El Seat Ibiza marcó un antes y un después en la marca. Tal día como hoy de 1984, el primero de todos salió de la fábrica de Barcelona

El Ibiza es uno de los superventas históricos de Seat, un coche que ha dejado huella en varias generaciones y que ahora celebra el aniversario del nacimiento de la primera unidad fabricada en España.
Hoy es el día en que salió de la fábrica de Barcelona el primer Seat Ibiza, un coche que marcó el inicio de una nueva era para la marca española y que se acabaría convirtiendo en todo un superventas. Así que ya sabes: apunta el 27 de abril de 1984, una de esas fechas a la que seguramente no habías prestado demasiada atención. O, incluso, es probable que no estuvieras ni en este mundo y no vivieras una de las épocas más importantes para la marca española en todos sus años de historia.
Porque sí, el Seat Ibiza fue mucho más que un modelo nuevo. Fue el primer coche desarrollado completamente por la marca en solitario, algo especialmente importante en un momento en el que Seat necesitaba demostrar que podía crear su propio camino. Eso sí, lo hizo apoyándose en algunos de los nombres más prestigiosos de la industria.
El diseño exterior corrió a cargo de Giorgetto Giugiaro, uno de los diseñadores más influyentes del automóvil, responsable de darle esa silueta compacta que todavía hoy resulta reconocible. En el apartado industrial participó Karmann, mientras que la parte del motor contó con el respaldo de Porsche. De hecho, esta colaboración quedó inmortalizada en el famoso “System Porsche”, una denominación que aparecía en la tapa de la culata del bloque y que, en su momento, era todo un argumento de venta.
El resultado de la colaboración de ese trío de all-stars fue un utilitario de 3,6 metros de largo, 1,6 metros de ancho y 1,39 metros de altura que rompía con lo que se esperaba en su categoría. No solo era práctico y compacto, algo que era impepinable, sino que ofrecía un nivel de espacio y confort más cercano al de modelos superiores, en parte gracias a una distancia entre ejes de 2,44 metros.
En cierto modo, fue algo que le hizo ganar adeptos, ya que democratizaba características que hasta entonces estaban reservadas a coches más grandes.
Desde su lanzamiento, la gama estaba bastante bien estructurada. Había tres niveles de acabado: L, GL y GLX, todos asociados a motores de gasolina de 1.2 y 1.5 litros, además de una opción diésel que llegaría más adelante.

El tope de gama era el Ibiza 1.5 GLX, equipado con un motor de cuatro cilindros de 85 CV y 120 Nm, gracias al que era capaz alcanzar una velocidad máxima de hasta 169 km/h. Utilizaba un sistema de tracción delantera, una caja de cambios manual de cinco velocidades, montaba frenos de disco delante y de tambor detrás, la suspensión delantera era independiente tipo McPherson con muelles helicoidales, amortiguadores hidráulicos y barra estabilizadora; y la trasera era independiente, con ballesta transversal y amortiguadores hidráulicos.
Era una versión que no solo ofrecía más potencia, sino también un equipamiento más completo, con detalles como elevalunas eléctricos o cierre de puertas electromagnético, así como unas llantas de aleación con un diseño más deportivo. Son elementos que, vistos desde el prisma actual, parecen poca cosa, pero en esa época destacaban.
Curiosamente, el primer Ibiza que salió de la línea de producción fue precisamente un 1.5 GLX. Ese coche, con número de chasis 1, se conserva hoy como una auténtica pieza de museo dentro de la colección histórica de la marca. No es el único: también se guardan otras unidades como un Ibiza con número de chasis 407, que incluso ha participado en competiciones de clásicos y llegó a ganar el Rally Catalunya Històric en 2018.
Hablando de deporte, el Ibiza también entró en competición desde bastante pronto. El Campeonato Inter-Ibiza, un rally monomarca en el que todos los participantes competían con unidades idénticas del 1.5 GLX, sirvió para demostrar la fiabilidad del modelo en condiciones exigentes.
Con el paso de los años, la gama fue creciendo. En 1986 llegó la versión de cinco puertas, ampliando su atractivo para familias o usuarios que buscaban algo más de versatilidad. Más adelante, en 1988, apareció el motor 1.5 SXI con inyección y 100 CV, una versión de mayores prestaciones que le hizo subir de nivel. Y todavía hubo tiempo en 1989 y 1991 de recibir sendas actualizaciones antes de que en 1993 llegara la segunda generación.
Su primera entrega fue todo un éxito: se fabricaron más de 1,3 millones de unidades, convirtiéndole en el segundo coche de la marca en superar el millón de unidades, solo por detrás del 127/Fura.
Aunque en el mercado nacional arrasó, su éxito no se limitó a España. El Ibiza también tuvo una fuerte presencia internacional, con exportaciones que llegaron a superar las 119.000 unidades en 1990. Esto fue clave para construir una imagen de marca más sólida fuera de nuestras fronteras, además de para captar la atención del Grupo Volkswagen, que acabaría integrándola.


