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Opinión: ¿son los motores tricilíndricos un buen invento?

Porque cuatro son mejor que tres. Y seis mejor que cuatro. Y así sucesivamente.

Imagen de perfil de Alex Aguilar
Ford Fiesta ST 2018

Hoy vamos a hablar de un tema realmente delicado que tiene enfrentado a todo el universo petrolhead... contra el universo de los cuñados preocupados por el medio ambiente: ¿son los motores tricilíndricos un buen invento? Sobre el papel tienen unas cuantas ventajas que podrían inclinar la balanza a su favor. Pero sobre el papel también tiene sentido que exista el Senado. Seamos serios y veamos qué argumentos tiene cada bando.

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Está claro que las restricciones anticontaminación van a transformar de un modo drástico y para siempre el modo en que entendemos el automóvil. Que países como Francia anuncien que para 2040 prohibirán las ventas de vehículos con motor de combustión deja muy claro que el camino a seguir pasará muy pronto por la electrificación -te recuerdo que Tesla ya tiene su primera tienda en España- o, al menos, por la hibridación del parque móvil de los países más comprometidos con que la Tierra no termine siendo menos habitable que la segunda fila de asientos de un 924 -uno de los Porsche que puedes comprar por menos de 20.000 euros-. 

Pero hasta que ese momento llegue... ¿qué hacemos? Los fabricantes lo tienen claro: tratar de introducir nuevas motorizaciones que pasen las pruebas de consumo sean realmente eficientes como para poder seguir vendiendo como sea disfrutando del automóvil sin generar demasiado impacto en la atmósfera. Y es aquí donde llega el maravilloso fenómeno del downsizing y los motores tricilíndricos. Sí, esos que prometen un rendimiento igual o superior al de sus homólogos con cuatro cámaras de combustión, con menos emisiones y una fiabilidad a prueba de bomba. Ya. 

Es posible que te haya llamado la atención la imagen elegida para encabezar el artículo, pero es que creo que resulta de lo más esclarecedora para lo que quiero preguntarme -y hacer que te preguntes tras leerme-: ¿se nos ha ido de las manos el tema? Que todo un pequeño cohete como el Ford Fiesta ST 2018 vaya a tener 200 CV de potencia no escandaliza a nadie a estas alturas. Que la consiga mediante la acción de un turbocompresor, tampoco. Pero que su corazón vaya a estar compuesto de sólo tres cilindros llama mucho la atención. Sobre todo cuando en el dossier oficial de la marca se afirma que, en situaciones de baja carga, el número total de pistones recibiendo chispazos por parte de las bujías se verá reducido a dos. A dos, señoras y señores. 

Aunque como cualquier enamorado de los coches siempre prefiero los motores más generosos y, a poder ser, atmosféricos, nunca he dejado que la filosofía yanqui del eslogan "there´s no replacement for displacement" me nublara la vista -salvo cuando realicé la prueba del Ford Mustang GT, claro-: optar por una mecánica más pequeña tiene muchas ventajas. Y eso es algo muy bueno... hasta que alguien decide ir un paso más allá. Para después dar otro, otro y otro más. Dicen que cuando un tonto coge una linde y la linde se acaba, llegan los escándalos por las emisiones. O algo así. 

 

 

¿Cuál es la gran ventaja de los motores tricilíndricos? Muy sencillo: al eliminar una cámara de combustión se resta peso al conjunto, lo que favorece la eficiencia. Además, al haber un menor número de piezas móviles involucradas en su funcionamiento -cilindro, biela, un cigüeñal más grande, válvulas, árbol de levas más largo...-, el trabajo a realizar por el bloque es menor para entregar en muchos casos una potencia y par semejantes a los de sus homólogos de cuatro cilindros. Y no sólo eso: al estar ayudados generalmente por un turbocompresor pueden dar lo mejor de sí en un margen del tacómetro inferior y más cómodo para la mayoría de usuarios, que además pueden beneficiarse de las ventajas derivadas de comprar un vehículo con un nivel de consumos y emisiones escandalosamente contenido. 

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Pero no todo es tan bonito a la hora de la verdad: al tratarse de mecánicas con sólo tres cámaras, el ruido y las vibraciones producidas por su funcionamiento son notablemente mayores, lo que obliga a los fabricantes a introducir o bien un árbol contrarrotante para compensarlas... o a insonorizar el vano motor como si fueran a ensayar dentro de él los miembros de Metallica. Además, al estar muy enfocados a un uso de baja carga tienen que pagar un alto peaje a la hora de mantener cruceros alegres en autopistas y autovías, un lugar en el que no se mueven con demasiada comodidad y menos aún si tienen que arrastrar modelos de segmentos más grandes que el de los utilitarios.

Y, por último, queda un punto realmente importante: la fiabilidad. Un motor apretado como si lo fueran a prohibir para ofrecer unas cifras brutales con poca cilindrada puede hacer mucha gracia. Hasta que sus componentes deciden agitar la bandera blanca antes de tiempo al estar sometidos a una carga de trabajo exagerada. Vale, sé que todavía es pronto para vaticinar algo así... pero es una regla de tres bien sencilla. 

¿Qué opinas sobre los motores tricilíndricos? Como siempre, esperamos conocer tus impresiones en nuestras redes sociales y te pedimos algo de paciencia: el ring de combate que estamos construyendo en el Parque de los Patos todavía no está terminado del todo. Las peleas a sillazos se llevarán a cabo en la misma explanada de siempre. 

 

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