¡Exclusiva mundial! Ya nos hemos paseado en el Mercedes-AMG GT R

¡Agárrate! Me subo antes que nadie al Mercedes-AMG GT R para llegar como un misil a lo más alto de la colina de Goodwood.

El viernes Lewis Hamilton nos mostraba el Mercedes-AMG GT R, la versión más salvaje y no domesticada del deportivo alemán. Llegó con un color verde buscando asociaciones fáciles: ¿Hulk? ¿Una serpiente venenosa? ¿Algún insecto de picadura letal? Al menos nadie se atrevió a sacar a pasear la palabra ‘Eco’. ¡Menos mal!

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Aquí te cuento todos los detalles del Mercedes-AMG GT R, pero los datos clásicos, los ya, a estas alturas, seguro que conoces. Yo, en cambio, me voy a centrar en sus sensaciones puertas adentro. Aprovechando su presentación en el Festival de Goodwood, me he subido en el asiento del copiloto para ver qué tal se mueve en la subida a la ya mítica colina. ¿Me sigues?

 

Lamentablemente, este ejemplar es un pre-serie y Mercedes no me deja completar una prueba a sus mandos. Tendré que esperar. Pero a falta de pan buenas son tortas y no me quejaré. A mi izquierda el mandamás de AMG: Tobias Moers. Esto es algo bueno, ya que además de ser un gran piloto, podré intentar sacarle algún que otro secreto en medio de la emoción del momento.

 

Lo primero que me llama la atención, en esta primera toma de contacto del Mercedes-AMG GT R, es su aspecto, realmente parecido al del modelo de competición. La nueva parrilla frontal es contundente, con una serie de láminas verticales y una enorme estrella presidiendo todo. Es más ancho y más bajo que el resto de la gama y ciertos detalles permiten a este coche tener una presencia de coche de carreras. Mención aparte merece el espectacular difusor trasero con la salida de escape central. ¡Tremendo!

 

Los 585 CV y 1.630 kg de peso consiguen una relación peso potencia de 358 CV por tonelada, una cifra mejor que los 352 CV por tonelada del mismísimo Porsche 911 GT3 RS. Deja claro que estamos ante algo serio, pese a que acelere algo más lento que el bólido de Porsche, no se siente más torpe en ningún momento.

Lo que no me esperaba era el tremendo salto de calidad en el chasis, no lo esperaba, pero sí lo deseaba. Me explico: con el antiguo SLS, la diferencia entre la versión normal y la versión Black Series era abismal: un salto muy adelante en términos de manejo, equilibrio, efectividad, etc. El SLS estaba algo amodorrado, el Black Series era brutal. Con el Mercedes-AMG GT S pasa un poco lo mismo: la versión normal no es del todo equilibrada, especialmente en circuito, cuando primero se muestra algo subvirador para más tarde entrar un sobreviraje que te puede dar una colleja de esas que duelen.

 

Por lo poco que he sentido, el Mercedes-AMG GT R mejora allí donde más falla el normal. Es más equilibrado y más amable a la hora de llevarlo a fondo. Es más ágil, obediente y comunicativo. Ahora la derrapadas del eje trasero parecen controlarse mucho más fácil. La suspensión tiene una puesta a punto perfecta, firme pero no es insufrible. No se siente tan loco como un GT3 RS, pero creo que AMG ha creado un coche brutalmente efectivo. No busca conseguir la vuelta más rápida, a diferencia del Porsche, este se concentra en hacértelo pasar bien con la efectividad como prioridad.

 

Como te decía, este es todavía un coche de per-producción y hay cosas que todavía deben ajustarse, pero queda claro cuál es su vocación. Un elemento que me ha parecido muy interesante es el control de tracción configurable en nueve posiciones: será muy interesante ver cómo esta tecnología derivada de la competición se empieza a implantar en coches de calle.

En definitiva, el Mercedes-AMG GT R es la versión que hay que comprar. Un coche más eficaz, más divertido y más redondo en todos los aspectos, pero no: su aspecto bruto no debe confundirte. No es tan duro como un GT3 RS, al fin y al cabo el gen ‘Gran Turismo’ sigue en su ADN.

 

 

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