El Ferrari Luce tiene una aceleración brutal, y por eso, por seguridad, la marca pidió ayuda a la NASA

Ferrari Luce
Ferrari Luce

Ferrari está a punto de lanzar su primer coche eléctrico. Sin embargo, gestionar la potencia que genera su sistema de propulsión ha obligado al fabricante a pedir ayuda a la NASA.

Cuando se habla de Ferrari, el debate suele girar en torno a cifras de potencia, tiempo en el 0 a 100 km/h y sensaciones cada vez más intensas. Pero con el desarrollo del Ferrari Luce, la marca italiana se ha encontrado con un problema que le llevó a solicitar ayuda a la NASA. Y es que el desafío iba más allá de hacer un coche rápido. También había que entender hasta qué punto esa rapidez podía convertirse en algo contraproducente para el propio conductor.

La electrificación ha cambiado por completo la forma en la que un coche acelera. Frente a la progresividad de un motor de combustión, un coche eléctrico entrega todo su par desde el primer instante, sin escalones, sin pausas y sin ese aumento gradual de intensidad al que está acostumbrado el cuerpo humano.

Aceleración por encima del límite humano

Durante el desarrollo de este modelo, Ferrari detectó que esa aceleración tan inmediata y constante generaba un efecto inesperado. Más allá de sensaciones fuertes, la firma de Maranello necesitaba averiguar cómo reacciona el organismo ante ese tipo de estímulo. La experiencia podía llegar a resultar desconcertante, incluso incómoda en determinadas ocasiones.

Tal y como explicó Benedetto Vigna, director ejecutivo de Ferrari, la intensidad de la aceleración llegó a ser tal que, en algunos casos, podía “perturbar el cerebro”. El sistema vestibular, encargado del equilibrio y situado en el oído interno, necesita ciertas referencias para interpretar correctamente los cambios de velocidad. Cuando la aceleración es completamente lineal y extremadamente rápida, esas referencias desaparecen.

En otras palabras, el cuerpo pierde la capacidad de anticipar lo que está ocurriendo. No hay transición, no hay progresividad, y eso puede generar una sensación de desorientación. Es un fenómeno que, hasta ahora, apenas se había planteado en la industria del automóvil, pero que cobra sentido en un escenario donde las prestaciones han alcanzado niveles inéditos gracias a la tecnología del automóvil eléctrico.

Lejos de optar por una solución sencilla, como limitar la potencia o suavizar la respuesta del acelerador, Ferrari decidió ir un paso más allá. La marca se propuso entender cuál es el límite real que puede soportar el cuerpo humano sin que la experiencia deje de ser agradable. Y para ello recurrió a quienes más saben de este tipo de situaciones, expertos médicos y la propia NASA.

La NASA asesoró a Ferrari

La NASA lleva décadas estudiando cómo afectan las fuerzas G al organismo, especialmente en pilotos y astronautas sometidos a aceleraciones extremas. Ese conocimiento ha servido como base para que Ferrari pueda ajustar el comportamiento del Luce sin renunciar a su carácter.

El objetivo era el de encontrar ese punto de equilibrio en el que la aceleración sigue siendo emocionante, pero no llega a resultar incómoda. Es un matiz importante, porque supone un cambio de enfoque respecto a lo que tradicionalmente ha sido la industria. Durante años, la lógica ha sido que cuanto más rápido acelere un coche, mejor.

Ahora, parece que ese límite empieza a tener sentido y preocupa a los fabricantes, que no quieren arruinar la experiencia de conducción con más fuerza de aceleración de la que puede soportar el cuerpo humano.

Y eso que, desde el punto de vista técnico, el Luce apunta muy alto. Todo indica que contará con una arquitectura eléctrica de gran potencia, con varios motores y una cifra cercana o incluso superior a los 1.000 CV. En términos de prestaciones, eso se traduce en una aceleración de 0 a 100 km/h en torno a los 2,5 segundos, situándolo en territorio de hiperdeportivos.

Sin embargo, lo interesante no está solo en el dato, sino en cómo se gestiona. Ferrari está trabajando en sistemas específicos para modular la entrega de potencia, introduciendo variaciones que permitan al conductor interpretar mejor lo que está ocurriendo.

El conductor podrá modular la forma en la que acelera el Ferrari Luce

En este sentido, uno de los elementos más llamativos será el uso de levas en el volante. A diferencia de otros coches eléctricos, donde estas se utilizan para ajustar la frenada regenerativa, aquí tendrán una función distinta. Las levas permitirán al usuario controlar la forma en la que se entrega la potencia. Es decir, permitirán alterar la respuesta del sistema eléctrico para introducir cierta progresividad en la aceleración.

Esto supone, en cierto modo, recuperar parte de la experiencia de conducción de un coche de combustión, donde el empuje crece de forma más natural. Es una solución técnica que busca acercar dos mundos que, hasta ahora, parecían opuestos, como lo son la inmediatez de la propulsión eléctrica y la progresividad del motor de combustión tradicional.

Hemos llegado a un punto en el que la tecnología permite hacer coches extremadamente rápidos, pero eso no significa que siempre tenga sentido hacerlo sin límites. Ferrari, una marca que históricamente ha llevado las prestaciones al extremo, ha sido una de las primeras en plantearse dónde está ese límite.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España