En Japón tenían tal problema económico que lanzaron la ley de los kei-cars. Y Mazda lanzó el R360 como primer integrante suyo en este pequeño grupo

En 1969, Mazda lanzó al mercado su primer coche, que fue, además, un integrante de la categoría kei-car, tan famosa en Japón desde después de la Segunda Guerra Mundial: fue el Mazda R360.
Seguramente te suene el concepto kei-car, un tipo de coche diminuto muy popular en Japón. Lo que quizás no conozcas es que el primer coche de Mazda fue, precisamente, un integrante de este grupo: el Mazda R360.
Tenemos que remontarnos a los años 40, al mundo de posguerra. En Europa solemos hablar del estado en que quedó el continente tras la Segunda Guerra Mundial, con países como Alemania completamente devastados. Pero Japón no se queda atrás.
Además, la guerra continuó unos meses más en el Pacífico, hasta que Estados Unidos tiró dos bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima (precisamente, donde Mazda tiene su sede) y Nagasaki.
Podemos imaginar (en realidad, no) la situación de Japón en aquella segunda mitad de los años 40 y los 50. Fue entonces cuando surgieron los kei-cars, pequeños automóviles con el objetivo de promover el crecimiento de la industria automotriz, fomentar el uso de estos vehículos y ofrecer una alternativa para el transporte de pasajeros y mercancías.
Mazda R360, el primer coche de la marca fue un kei-car
Mazda tenía menos trayectoria en el sector de la automoción, si la comparamos con otras marcas como Toyota, que ya operaba desde finales de los años 30. En 1960, lanzó al mercado su primer coche y fue, precisamente, un kei-car.
Era un coche diminuto, de apenas 2,98 metros de largo y 1,29 metros de ancho, construido sobre un chasis muy ligero. Utilizaba una estructura monocasco extremadamente simple y una serie de elementos que contribuían a disminuir el peso, como una luneta trasera de plexiglás, un capó de aluminio y una caja de cambios fabricada con una aleación de magnesio ligera, igual que el cárter.
Como cabe esperar, el interior del R360 era muy pequeño, además, teniendo en cuenta su distancia entre ejes de apenas 1,76 metros. No obstante, estaba homologado para transportar a cuatro pasajeros.

La oferta mecánica del R360 constaba de un solo motor, un V-twin de 356 centímetros cúbicos, dos cilindros y cuatro tiempos, refrigerado por aire y montado en la parte trasera, que entregaba 16 CV y 22 Nm de par, unido a una caja de cambios de cuatro velocidades, disponible también en automático.
Con esta configuración, el pequeño Mazda era capaz de alcanzar una velocidad máxima de 90 km/h, más que suficientes para desplazarse por las carreteras japonesas de aquellos años.
Sin embargo, pese al pequeño tamaño del motor y las reducidas dimensiones del coche, el consumo era muy alto, 32 litros a los 100 km, una cifra más propia de algunos V8 americanos que llegaron después, exprimiéndolos al máximo.
En cuanto al chasis, montaba una suspensión independiente a las cuatro ruedas con resortes elásticos y barras de torsión en cada eje.
El coche que motorizó Japón

En cada país hay un coche que se encargó motorizar a la población, de permitirle acceder a un automóvil y disfrutar de libertad de movimiento, gracias a su precio muy competitivo. En España fue el Seat 600, en Alemania el Escarabajo, el Francia el 2CV… y en Japón fue el Mazda R360.
Se vendieron unas 4.500 unidades del kei-car de Mazda, convirtiéndose en el coche con mayor éxito comercial de la compañía hasta aquel momento. Una cifra que hoy nos puede parecer escasa, pero que supuso controlar dos tercios del mercado en esta categoría (nadie imaginaba en esos años que luego llegaría un roadster que se convertiría en el más vendido de la historia).
El Mazda R360 estuvo en producción durante seis años. En 1966 cesó la producción, aunque hubo una variante denominada P360 o Carol, que continuó hasta 1970. También hubo una versión descapotable.
Es curioso cómo, a veces, las cosas más pequeñas pueden llegar a ser grandes y este es un ejemplo. El R360 ha pasado a la historia como uno de los coches más importantes de Mazda y merece un lugar destacado junto a otros tótems de la marca, como el MX-5, el RX7 o el mismísimo 787B que ganó en Le Mans.

