En los años 90 el Opel Calibra se hizo un hueco entre los aficionados a los deportivos asequibles. Y de todos, el más deseable es el que tenía el motor C20XE de 16 válvulas

Opel Calibra
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El Opel Calibra 2.0 16v fue una de las variantes más queridas del coupé noventero y gran parte de ello se debe a su motor C20XE.

Hubo un momento en el que comprar un coche deportivo no suponía ni recurrir a una marca premium ni desembolsar una fortuna. En los años 90 abundaban los coupés, que formaban parte de la gama de numerosos fabricantes generalistas y muchos se convirtieron en leyendas: Toyota Celica, Volkswagen Corrado, Nissan 200SX… pero también un icono alemán que todavía se puede ver por nuestras calles, el Opel Calibra, que con el motor 2.0 16V C20XE formó un tándem de lo más destacado.

Presentado en el Salón de Frankfurt de 1989, el Calibra llegó al mercado español en 1990 como sustituto espiritual del Opel Manta. Aunque compartía plataforma y numerosos elementos mecánicos con el Vectra, su carrocería de dos puertas tenía una personalidad completamente diferente y marcadamente más deportiva.

El diseño, obra de Erhard Schnell, apostaba por unas líneas extremadamente limpias y una aerodinámica que todavía hoy sorprende, y no es un decir: su coeficiente de penetración era de apenas 0,26 Cx en las versiones iniciales, una cifra extraordinaria que durante años le colocó como referente de la industria.

Además, tenía una particularidad poco habitual en los coupés de la época: podía transportar a cuatro adultos con una habitabilidad razonable. No era simplemente un deportivo de dos plazas con espacio testimonial detrás, sino un automóvil relativamente práctico que incluso se podía utilizar a diario. Para muestra, el hecho de que el maletero ofreciera algo más de 300 litros de capacidad.

Ese punto intermedio entre deportivo y coche utilizable hizo que se quedara corto para quienes buscaban algo más radical, pero como propuesta versátil funcionó, algo que atestiguan las 238.647 unidades del Calibra que se fabricaron antes de poner fin a su producción en 1997.

Parte de esa versatilidad vino también de una oferta de motores variada, desde el 2.0 de ocho válvulas y 115 CV hasta el 2.0 Turbo 4x4 de 204 CV tope de gama o el 2.5 V6 de 170 CV. Eran otros tiempos, pero hay una versión que para muchos destacaba sobre el resto: el 2.0 16V equipado con el motor C20XE.

El famoso motor C20XE “tapa roja”

El C20XE era un bloque de cuatro cilindros atmosférico de 1.998cc, con culata de aluminio, doble árbol de levas y cuatro válvulas por cilindro. La culata contó con la colaboración de Cosworth en su desarrollo y el resultado fue un motor que entregaba 150 CV a 6.000 rpm y 196 Nm de par máximo a 4.800 rpm.

Las cifras oficiales y las mediciones de la época situaban su velocidad máxima en torno a 220 - 223 km/h, mientras que el 0 - 100 km/h lo completaba aproximadamente en 9 segundos. Como siempre decimos, hay que ver las cosas en perspectiva y es que, aunque visto desde el prisma actual parecen registros muy normales, para un coche de unos 1.200 kilos a principios de los 90 no estaban nada mal.

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Además, no eran los números puros lo que más gustaba de este motor, era el carácter que le imprimía al coche: era capaz de responder con bastante contundencia desde regímenes relativamente bajos y continuaba empujando con fuerza cuando la aguja del cuentarrevoluciones se acercaba a la zona alta.

Además, hablamos de una época pasada, analógica, así que el cambio de marchas corría a cargo de una transmisión manual de cinco velocidades, mientras que el sistema de tracción era delantera.

El chasis del Calibra 2.0 16V era menos brillante que el motor

Que su plataforma derivara del Vectra era uno de sus principales puntos débiles (aunque también es algo relativo), porque estaba concebida más pensando en ofrecer estabilidad y confort a alta velocidad que en convertir al coupé en un deportivo radical.

Esto daba lugar a una dualidad: en autopista era un coche especialmente agradable, estable y silencioso; en gran parte gracias a su magnífica aerodinámica, pero cuando la carretera era más revirada aparecían algunas de sus limitaciones.

Según quienes tuvieron oportunidad de “catarlo” en su día, tenía un comportamiento razonablemente seguro, aunque el eje delantero podía acusar pérdidas de tracción en fuertes apoyos y cuando se iba al límite aparecía un subviraje que podía llegar a ser importante.

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Según parece, tampoco los frenos eran uno de sus puntos fuertes: contaba con discos delanteros ventilados de 256 milímetros, discos traseros macizos de 260 milímetros y ABS, pero el tacto podía resultar algo esponjoso.

Era, como adelantábamos al principio, el Opel era un deportivo noventero con estilo equilibrado, que se alejaba de las propuestas más radicales del segmento. Eso no implica que no se pudiera disfrutar de sus prestaciones y, de hecho, era un coche bastante disfrutón: la combinación de un motor elástico, una caja de cambios bien escalonada y una carrocería extremadamente aerodinámica hacía que fuera excelente para viajar rápido durante muchos kilómetros.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España