hacerse con el título, ordenó a su departamento de competición M crear un artefacto capaz de sacarle los colores a cualquiera en la pista.
Aunque pueda parecer algo sencillo, en realidad una maniobra así encerraba una complejidad bastante salvaje: el reglamento del certamen obligaba a los fabricantes a poner en la calle al menos 5.000 unidades de los vehículos de competición para poder empezar a correr, lo que significaba que al menos 5.000 piezas del primer BMW M3 tendrían que rodar por ahí antes de poder empezar a hablar de subir a un podio con su variante de competición.
¿Crees que una decisión así puede tomarse a la ligera? Pues en realidad sí: a pesar del recelo de algunos departamentos de la marca a la hora de lanzarse a fabricar una versión deportiva de una berlina que no tenía el pedigrí necesario aún, alguien estuvo lo suficientemente loco como para darle luz verde al proyecto sin importarle los costes económicos que pudiera implicar.
Ese alguien se llamaba Eberhard Keuenheim, era el consejero delegado de la firma por aquel entonces y nadie pudo rechistar ante su decisión. Bravo.
Para perfilar el primer BMW M3 la marca bávara recurrió a su departamento M... que nunca antes se había enfrentado a algo así. Sí, eran auténticos especialistas en extraer todo lo extraíble a los modelos de calle para hacerlos competitivos en pista, pero jamás habían recibido el encargo de crear algo que en la calle fuera sensacional para después, en el circuito, convertirse en una máquina sencillamente brutal.
Para lograrlo decidieron destripar por completo el Serie 3 de la época y sólo reutilizaron cuatro -sí, cuatro- paneles de su carrocería, con un nuevo diseño que sería más eficiente, aerodinámico y, por qué no decirlo, molón.
También se trabajó profusamente en el apartado de frenos, suspensión y dirección para conferirle al conjunto un tacto muy deportivo sin que eso implicara ser una herramienta de tortura en el día a día.
El éxito que mejor sabe: el que es inesperado
Antes veíamos que había que colocar 5.000 unidades del vehículo de producción. Lo cual suponía un obstáculo para algunas cabezas pensantes que iban de un lado a otro lanzando papeles al aire y negando con la cabeza: "¡No lo conseguiremos! ¡Es imposible!
Pero como en las mejores historias, BMW subestimó la demanda, más de 15.000 unidades salieron de fábrica. Y lo grande es que no todos eran iguales.
A lo largo de su larga vida existieron 12 variantes diferentes, desde 200 CV en 1986 hasta el M3 Sport Evo II con su motor 2.5 de 238 CV.
Precisamente los Evo II son de los más especiales. BMW fabricó 505 de estas versiones para conmemorar las victorias de sus pilotos estrella, Johnny Cecotto y Roberto Ravaglia. De estos, 480 fueron Cecotto y solo 25 Ravaglia, exclusivos para el mercado británico.
Unos precios que han subido como la espuma
Si eres un nostálgico de los deportivos de los años 80 o simplemente quieres conducir a la vieja usanza y disfrutar de una caja de cambios tipo dogleg, hay malas noticias: por un M3 E30 te pueden pedir 50.000 euros, siempre teniendo en cuenta que será una versión normal.
Si luego lo tuyo es apostar más por un Sport Evo o alguna edición especial, los precios ya pasan la barrera de lo aceptable y deberías preparar 120.000 euros para una buena unidad con pocos kilómetros...
