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Prueba McLaren 570GT: ¿el superdeportivo para usar todos los días?

Ese es su objetivo dentro de la gama: ¿es realmente un deportivo utilizable?

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Cuando recibes la llamada de una marca como McLaren es inevitable soltar una pequeña sonrisa. Sin duda, en pocos años, los chicos de Woking han levantado una completa gama de superdeportivos, desde un McLaren 540C hasta el brutal McLaren Senna, desde el salvaje McLaren 720S hasta el refinado McLaren 570GT. Hoy me enfrento por primera vez a uno de estos deportivos británicos y debo confesar que estoy nervioso: ¡arranca la prueba del McLaren 570GT!

Antes de hablar de sensaciones, deja que te comente un poco el objetivo de este coche. El McLaren 570GT de esta prueba se asienta en la familia Sport Series, formada por cuatro vehículos: el 540C, el más barato y menos potente, el 570S, el más deportivo, el McLaren 570 Spider, la versión descapotable, y el 570GT, una versión con un planteamiento más refinado, más lujoso y más utilizable, más de Gran Turismo de toda la vida. ¿Cómo han conseguido dar a un superdeportivo radical un carácter más de GT? Pues con esta serie de modificaciones.

 

 

Prueba McLaren 570GT: menos dramático, más confortable

La más importante es un relajamiento de la rigidez del conjunto: es un 15% menos rígido en el eje delantero y un 10% en el trasero. Sí, la suspensión adaptativa permite modificar el carácter del coche, pero ya de entrada, es un coche menos dramático donde se ha intentado dulcificar su respuesta. Por ejemplo: el sistema de escape es algo menos sonoro, el interior está mejor equipado y cuenta con un maletero en la parte trasera para aumentar su capacidad de carga: en total, 370 litros de capacidad de carga, 150 en el maletero delantero y 220 litros en el trasero. Es más pesado pero es más práctico. 

Personalmente, me parece genial que McLaren genere productos para todas las necesidades: sobre una base fantástica (monocasco de fibra de carbono y un motor V8 biturbo), la marca es capaz de crear una gama completa de deportivos con matices para que resulten aptos para todos los clientes potenciales: sí, McLaren ofrece coches tanto para el cliente de un Lamborghini como para el de un Aston Martin

 

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Frente a mi, la prueba del McLaren 570GT arranca con mariposas en el estómago. Su presencia intimida, mientras que su combinación de color me tiene embelesado. Pintado en el tono ‘Bourbon’, de la gama Elite, luce sensacional: es una especie de marrón con toques burdeos que resulta tremendamente elegante. Todo el interior está a juego, en tonos marrones y beige. Siempre he dicho que una combinación de color ayuda a dar una personalidad propia al coche y, sin duda, esta le dota de un carácter lujoso y muy GT. ¡Más apropiado imposible!

Sin duda, una de las particularidades de McLaren son las puertas. ¡Y la aerodinámica! De primeras cuesta encontrar dónde se abren: hay que buscar un interruptor en la parte inferior del nervio que se encuentra entre las dos tomas de aire de la parte trasera. Un ligero toque y la puerta echa a volar. ¡Es espectacular! Sin duda, estas puertas de apertura vertical no dejan indiferente a nadie: hay gente que se vuelve loco y a otros que nos les gusta nada. Son llamativas, eso seguro: a mi personalmente me gustan, le dan un aire diferente al conjunto y ya se han convertido en una seña de identidad de McLaren.

 

Prueba McLaren 570GT: el lujo by Woking

Su habitáculo está a la altura de cualquier producto de lujo. La calidad del cuero y de los materiales del salpicadero es muy alta: no, aquí no hay fibra de carbono, pero no se echa en falta. Quizás pueda haber dudas sobre el material a utilizar: en mi unidad de pruebas me encuentro uno que, pese a tratarse de algún tipo de metal o de material compuesto, tiene un aspecto algo plasticoso. No se puede criticar, porque esto es algo que también hace Ferrari, su principal rival, pero quizás cuidaría más su aspecto, que no su sensación de calidad al tacto.

 

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El interior del McLaren 570GT es minimalista. Los backets son sensacionales, cómodos y con un agarre total: en todo momento tienes la sensación de estar en un superdeportivo. La postura al volante es perfecta, el único pero aquí es unos mandos de regulación del asiento colocados en una posición imposible, en extremo inferior e interior del asiento: con el tiempo les vas pillando el truco, pero esto es algo que McLaren debería replantear en su sucesor. Al contrario, especialmente destacable, el acabado y la sensación de calidad de los mandos de la columna de dirección: son una auténtica obra de arte, ¡da gusto cada vez que pones los intermitentes! 

En el centro del salpicadero hay una pantalla TFT que tornará a negro si viajas con gafas de sol polarizadas. Para lo básico está bien, pero queda patente que en McLaren tienen otras prioridades, el sistema de infotainment no es una de ellas. Lo interesante viene en la parte inferior: allí encontramos el botón de arranque, el botón para activar el cambio secuencial de la transmisión de doble embrague, así como los diferentes modos de conducción.

En la prueba del Aston Martin DB11 V8 ya os conté que una de las cosas que más me gustó del coche era la posibilidad de modificar la respuesta del motor y la respuesta de otros elementos técnicos por separado. Aquí ocurre exactamente lo mismo: con el mando de la izquierda seleccionamos los tres modos de conducción que afectan al tren de rodaje, especialmente a la suspensión. Con el mando de la derecha, los diferentes modos del motor. Gracias a estos, puedes jugar para conseguir el comportamiento que necesitas en cada momento. ¡Bien!

 

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Es el momento de comenzar la prueba del McLaren 570GT: botón de arranque y el V8 cobra vida con un estruendo que te da años de vida. Pese al sistema de escape menos contundente, el sonido inicial sí ha sido trabajado para que no te olvides donde estás. Para comenzar a rodar, debo acudir a la parte más baja del salpicadero, donde me encuentro tres mandos: D (de drive), N (de neutral) y R (de reverse). Sí, el cambio automático se reduce a estos tres botones. Presiono la D y el coche echa a rodar.

 

Prueba McLaren 570GT: superdeportivo práctico

La practicidad es clave en un coche así y McLaren lo sabe: por eso, este modelo equipa el sistema de elevación del eje delantero, algo clave en un coche tan bajo y con un planteamiento de uso total. Es necesario. Gracias a este dispositivo, ya no tendrás miedo a la hora de superar badenes o de salidas de parking con demasiado desnivel. Lo activo nada más empezar para salir del parking de McLaren Barcelona, primer concesionario de la marca en España (aquí puedes leer la entrevista al CEO de McLaren Barcelona, Eduardo Costabal). La visibilidad es muy buena pero el coche es realmente bajo y te sientes en un auténtico superdeportivo: ¡esto no tiene nada que ver con Aston Martin o Bentley!

 

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Los pedales también son una maravilla, con un tacto metálico espectacular, mientras que el techo panorámico de cristal dota al interior de mucha luz natural y una gran sensación de desahogo. La suspensión es firme y me encanta el tacto de la dirección, duro pero plenamente utilizable callejeando en ciudad. Evidentemente, no es el coche más práctico en la urbe, especialmente porque prácticamente todo el mundo te va a mirar y muchos de ellos se pondrán nerviosos a la hora de sacar el móvil e inmortalizar tan particular encuentro. No les culpo, yo habría hecho exactamente lo mismo. 

Es un coche muy llamativo, pese a su exquisita combinación de color, pero quien se compra un superdeportivo sabe lo que está comprando y se siente cómodo en una situación así: no cuesta nada hacer feliz a la gente alegrándoles la vista. Decido salir de la ciudad, el sistema de elevación del eje delantero vuelve a la posición estándar bien de manera manual o bien de manera automática cuando se superan los 70 km/h. El rodar en autopista es fantástico: muy noble, nada duro, ¡hasta un niño podría conducirlo! No se siente exigente y puedes viajar con total confort y relajación: toca viajar en la marcha más larga para bajar consumos (rara vez bajará de los 10 litros a los cien) y subir el volumen del excepcional sistema de sonido Bowers & Wilkins, que es de serie en esta versión.

Ahora bien, si me conocéis, sabréis que esta situación no duró demasiado tiempo. Toca empezar a jugar con el coche, decido colocar el modo ‘Track’ tanto a nivel de chasis como a nivel mecánico. Es cierto que la suspensión se siente más firme y las pequeñas irregularidades del asfalto, que antes eran imperceptibles, ahora se empiezan a sentir. De un plumazo y en cuestión de centésimas de segundo pasas de tener un coche rodador y confortable a un coche duro y radical. ¡Me gusta! El cuadro de mandos, completamente digital, cambia su aspecto y para terminar de redondear la fiesta, decido activar el modo manual del cambio automático, para poder ejecutar las órdenes mediante las levas tras el volante.

Séptima, sexta, quinta, cuarta, tercera. Hombros y cabeza sobre el respaldo, ¡y gas a fondo! La entrada en acción del V8 es puro espectáculo: arranca con contundencia, desde el primer segundo, pero se guarda mucho bajo la manga. Es un motor sobrealimentado, pero busca reproducir las sensaciones de un atmosférico: olvídate de un motor lleno de par a 1.500 vueltas, en Woking eso no se lleva. Empiezo a subir de vueltas y es a partir de 4.500 revoluciones cuando la tormenta se desata. Los 600 Nm de par entran en acción entre las 5.000 y las 6.500 vueltas, mientras que los 570 CV alcanzan la cúspide…¡a 7.500 vueltas! 

 

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El motor da la sensación de montaña rusa, de bestia desbocada. Cuando la sobrealimentación entra en acción, agarra bien el volante porque vas a volar. Es brutal su poder de aceleración y de recuperación, el sonido, las sensaciones, todo convierte a este McLaren en algo especial. Su cero a cien, en 3,4 segundos, puede saber a poco, pero creéme, no es su mejor terreno de juego. Por poner en contexto: un 911 Turbo es más rápido en aceleración, pero es que su motor entrega los 710 Nm de par desde las 2.250 vueltas. El McLaren tiene un sabor más añejo a la hora de entregar la potencia, pero el estómago echa a volar cuando pasas de 5.000 vueltas. No diré que es lo mismo que lo que experimenté en la prueba del Ferrari F40, pero sí me gusta esa mecánica que siempre va ‘in crescendo’ al ritmo de las revoluciones.

 

Prueba McLaren 570GT: imposible esconder su linaje

¡Pero el motor es solo uno de los invitados a esta fiesta tan particular, entretenida y emocionante! La dirección me gustó desde que lo saqué del taller y, cuando exiges lo mejor de ella en una conducción más radical, sobresale con nota. Es dura, firme y rige al eje delantero con una precisión espectacular. ¡Me encanta! Los frenos también tienen un sabor añejo, a algo especial: los tremendos discos cerámicos tiene un tacto peculiar, ya que de primeras parece que no frenen demasiado, pero deben coger temperatura y, cuando consigues tenerlos a punto y te haces con la presión necesaria al pedal, resultan brillantes. ¡Los necesitarás! Ya que las rectas desaparecen ante tus narices con una velocidad que asusta.

La prueba del McLaren 570GT es de esos momentos en la vida que no quieres que terminen. En una zona de curvas puede llegar a ser demasiado rápido, a veces tienes que tomar consciencia de lo que estás haciendo y relajar tu espíritu. Puede llegar a ser tan rápido que abruma. Su rigidez, su precisión, la conexión hombre-máquina que consigue y un motor explosivo (es la mejor palabra para definirlo) a partir de las 5.000 vueltas lo convierten en algo tremendamente emocionante sin ser demasiado exigente: ¡solo tienes que estar pendiente en ir mirando la velocidad para no entrar pasadísimo a una curva y terminar en la copa de un árbol!

 

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¡Y eso que hablamos de la versión más lujosa, relajada y refinada! Es cierto y eso le da un aspecto muy interesante: decido colocar todo en el modo Sport, el intermedio, para terminar el puerto de montaña de una manera más tranquila, dejando enfriar al conjunto: sí, también mis pulsaciones. Toca dar de beber a la bestia y para ello toca entrar en un pueblo, repleto de badenes: toca subir de nuevo el eje delantero, suspensión en el modo más confortable y callejeo como si estuviese en cualquier compacto generalista. ¡Pero mucho más llamativo y especial!

Termino la prueba del McLaren 570GT, mi primera experiencia con un McLaren, y la verdad es que las sensaciones no pueden ser mejores. Creo que han creado una gama realmente interesante, basada siempre en ser fieles al monocasco de carbono que le dota de una gran rigidez y precisión, además de un plus de seguridad en caso de impacto, y en un motor V8 biturbo que es una auténtica salvajada, un motor moderno que se siente como uno de antaño: explosivo y emocionante a partes iguales. 

Esta versión GT pone un punto de sensatez para un uso habitual, ofreciendo la cara más lujosa de McLaren. Muchos dirán que un coche ‘Made in Woking’ no necesita ser lujoso, pero el mercado manda: Ferrari cada vez está dulcificando más el comportamiento de sus coches, Porsche también, y lo que está claro es que la tecnología actual permite tener dos coches en uno. Si se puede hacer, no hacerlo sería muy poco inteligente. ¡Buen trabajo, McLaren! Ahora solamente me queda reunir los 230.000 euros que cuesta esta pieza maestra de la ingeniería británica. 


 

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