El primer coche en superar los 300 km/h fue el RUF BTR

RUF BTR
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El pequeño constructor fue el primero el romper esa barrera, algo que molestó especialmente a fabricantes como Ferrari.

Cuando se habla de los primeros coches capaces de romper la barrera de los 300 km/h, la mayoría de los aficionados piensa automáticamente en iconos como el Ferrari F40 o el Porsche 959, pero el primero que logro dicha hazaña fue un protagonista mucho más humilde: el RUF BTR.

Es un hecho que romper cifras redondas de velocidad punta es sinónimo de dejar grabado tu nombre en la historia: los 200 km/h se superaron en 1949 y el responsable fue el Jaguar XK120, que alcanzó 200,5 km/h, pero luego hubo que esperar casi tres décadas para que se sobrepasara el siguiente centenar.

En 1982 el Lamborghini Countach se quedó a las puertas logrando 293 km/h, pero un año después llegaría quien por fin lo logró. Y no fue una de las grandes marcas, si no un constructor pequeño pero que hacía las cosas muy bien. Durante años RUF fue visto simplemente como un preparador especializado en Porsche, pero lo cierto es que la compañía alemana había obtenido el reconocimiento oficial como constructor de automóviles.

Puede no parecer mucho, pero implica una diferencia importante: significa que sus coches no eran simples Porsche modificados, sino vehículos con número de bastidor propio y considerados legalmente modelos independientes.

Y es que la historia de la marca también tiene algo de leyenda. Todo comenzó en 1963, cuando Alois Ruf, mecánico y constructor de autobuses, presenció un accidente de un Porsche 356. Ayudó a su conductor, compró el vehículo siniestrado y lo reconstruyó mejorándolo con sus propios conocimientos.

Poco después vendió aquel coche con un beneficio inesperado y comprendió que existía un mercado para deportivos Porsche aún más rápidos y refinados. Aquella casualidad fue el origen de una empresa que décadas después acabaría escribiendo una de las páginas más sorprendentes de la historia del automóvil.

RUF BTR III
RUF BTR IIIJosh Sweeney - RM Sotheby's

El gran salto llegó en 1983 con el lanzamiento del BTR, siglas de ‘Gruppe B Turbo RUF’. Basado en el Porsche 930 Turbo, el deportivo escondía una profunda transformación mecánica. Su motor bóxer de seis cilindros aumentó la cilindrada hasta los 3,4 litros e incorporó un intercooler desarrollado por RUF, nuevos árboles de levas, pistones específicos y un sistema de escape completamente revisado.

El resultado eran 374 CV y 480 Nm de par, cifras extraordinarias para una época en la que muchos superdeportivos apenas superaban los 300 CV. Además, el coche pesaba poco más de 1.200 kilos, una combinación que prometía prestaciones fuera de lo común.

Pero la potencia no era el único secreto del BTR, si no que RUF también solucionó uno de los puntos débiles del Porsche 930: su caja de cambios de cuatro velocidades. La firma desarrolló una transmisión manual de cinco relaciones que permitía aprovechar mucho mejor el potencial del motor, mejorar la aceleración y alcanzar una velocidad punta que pocos imaginaban posible para un coche matriculable.

La prueba definitiva de ello llegó en 1984 durante un ensayo organizado por la revista estadounidense Road & Track. En el circuito alemán de Ehra-Lessien se reunieron algunos de los deportivos más rápidos y exclusivos del momento. Allí estaban modelos como el Lamborghini Countach, el Ferrari BB512, el Aston Martin Vantage, el BMW M635 CSi, el Jaguar XJ-S HE e incluso el Porsche 930 Turbo oficial.

Sobre el papel, cualquiera de ellos parecía candidato a convertirse en el más rápido, pero el pequeño fabricante de Pfaffenhausen dio la sorpresa. El BTR registró una velocidad máxima de 306,4 km/h, aproximadamente 30 km/h más que cualquiera de sus rivales presentes en aquella comparativa. La revista no dudó en bautizarlo como el coche de producción más rápido del mundo.

Esto, lógicamente, escoció a los fabricantes que se consideraban “de verdad”. Algunos como Ferrari cuestionaron que un RUF pudiera ser considerado realmente un automóvil de producción y no un simple coche preparado. También se argumentó que la prueba no había contado con supervisión oficial de organismos encargados de homologar récords internacionales.

Pese a la polémica, el dato estaba ahí y desencadenó una auténtica carrera por la velocidad, debido al orgullo herido de las marcas. Ferrari aceleró el desarrollo del 288 GTO y poco después consiguió establecer una velocidad punta 1 km/h superior a la del alemán. En 1986 el Porsche 959 llegaría a 319 km/h y el Ferrari F40 en el 87 marcaría 325 km/h.

Desbancaron a RUF y creían haber ganado, pero la propia compañía no tardaría mucho más en recuperar su trono y vengarse con legendario CTR “Yellowbird” con una velocidad máxima de 342 km/h. Su fama fue tal que terminó eclipsando al BTR, pese a que fue este último quien abrió el camino.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España