Lexus quería hacer un superdeportivo mítico, y lo hizo. El problema es que el LFA se fabricaba a (grandes) pérdidas

Para poder convertirse en un fabricante de superdeportivos reputado, Lexus tuvo que fabricar el LFA sin mirar el coste. Para sorpresa de nadie, cumplió con lo esperado.
El Lexus LFA es uno de esos superdeportivos que rara vez llegan a la línea de producción. Su desarrollo se dilató durante 10 largos años y costó cientos de millones de dólares para comercializar tan solo 500 unidades. Sin embargo, Lexus dio vida a uno de los mejores superdeportivos del siglo XXI, un coche avanzado incluso para su época en el que la marca no reparó en gastos, aunque ello supusiera fabricar a pérdidas.
Lexus, aunque pueda parecer lo contrario, no es una marca veterana. La firma premium de Toyota llegó al mercado en 1989 con el propósito de destronar a Mercedes-Benz y BMW en su propio segmento. Lo hizo de la mano del LS, una berlina de alta gama cuyo desarrollo le costó a la Lexus la friolera de más de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, cumplió sobradamente con las expectativas.
Los orígenes del proyecto Lexus LFA

11 años más tarde, en el seno de Toyota deciden poner en marcha el proyecto Lexus Future Apex. Comienza en 2000 con el objetivo de dar forma a un superdeportivo que simbolizara para Lexus lo que el LS representaba en el segmento de berlinas ejecutivas. Cinco años más tarde, coincidiendo con el Salón del Automóvil de Detroit de 2005, la marca presenta el Lexus LF-A Concept.
Un año más tarde, tras haber estudiado el proyecto y la respuesta del público, Toyota da luz verde a la creación del LFA. Sin embargo, pasar de un prototipo a un coche de producción, teniendo en cuenta los altos estándares de calidad y rendimiento exigidos por Lexus, suponía seguir invirtiendo una importante suma de dinero.
Y lo primero que tenían que hacer tras comprobar que el bastidor de aluminio diseñado para el LF-A Concept era demasiado pesado y no tan rígido como lo que se esperaba, lo que obligó a los ingenieros de Lexus a crear una carrocería de fibra de carbono, lo que requirió modificar muchas piezas que ya se habían diseñado para adaptarse a las exigencias de este nuevo y ligero material.
El desarrollo del motor fue otro de los apartados que engulló gran parte del presupuesto. El elegido fue un V10 derivado de la participación de Toyota en la Fórmula 1. El 1LR-GUE, como se le conoce a esta mecánica, era unidad de 4.8 litros y aspiración natural a la que Lexus dio vida en colaboración con Yamaha Motor Co.
Sonido meticulosamente estudiado
Lo más interesante de este motor fue que el Centro de Tecnologías de Sonidos Avanzadas de Yamaha participó en el diseño del motor para que tuviera ese sonido tan característico que emite una vez instalado en el LFA.
Para conseguirlo, se prestó atención a la admisión, los soportes del motor, los colectores y el escape, todo un desafío artesanal hasta que Lexus y Yamaha consiguieron que el motor emitiera una melodía que será recordada para todos los tiempos.
Por si esto no fuera suficiente, el motor V10 es una excelente obra de ingeniería que es capaz de alcanzar las 9.500 rpm, al mismo tiempo que produce 560 CV y un par motor de 480 Nm. El bloque, además, tiene una capacidad tan elevada de alcanzar rápidamente altos regímenes de revoluciones que Lexus tuvo que instalar un cuentarrevoluciones digital porque uno analógico era, simplemente, incapaz de seguirle el ritmo al 1LR-GUE.
Paralelamente al LFA, la marca trabajó en una edición especial inspirada en las constantes sesiones de pruebas llevadas a cabo en el Nordschleife. Se le llamó Lexus LFA Nürburgring Package y era más potente (570 CV), tenía una nueva calibración de la transmisión, una suspensión más rígida, una mejor aerodinámica y unas llantas ligeras con neumáticos Bridgestone Potenza RE070. Solo se iban a fabricar 50, aunque acabaron ensamblándose 64.
Producción limitada y a pérdidas

Del Lexus LFA, incluyendo las unidades estándar y las de la edición especial Nürburgring, se fabricaron 500 ejemplares en la planta de Toyota en Motomachi entre diciembre de 2010 y diciembre de 2012.
El LFA fue el proyecto que puso a Lexus en el mapa de los fabricantes de superdeportivos a comienzos de la década de 2010. Pero no fue gratis. Toyota tuvo que invertir más de 800 millones de dólares para materializar el proyecto, y cada ejemplar se fabricaba a pérdidas, ya que su producción costaba 750.000 dólares, y, al menos en Estados Unidos, el precio de venta del Lexus LFA era de 375.000 dólares y 421.000 euros en España.
No obstante, Lexus consiguió crear un superdeportivo espectacular y una pieza de colección que hoy tiene un valor de venta muy superior al que tenía hace más de 15 años, ya que la producción limitada, unido a sus prestaciones y exclusividad, han hecho del Lexus LFA un vehículo muy coleccionable por el que se pagan importantes sumas de dinero.

