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Viejas glorias: Lamborghini Diablo

Hubo toda una generación (la mía, de hecho) que aprendió a conocer y amar algunos coches a través de un medio de comunicación insospechado en estos años 2020: el póster. Con internet en mantillas, el 'Instagram' de los niños de principios de los 90 eran estos cartelones de pared, que entonces se dividían básicamente en tres categorías principales: deportes (Romario, Induráin...), cine (Jurassic Park, El rey león...) y, desde luego, deportivos. Allí estaban el Ferrari Testarossa y el F40, el Porsche 911... Pero el líder indiscutible era otro; era nuestro protagonista de hoy entre las viejas glorias: Lamborghini Diablo. Un automóvil con un diseño tan desmesurado y futurista que parecía un juguete o algo salido de una peli de ciencia-ficción.

De hecho, no tenía aspecto de ser ni siquiera de la misma especie que el Renault 11 o el Opel Kadett de tu padre. Y, sin embargo, la génesis del Diablo estuvo lejos de ser un camino de rosas. Y es que la historia de la marca italiana en aquella época era bastante convulsa. El proyecto nació en 1985, cuando estaba controlada por los empresarios suizos Jean-Claude y Patrick Mimran, después de atravesar una quiebra técnica. Como era ya habitual (había pasado desde dos décadas antes, con el Miura y más tarde con el Countach), el diseño se confió al mítico Marcello Gandini. Pero entonces, en 1987, Chrysler compró la empresa a los Mimran, incapaces ya de soportar la inversión que implicaba el desarrollo de un coche de estas características.

Y digamos que a los nuevos dueños no les gustaron demasiado las líneas rotundas y arriesgadas de Gandini. En un intento quizá de convertir a Lamborghini en algo más mainstream, se llevaron el prototipo a su centro de diseño de Detroit. Y allí se dedicaron a 'dulcificar' las aristas. Algo con lo que el diseñador tuvo que 'tragar', pero que en realidad no le hizo demasiada gracia. Tanto es así que en 1991 salió al mercado otro superdeportivo llamado Cizeta V16T, que se suponía que reflejaba su verdadera visión. Y, por fin, en enero de 1990, coincidiendo con el cambio de década, esta hoy vieja gloria, Lamborghini Diablo, vio la luz.

Viejas glorias: esta es la historia del Lamborghini Countach

En ese momento, era el coche de producción más rápido del mundo: 325 km/h de velocidad punta. El motor seguía siendo el mismo V12 marca de la casa que en el Countach. Pero, mientras que en aquel desarrollaba 375 CV (o, en algunas versiones, 455 CV), su potencia ahora se había llevado hasta los 492 CV, y el par motor era de 580 Nm.

Con todos estos números superlativos para el contexto histórico, sumados a la carrocería futurística y los colores con los que aparecía en las fotos (amarillo chillón, rojo piruleta, morado golosina), no era de extrañar que encandilara a los niños... y al niño interior de más de un adulto. Entonces, que no había YouTube ni infinitas 'drag races' al alcance de los dedos, la conversación más repetida en el patio de los colegios de media España versaba sobre cuál ganaría en una carrera: ¿el Diablo o el F40? Como quien se pregunta si en una pelea ganaría Superman o Batman, vamos.

En el interior era más o menos lujoso, alejándose ya algo de la incomodidad pluscuamperfecta que caracterizaba al Countach. Buenos acabados, aire acondicionado, elevalunas eléctricos, asientos eléctricos... Pero quien tuvo retuvo, y la adaptación no fue inmediata. Por ejemplo, hasta 1993 no contó con dirección asistida. En ese año, se lanzó el Diablo VT, que fue el primero de la firma en disponer de tracción total (en efecto, eso sucedió antes de la entrada de Audi). También apareció una versión especial denominada SE30, que conmemoraba las tres décadas de historia de Lamborghini, que subía el 'caballaje' hasta los 530.

Viejas glorias: Lamborghini Diablo interior

Más tarde, en 1995, mientras la marca pertenecía a unos inversores indonesios (...sí), sería el turno de los Diablo SV y Diablo VT Roadster, su primer descapotable de 12 cilindros. Pero fue en 1999 cuando se abrió un capítulo totalmente nuevo: la adquisición por parte del grupo Volkswagen. Entonces, por fin Automobili Lamborghini tuvo un diseñador propio, Luc Donckerwolke, y presentó el 'restyling' del Diablo SV, con 535 CV. En el exterior perdió los faros escamoteables, que ya llegando al año 2000 estaban fuera de lugar, y las calidades del interior cambiaron como de la noche al día. Además, la mano de Audi se notó en otras cosas: por primera vez (y diríamos que ya era hora), contaba con frenos ABS.

Pero enseguida los alemanes empezaron a buscarle a este loco, loco, loco coche italiano un sustituto. En 1996 y 1997, Marcello Gandini había ensayado dos prototipos para los indonesios: el Acosta y el Kantor. Pero, una vez más, su visión chocó con 'los bárbaros'. A Ferdinand Piëch le parecieron poco agresivos para ser un 'Lambo'. Y aquí, dada la talla de los dos contendientes, es difícil tomar partido por uno u otro. El caso es que lo hecho hasta el momento se tiró a la basura y el proyecto se le encomendó desde cero a Donckerwolke... y así nació el Murcielago. Pero esa es otra historia, de otra futura vieja gloria. Que ya no conocimos por póster. ¿Afortunadamente?

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