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50 años de la muerte de Bruce McLaren. ¡Esta fue su historia!

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Por todo esto, Bruce McLaren fue un tipo realmente especial.

"Hacer algo bien es tan valioso que morir tratando de hacerlo mejor no puede ser algo insensato." No es la frase más famosa de Bruce McLaren, pero sí una de las más impresionantes. La pronunció mientras intentaba desesperadamente asimilar la pérdida de su compañero Timmy Mayer en aquella época donde la seguridad en las competiciones del motor brillaban por su ausencia.

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Bruce McLaren falleció el 2 de junio de 1970, hace justo hoy 50 años, con solo 32 años. Sus compañeros de equipo aseguran que estaba a punto de abandonar el mundo de las carreras para centrarse en su faceta empresarial. Su verdadera obsesión era la ingeniería, pese a que podía ser tremendamente rápido al volante.

Sin embargo, para McLaren, su pasión era mejorar la máquina a base de apretar tornillos y grasa, no le importaba mancharse las manos para conseguir perfeccionar el coche al máximo. Ese perfeccionismo nunca lo abandonó.

 

Bruce McLaren: un piloto único

El piloto neozelandés estuvo muchas veces al borde de la muerte en la competición, pero como ocurre a veces con los pilotos que más arriesgan, el accidente ocurrió en una tranquila mañana en Goodwood, mientras hacía lo que más le gustaba: perfeccionar un coche.

Se trataba del McLaren M8D Can-Am de su compañero de equipo Denny Hulme. La frase que dejó al mundo mientras se intentaba consolar tras la muerte de Timmy Mayer fue todo un consuelo para sus amigos y familiares. Toda una declaración de vida. Y de muerte.

 

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Nacido en Nueva Zelanda, Bruce Mclaren llegó al automovilismo de alto nivel a través de una manera bastante curiosa y pionera. Fue el ganador del primer premio 'Driver to Europe' que se organizó en su país natal. El objetivo era encontrar nuevos talentos y ponerlos en la escena mundial.

Ese premio le dio un asiento en el equipo Cooper, pero no fue un pase de oro para triunfar. En lugar de llegar y disfrutar de la experiencia, Bruce participó activamente en el desarrollo del coche y su hambre por conseguir más velocidad y mejores resultados, sorprendió en el paddock.

Y es que esa pasión por la ingeniería le vino de joven, mientras modificaba en el garaje de su casa un Austin Seven que ahora luce orgulloso en la entrada del Centro Tecnológico de McLaren. Durante su primera jornada de trabajo en Cooper, su nuevo coche se sentó frente a él en mil piezas, Bruce tuvo que montarlo antes de poder correr en él.

 

Amante de la presión

Desde un primer momento, Bruce McLaren demostró crecerse frente a la presión. Sus resultados más memorables llegaron mientras estaba entre la espada y la pared. Un buen ejemplo fue el GP de Alemania de 1958 en el mítico circuito de Nürburgring. Bruce tuvo problemas con su coche en la clasificación y tuvo que salir a la carrera en un Fórmula 2.

¿Problemas? Ninguno: no solo consiguió vencer en su clase, sino que además quedó por delante de auténticas leyendas a los mandos de coches superiores al suyo. Desde ese día, Bruce McLaren se hizo un nombre.

 

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No fue su último triunfo en situaciones así. ¿Un problema mecánico? ¿Injustas sanciones por parte de los jueces? En la adversidad se crecía y era como una patada en el culo para volar sobre la pista. Su gusto por las victorias frente a las adversidades le convirtió en un piloto tenaz y prácticamente inquebrantable.

Era un piloto con mucho talento y con ciertas victorias importantes, como por ejemplo su primer triunfo en un Gran Premio, en EEUU; en 1959, convirtiéndose en el piloto más joven en ganar una carrera de Fórmula 1 con apenas 22 años. 9 años más tarde, ganaría el Gran Premio de Bélgica, en Spa, con su propio coche.

Así es, la primera victoria de un McLaren en la Fórmula 1 fue con Bruce McLaren al volante. "Al ganar con mi propio coche no solo he ganado al resto de pilotos, también he vencido a sus coches." Dijo Bruce. Patty, su adorada esposa, estaba siempre a su disposición para celebrar sus victorias.

Bruce McLaren no era un tipo seductor estrafalario y ostentoso como otros muchos pilotos de su tiempo. Creía firmemente que una buena noche de sueño era la clave del éxito en el automovilismo, algo con lo que no estaban de acuerdo otros 'pilotos Playboys'. Una cena en casa de Bruce terminaba con decenas de dibujos técnicos sobre la mesa en lugar de botellas vacías.

La victoria más famosa de Bruce llegó en las 24 horas de Le Mans de 1966, donde él y su compatriota Chris Amon le dieron al Ford GT40 la primera de sus cuatro victorias. Esa victoria llegó con polémica, ya que Ford paró a otro coche para permitir su victoria. 

 

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Ahora bien, no hay duda que Bruce McLaren era el que más lo merecía. Jugó un papel fundamental en el desarrollo del GT40 -fue clave a la hora de conseguir la máxima estabilidad y facilidad de conducción por encima de los 300 km/h- y Ford lo sabía.

"Bruce podía percibir el problema, definirlo y tener media docena de soluciones para cuando volvía al garaje." Pero McLaren era más que eso, también era rapidez: en su tiempo fue tan rápido como Moss, Clarck o Stewart. Era un mecánico e ingeniero brillante, sin embargo, su nombre no está en el salón de la fama del automovilismo como actor protagonista.

Y eso que terminó fundado un equipo de carreras y un fabricante de superdeportivos. Pero la fama es así: me sorprendería que el comprador de un McLaren 720S pueda pronunciar su nombre tan rápido como pronuncia 'Enzo' el dueño de un Ferrari 488 GTB. 

 

La semilla de los McLaren de calle

Finalmente, Bruce McLaren no terminó de triunfar con sus coches en la Fórmula 1 y se centró en sus coches en la Can-Am americana, donde su éxito fue notable. A finales de los años 60, McLaren consiguió dos campeonatos y su fama en EEUU fue notable.

Esos coches de la Can-Am sirvieron como base para el primer coche de calle de Bruce McLaren, el M6 GT. Se trataba de un prototipo de competición adaptado para la calle, con problemas para la vida real, como una entrada al habitáculo realmente compleja o la ausencia de rueda de repuesto.

 

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Pero los que pudieron conducir el coche, les sorprendió gratamente cómo de un coche tan salvaje, Bruce había conseguido que fuera cómodo y relajado a la hora de viajar con él. Una referencia que todavía se mantiene en los espectaculares McLaren modernos.

El sueño de Bruce McLaren de crear sus propios coches fue la semilla de un éxito que le llegó de manera póstuma. Primero con un equipo de Fórmula 1 brillante y años más tarde con una marca de coches que lleva su nombre a todos los rincones del planeta.

Sin embargo, ese sueño también le costó la vida ese fatídico 2 de junio de 1970. Estaba afinando el alerón trasero del McLaren M8D para sortear las restricciones de la Can-Am. La parte trasera del coche se levantó a alta velocidad y Bruce perdió el control, chocando contra el puesto de un vigilante que fue arrasado por el impacto. Bruce McLaren murió en el acto.

"Con demasiada frecuencia alguien paga la pena por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado cuando un a situación o un conjunto de circunstancias es tal que ningún ser humano puede controlarlas." Estas palabras fueron escritas por Bruce en su columna de Autosport en 1968, expresando su pesar por la muerte de Jim Clark. De nuevo, una reflexión casi premonitoria de su propio destino.

Pero quizás su mejor frase fue esta: "siento que la vida se mide en logros, no solo en años." Con el paso del tiempo, el equipo McLaren logró todo lo que Bruce había soñado: títulos mundiales de Fórmula 1, éxito en la Indy 500 y alguno de los mejores deportivos de calle de la historia. Sin duda, su vida, pese a ser corta, fue todo un éxito. 

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