Aparte de un gran superdeportivo, el Ferrari F50 GT podría haber sido uno de los mejores coches de carreras. Pero nunca compitió

El Ferrari F50 GT fue una versión de carreras del F50, con numerosas modificaciones en la aerodinámica y, sobre todo, el motor, hasta alcanzar los 750 CV.
En la década de los 90, a Ferrari le pasó algo parecido a lo que le ocurrió a Ford con el RS200 una década antes, cuando desarrolló el coche para el Grupo B y, justo cuando estaba listo, la FIA canceló la categoría. El Ferrari F50 GT podría haber sido uno de los mejores coches de carreras, pero nunca compitió.
La analogía con el RS200 viene que ni pintado. Por desgracia, la vida es caprichosa, los proyectos tardan tiempo en desarrollarse y, cuando todo está preparado, cambian las reglas y tira por la borda todo el trabajo hecho.
La década de los 90 fue una época delicada para Ferrari. Al menos, al inicio, tras la muerte de Enzo Ferrari. La marca italiana se enfrentaba al desafío de continuar sin su fundador, el que llamaban Il Commendatore.
Además, venía de una década de los 80 muy exitosa, con modelos emblemáticos como el 288 GTO, el F40 y el Testarossa. El listón estaba altísimo y, de hecho, el primero modelo post Enzo, el 348, no cuajó. Luego llegaron otros mejores, como el 456 GT, el F355 o el 550 Maranello, que devolvieron la alegría a la casa italiana.
Ferrari F50, una joya injustamente infravalorada

Pero la joya fue el Ferrari F50, lanzado en 1995. Un superdeportivo que ha sido injustamente infravalorada durante mucho tiempo y que, afortunadamente, ahora recibe el reconocimiento que merece.
El F50 fue el primer superdeportivo de Maranello que se encontró un poco con el pie cambiado. Por un lado, tenía la difícil misión de reemplazar al F40; por otro, debía enfrentarse a otros superdeportivos que en ese momento parecían incontestables, como el Bugatti EB110, el Jaguar XJ220 (el coche de producción más rápido del mundo en su momento) y el McLaren F1, ganador de en Le Mans con la versión GTR, precisamente en 1995.
Ferrari define al F50 como “un coche sin concesiones y sin dirección asistida, servofreno y ABS. En compensación: materiales compuestos, técnicas de fabricación y aerodinámica de GP”.
Creado para celebrar el 50º aniversario de la marca (como el F40 diez años antes), el F50 lo tenía todo para enamorar. Dejando a un lado su diseño, que era una evolución del F40 adaptada a las tendencias de los 90, recurría a un motor V12 de 4.7 litros colocado atrás, que compartía mucho ADN con el 3.5 utilizado por el Ferrari 641/2 de 1990 de Alain Prost.
El motor se unió directamente al chasis mediante subestructuras metálicas y, por lo tanto, es un elemento más de la estructura. La guinda la ponía una caja de cambios manual de seis velocidades, sencillamente, excelente. Hay quienes afirman que no hay un cambio manual mejor.
Sus prestaciones todavía erizan la piel: acelera de 0 a 100 km/h en 3,87 segundos y alcanza una velocidad máxima de 325 km/h. Ahora, intenta leer estas cifras con unas gafas de los años 90.
Ferrari F50 GT, el coche de carreras que no llegó a competir

Como era de esperar, Ferrari contempló la posibilidad de hacer una versión del F50 más bestia, destinada a la competición. Crear una especie de sucesor del Ferrari F40 LM con el objetivo de enfrentarse al McLaren F1 GTR y al Porsche 911 GT1 en las GT Series de BPR Global.
Se trataba de una competición donde competían coches modificados a partir de modelos de calle. Era una oportunidad ideal para Ferrari que, además, contaba con una base de la que partir, ya que el F50 era casi un coche de carreras.
Con los ajustes pertinentes, podría ser imbatible… pensarían en Maranello. Así que la firma italiana se puso a trabajar junto con Dallara y Michelotto. Desde luego, con un equipo así, las posibilidades de hacer algo bueno se incrementan.
El resultado de este trabajo fue el Ferrari F50 GT, un coche que hoy se queda lejos de los hiperdeportivos electrificados que alcanzan potencias descomunales y superan los 400 km/h. Pero, si contamos solo coches de gasolina, estamos ante uno de los más salvajes de la historia.
Un V12 de 750 CV gritando a 10.000 rpm

El coche recibió numerosas modificaciones. En el plano estético, los ingenieros instalaron un techo duro en lugar del tipo targa del F50 de serie y realizaron un completo trabajo aerodinámico, modificando el frontal, el capó delantero y añadiendo un gigantesco alerón en la zaga para mejorar el downforce.
Sin embargo, aunque la aerodinámica siempre es importante, no era lo más imponente en el F50 GT, sino su motor. Montaba el mismo V12 de 4.7 litros derivado de la F1, pero convenientemente mejorado para entregar nada menos que 750 CV y 529 Nm. Eran 230 CV más que el modelo de producción, a lo que había que añadir el aligeramiento de peso.
Al tratarse de un coche de carreras, se eliminó todo lo que no era estrictamente necesario. El resultado fue un peso en seco de 860 kg, poco más de 900 kg en orden de marcha, lo que hacía una relación peso-potencia de 872 CV por tonelada. Con todo, su velocidad máxima se acercaba a los 400 km/h.
El motor tenía la línea roja fijada en las 10.500 vueltas, una bestialidad que, por desgracia, muy pocas personas en el mundo pueden disfrutar.
El F50 GT se quedó sin competir

El Ferrari F50 GT estaba preparado para competir, pero, lamentablemente, nunca llegó su oportunidad. La razón fue que la FIA decidió modificar las reglas de su recién creada categoría FIA World Championship y permitió a las marcas crear coches prácticamente desde cero y no procedentes de versiones de calle ya existentes.
Tras este cambio de regulación, Ferrari decidió abandonar el proyecto para centrarse en la Fórmula 1. Las BPR Global GT Series se cancelaron y todo se centró en el campeonato GT de la FIA.
Inicialmente, Ferrari se propuso construir seis unidades del F50 GT, pero sólo llegó a completar tres. El resto se cree que acabaron desguazados. Los tres chasis fabricados se vendieron y hoy son auténticas piezas de colección.

