A cuchillo con el Marc Philipp Gemballa Marsien: un 911 con motor preparado por RUF como no hay ninguno

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Marc Philipp Gemballa Marsien: este es el nombre del 911 preparado por RUF que no se parece a nada en este mundo y que hemos probado en el mejor escenario posible.
Ahí estábamos, surfeando alegremente una ola de par cortesía de un motor bóxer de Porsche vitaminado por RUF. Pero el coche en cuestión es el nuevo Marc Philipp Gemballa Marsien, un modelo del que probablemente no habías oído hablar, pero que los millonarios del mundo ya han agotado.
Cada subida de marcha venía acompañada por ese silbido de la wastegate a punto de estallar, haciendo que el coche se retorciera ligeramente sobre el asfalto caliente. Cada microsegundo de silencio entre los cambios era como ese momento justo antes de que alguien revele un secreto.
El aire vibraba con el aullido de un escape Akrapovič de titanio, mientras la carrocería iba succionando partículas de arena del asfalto como si fueran purpurina cósmica. Pura gloria automovilística.
Pero de repente… freno a fondo
Las ruedas chirriaban, intentando agarrarse al suelo en sentido contrario. No era una suave bruma de arena lo que cubría la carretera, sino un corte abrupto en el asfalto seguido de una caída de medio metro hacia una duna. Como si el desierto hubiera mordido un trozo de carretera. Para la mayoría de deportivos, esto sería una especie de game over.
Pero para el Marc Philipp Gemballa Marsien, esto es solo el principio. Porque basta con pulsar un botón y este bicharraco se eleva desde 120 hasta 250 mm de altura libre al suelo. Nada del otro mundo para un SUV, pero una barbaridad para un coche que parece una mezcla entre un Porsche 959 modernizado y un GT3 de carreras. Que es, básicamente, lo que es.
El Marsien se presenta como un “coche deportivo de aventura”, inspirado por aquellos locos cacharros del París-Dakar. Diseñado originalmente por Alan Derosier (sí, el del concepto Porsche 908/04), es el primer modelo del joven Marc Philipp Gemballa, hijo del mítico Uwe Gemballa. Ojo: esta es una nueva empresa, no una continuación directa de la anterior.
“Marsien” significa “marciano” en francés, y se desarrolló entre las arenas rojas de los Emiratos Árabes, que recuerdan al planeta rojo. No es un restomod, ni un simple coche tuneado: es una producción limitada de 40 unidades.
Ingeniería de otro planeta
Bajo esa piel de carbono —fabricada por un proveedor que trabaja con cinco equipos de Fórmula 1— se esconde un Porsche 911 Turbo S. Pero nada queda intacto: cada panel ha sido rediseñado. El motor, firmado por RUF, rinde 750 CV y 930 Nm en su configuración estándar, y 830 CV como opción. La suspensión ajustable es de KW Automotive, aunque también hay una fija, estilo rally, firmada por Rieger.
Se ha desarrollado una suspensión de doble trapecio completamente nueva, con cinemática, palieres y geometría reinventadas. Hasta los pasos de rueda han sido rediseñados para dar cabida a ejes derivados del Cayenne. También cuenta con protector de bajos en aluminio, espejos inspirados en los RSR y un compresor de aire integrado. Todo homologado por TÜV. Nada de postureo barato.
Este no es el típico deportivo con carrocería extravagante ni un restomod de catálogo. Tiene presencia. Recuerda al 959 en la zaga, con un toque de 935 “Moby Dick”. Como si el Marsien se hubiera zampado a un 911 992. Y lo mejor es que, cuando te acercas, te das cuenta de que está mejor acabado que muchos coches de producción en serie.
El interior mantiene ese enfoque Porsche de “menos es más”. Inspiración Carrera GT en la consola central, carbono pintado (incluso en la jaula de seguridad), tiradores GT en las puertas y detalles justos pero bien escogidos. Nada de tapizados raros ni maderas brillantes. Calidad, lógica y ergonomía.
¿Y cómo va? Pues como un tiro… en Marte

Parece un Turbo S con más mala leche. Los turbos no son de esos que se despiertan con calma: aquí silban con rabia en cuestión de segundos. En carretera, la respuesta es inmediata pero civilizada. Es muy usable, incluso cómodo. Sí, podrías usarlo a diario.
Pero es fuera del asfalto donde se convierte en otra cosa. Una duna es solo una curva más. A la izquierda, te subes a 45º por una colina de arena; a la derecha, surfeas una ola dorada de polvo. Y el coche no se inmuta. Es como un insecto rápido que patina por la superficie sin hundirse.
La tracción es difícil de gestionar cuando el terreno no se decide: hay zonas compactas, otras resbaladizas, otras que parecen talco. Pero el sistema de gestión de tracción de Porsche hace magia. El Marsien mantiene la compostura y no se convierte en una peonza histérica.
Hubo un pequeño fallo con el control de tracción en la unidad que conducía (no se podía desconectar del todo), pero por suerte tenían otra unidad sin ayudas, y ahí sí pudimos ver de lo que era capaz. Pista: mucho, demasiado, a tope, genial.
Marc ha reunido al dream team de la ingeniería: suspensiones, especialistas en motores, carroceros... El resultado es un superdeportivo que se comporta como un buggy de competición en el desierto.
Sí, lo empanzamos una vez, pero fue culpa del piloto. O sea, yo. Con los neumáticos de carretera, hace el 0–100 km/h en 2,6 segundos y llega a 335 km/h. Como un coche de rallycross con traje de gala.
Pues necesitarás un Porsche Turbo S (283.582 euros nuevo) y 500.000 euros más por el kit Marsien. Precio total aproximado: 750.000 euros. En un mundo donde los restomod valen millones, esto es… casi razonable. ¿La mala noticia? Las 40 unidades ya están vendidas.
Pero si esto es solo el principio, que vengan más invasores de Marte, por favor.

