Porsche 959 Grupo B, el prototipo que nunca compitió, pero originó uno de los mejores deportivos de la Historia

Diseñado para los circuitos, el Porsche 959 Grupo B nunca llegó a competir, pero sirvió de base para hacer uno de los mejores y sofisticados deportivos de la Historia. 

La década de los 80 fue inolvidable para muchos aficionados al motor. Reinaba el Lamborghini Countach con su estética futurista. Ferrari respondió con el F40 y su V8 biturbo. Porsche hizo lo mismo con el 959, el más avanzado tecnológicamente. Pero, paralelamente, desarrolló el Porsche 959 Grupo B.

El Porsche 959 Grupo B fue un prototipo muy especial, diseñado para correr en los rallys del Grupo B, aunque nunca llegó a participar en ninguna prueba. El proyecto empezó en 1981, cuando Helmuth Bott, ingeniero jefe de Porsche, tuvo la idea de crear un nuevo 911 con tracción a las cuatro ruedas. 

Para convencer a la gente, propuso el nuevo vehículo como un coche de carreras para el Grupo B. Obtuvo la aprobación, pero los costes debían mantenerse bajos, utilizando un motor existente, procedente del Grupo C.

La idea cobró fuerza en 1983, cuando el prototipo del Grupo B se presentó en el Salón del Automóvil de Frankfurt. Aunque tenía algunos rasgos del 911 contemporáneo, como la distancia entre ejes, la línea del techo, las ventanillas, las puertas o gran parte del interior, en realidad el nuevo modelo tenía poco en común con aquel.

El Porsche 959 Grupo B que nunca compitió

La carrocería del prototipo 959 Grupo B fue objeto de desarrollos exclusivos. Se añadieron salidas de aire en los pasos de rueda delanteros y traseros, así como tomas de aire delante de las ruedas traseras. En 1985 debutó el modelo de producción en el Salón de Frankfurt y gran parte del hardware era el mismo que el del prototipo.

Con el desarrollo del proyecto, Porsche vio el 959 básicamente como su coche para las carreras del Grupo B. A tal efecto, planearon producir 200 unidades para homologar el coche. Por lo tanto, el prototipo pasó a conocerse como coche ‘Gruppe B Studie’. 

La producción del 959 no comenzó hasta 1985, pero nunca llegó a competir en ninguna carrera del Grupo B. Sin embargo, se convirtió en uno de los deportivos de calle más icónicos de la década de los 80. 

Una de las partes más importantes del coche era el motor. El prototipo montaba un bloque procedente del Porsche 956 Group C que había corrido en el Campeonato del Mundo de Resistencia en 1982 y logró un triplete en las 24 Horas de Le Mans de aquel año. 

Se trataba de una evolución del seis cilindros bóxer Typ 935/76 de 2.65 litros, con doble turbocompresor y una potencia que oscilaba entre los 620 y 640 CV. se aumentó la cilindrada hasta los 2.850 centímetros cúbicos, pero se mantuvo las bielas de titanio y los cuatro árboles de levas accionados por engranajes. 

El deportivo más avanzado de su tiempo

El bloque motor estaba refrigerado por aire, mientras que la culata de cuatro válvulas estaba refrigerada por agua, como el motor de carreras. Igualmente, estaba sobrealimentado por dos turbos KKK dispuestos de forma secuencial para reducir el lag, doble intercooler y un sistema de inyección electrónica Bosch

El resultado fue un motor de 450 CV y 500 Nm de par máximo, transmitidos a las cuatro ruedas mediante una caja de cambios manual de seis relaciones y un avanzado sistema de tracción total, otra novedad importante que introdujo Porsche en sus modelos de calle, gracias al 959. 

Dicho sistema era el Porsche-Steuer Kupplung (PSK). En aquel momento, era el sistema de tracción total más avanzado en un coche de producción, capaz de cambiar dinámicamente la distribución del par entre las cuatro ruedas, dotándolo de una fantástica capacidad de adaptación, tanto para circular por carretera como en circuito.

Para hacerlo más refinado aún, contaba con un sistema de regulación de altura, entre 120 y los 180 milímetros, un equipo de frenos compuesto por discos de 320 milímetros delante y 305 detrás, con pinzas de cuatro pistones, un sistema antibloqueo que ayudaba a mantenerlo todo bajo control y un sistema de monitorización de presión de neumáticos.

Se diseñó para competir en el Grupo B de los rallys, aunque nunca llegó a pisar ninguna prueba del campeonato. Pero aquel proyecto sirvió para llevar a producción un deportivo que tardó poco en recibir la etiqueta de icono de la automoción. El Porsche 959 fue precursor de una saga de superdeportivos que vinieron después, como el Carrera GT o el 918 Spyder.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España